Cómo ayudar a los niños a prepararse para el bautismo


La niñez es una época de primeros momentos felices. La primera vez de andar en bicicleta, asistir a la escuela o probar una comida nueva son algunas de las aventuras emocionantes que dan forma a la vida de un niño. Como adultos, tenemos la oportunidad de ayudar a los niños en ese camino de descubrimientos. Como adultos en la Iglesia, también tenemos la oportunidad de ayudarlos a crecer en el Evangelio (véase D. y C. 68:25). ¿Qué podemos hacer para asegurar que el bautismo de un niño —el primer convenio que una persona hace con nuestro amoroso Padre Celestial— sea un acontecimiento hermoso e importante?

El presidente Boyd K. Packer enseñó: “El propósito básico de la Iglesia es enseñar a los jóvenes: primero en el hogar, luego en la Iglesia”1.

En los siguientes ejemplos, algunos padres comparten la forma en que han preparado a sus hijos para las sagradas ordenanzas y convenios del bautismo y de la confirmación.

Empezamos a temprana edad

“Cuando cada hijo cumple siete años es un momento para celebrar”, dice Lori, una madre de cuatro hijos. Ella y su esposo enseñan a sus hijos acerca del bautismo desde el día en que nacen. Sin embargo, cuando cada niño cumple siete años, su familia comienza una preparación más específica. Cada mes, durante la noche de hogar, tienen una lección sobre diferentes temas relacionados con el bautismo, tales como los convenios y el ejemplo de Jesús.

Lori dice que las lecciones del mes en que los niños cumplen los ocho años son especialmente emotivas. Ella les muestra la ropa que usaron cuando recibieron su nombre y una bendición, y les habla acerca del día en que se efectuó esa ordenanza.

“Es el tiempo perfecto para centrarse en las bendiciones de los convenios del templo”, señala Lori. “Al enseñar, siempre hacemos hincapié en que la decisión de bautizarse es el primer paso para prepararse para las bendiciones del templo”.

Lo hacemos un asunto de familia

Mónica, que es mamá de cuatro hijos, recomienda hacer que los hijos mayores ayuden a preparar a sus hermanos menores siempre que sea posible. Ella dice: “Escuchar al hermano o a la hermana adolescente testificar y compartir su experiencia, realmente añade poder”. Lori agrega que a veces les piden a los hijos que se están preparando para el bautismo que enseñen a sus hermanos menores lo que han aprendido.

Lo usamos como una herramienta misional

Cuando la hija de Daniel cumplió ocho años, él sabía que ella quería compartir el día de su bautismo con amigos que no eran miembros de la Iglesia; de modo que la familia extendió invitaciones para el bautismo de Allison a los amigos de la escuela y del vecindario. Se pidió a esos amigos que llevaran versículos favoritos de la Biblia. Después del bautismo, Allison subrayó los versículos en su nuevo juego de Escrituras y escribió los nombres de sus amigos en los márgenes.

“Por supuesto, ya que somos su familia, participamos activamente ese día; pero después también le permitimos que pasara un tiempo con sus amigos y les hablara de lo que había sentido”, dijo Daniel. “Fue un momento emotivo ver a nuestra hija servir de ejemplo”.

Practicamos la entrevista con el obispo

Kimberly, que es la madre de niños que se acercan a la edad del bautismo, recuerda cuando entró en la oficina del obispo para su entrevista bautismal a los ocho años. “¡Estaba muy nerviosa!”, dice Kimberly.

Ahora ella procura que sus hijos no tengan sentimientos de pánico. Ella y su esposo hablan con ellos acerca de las entrevistas con el obispo y les hacen preguntas sobre el bautismo en un entorno semejante al de una entrevista. Esos diálogos hacen algo más que familiarizar a los niños con el proceso de la entrevista: también los animan a pensar seriamente en lo que significa para ellos el convenio del bautismo.

Tenemos una oportunidad maravillosa

Estos padres son los primeros en señalar que no han hecho nada extremo para preparar a sus hijos para el bautismo y la confirmación, pero muchos de ellos usaron palabras como “detalladas” y “constantes” para describir las lecciones que han enseñado a lo largo de los años. “Nos aseguramos de que nuestros hijos entendieran que ése era un paso importante de su vida, y que era algo muy especial”, dice Kimberly. “Siempre nos aseguramos de que nosotros fuéramos quienes los preparaban, y no sólo tener la esperanza de que sus maestros de la Primaria les enseñaran”.

¡Qué oportunidad maravillosa se nos ha dado de ayudar a preparar a los hijos que amamos para el bautismo y la confirmación! Al hacerlo con espíritu de oración, el Señor estará con nosotros a fin de hacer de esa primera experiencia en la que se hacen convenios, un cimiento firme para el futuro crecimiento espiritual.

En las dos páginas siguientes se da respuesta a algunas preguntas que los niños tienen sobre el bautismo y la confirmación.

Niños

Entender el bautismo

¿Quién me bautizará?

Quienquiera sea la persona que te bautice, tiene que poseer el sacerdocio: el poder para actuar en nombre de Dios. Cuando Jesús quiso que lo bautizaran, fue a Juan el Bautista, quien tenía el sacerdocio (véase Mateo 3:13).

La persona que te bautice obtendrá la autorización de tu obispo o presidente de rama.

¿Deben sumergirme en el agua para bautizarme?

Jesús fue bautizado por inmersión, lo cual significa que Él estuvo completamente bajo el agua y de inmediato salió de ella (véase Mateo 3:16). Así es como te bautizarán a ti. El ser bautizado de esa manera nos recuerda que dejamos atrás nuestra vida anterior y comenzamos una nueva vida dedicada a servir a Dios y a Sus hijos.

¿Qué promesas hago cuando me bautizan?

Al ser bautizado haces un convenio (o promesa entre dos partes) con el Padre Celestial; tú le prometes a Él que harás ciertas cosas y Él te promete que te bendecirá. Este convenio se menciona en las oraciones sacramentales que se dicen cada domingo (véase D. y C. 20:77–79). Tú prometes:

  • Recordar a Jesucristo.

  • Guardar Sus mandamientos.

  • Tomar sobre ti el nombre de Cristo; eso significa poner Su obra en primer lugar en tu vida y hacer lo que Él quiere que hagas en lugar de hacer lo que el mundo quiere que hagas.

Cuando cumples esa promesa, el Padre Celestial promete que el Espíritu Santo estará contigo y que tus pecados serán perdonados.

¿Qué es el Espíritu Santo?

El don del Espíritu Santo es uno de los dones más preciados del Padre Celestial. Tu bautismo por agua no es completo hasta que hombres que posean el Sacerdocio de Melquisedec te den una bendición para recibir el Espíritu Santo (véase  Juan 3:5).

El Espíritu Santo es un miembro de la Trinidad; testifica del Padre Celestial y de Jesucristo, y nos ayuda a saber la verdad; nos ayuda a ser fuertes espiritualmente; nos advierte de peligros y nos ayuda a aprender. El Espíritu Santo puede ayudarnos a sentir el amor de Dios.

Cuando se te confirme miembro de la Iglesia, el Espíritu Santo podrá estar contigo siempre si escoges hacer lo correcto.

¿Por qué debo tener por lo menos ocho años para que me bauticen?

El Señor enseña que no se debe bautizar a los niños hasta que tengan la edad suficiente para entender la diferencia entre lo bueno y lo malo, lo cual las Escrituras señalan que es a los ocho años (véase Moroni 8:11–12; D. y C. 29:46–47; 68:27).

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    Nota

  1.   1.

    Boyd K. Packer, “Enseñen a los niños”, Liahona, mayo de 2000, pág.16.