El pequeño misionero de la abuela Deny


“Cuando un hombre habla por el poder del Santo Espíritu, el poder del Espíritu Santo lo lleva al corazón de los hijos de los hombres” (2 Nefi 33:1).

Vítor vivía con su madre y su hermana en casa de su abuela Deny; la abuela se enfermó y no pudo salir de la cama durante muchas semanas. Se sentía muy sola sin nadie en la habitación.

Vítor decidió que podía hacerle compañía. Todos los días, cuando regresaba de la escuela, llevaba un ejemplar de la revista Liahona a la habitación de la abuela y le leía historias de las páginas para los niños.

Después de leer todos los ejemplares de la revista Liahona que tenía su familia, comenzó a leerle el Libro de Mormón y la Biblia. La abuela Deny no era miembro de la Iglesia, pero le encantaba que Vítor le leyera, y estaba contenta de aprender en cuanto al Evangelio.

La abuela hacía muchas preguntas; si Vítor no sabía la respuesta, le preguntaba a su maestra de la Primaria o buscaba en las Escrituras. La abuela llamaba a Vítor su pequeño misionero.

La abuela Deny le dijo a Vítor que había aprendido mucho de él y le prometió que asistiría a la Iglesia con él cuando se mejorara. Lo que había aprendido la hizo querer sentirse mejor y estudiar más en cuanto al Evangelio.

Cuando la abuela se mejoró, cumplió su promesa; fue a la Iglesia con Vítor para aprender más en cuanto a lo que él le había enseñado. Poco tiempo después, la abuela fue bautizada y confirmada. Vítor la había ayudado a saber que el Evangelio es verdadero.

Cuando Vítor creció, llegó a ser un misionero de tiempo completo en la Misión Boston Massachusetts. Antes de irse, fue al templo con la abuela Deny.