La paz en el hogar


Richard G. Scott
Una de las más grandes bendiciones que podemos ofrecer al mundo es el poder de un hogar centrado en Cristo, donde se enseña el Evangelio, se guardan los convenios y abunda el amor.

Muchas voces del mundo en el que vivimos nos dicen que debemos vivir en forma apresurada. Hay siempre más para hacer y más que lograr; sin embargo, muy dentro de nosotros necesitamos un lugar de refugio donde reine la paz y la tranquilidad, un lugar donde podamos descansar y recobrar las fuerzas con el fin de prepararnos para las presiones de la vida.

El lugar ideal para tener paz es dentro de las paredes de nuestro hogar, donde hemos hecho todo lo posible para que el Señor Jesucristo sea su eje principal.

Algunos hogares tienen un padre digno poseedor del sacerdocio y también una fiel y devota madre, en el que ambos dirigen con rectitud. Muchos hogares están constituidos en forma diferente; sin embargo, a pesar de las circunstancias, puedes centrar tu hogar y tu vida en el Señor Jesucristo, ya que Él es la fuente de la verdadera paz en esta vida.

Asegúrate de que toda decisión que tomes, ya sea temporal o espiritual, esté basada en lo que el Salvador desea que hagas. Cuando Él es el centro de nuestro hogar, hay paz y tranquilidad; y llena la casa un espíritu de seguridad que todos los que viven allí sienten.

El cumplimiento de ese consejo no descansa sólo en los padres, aun cuando es suya la función de guiar. Los hijos también son responsables de hacer un mayor esfuerzo para que Cristo sea el centro del hogar. Es importante que los padres les enseñen a darse cuenta de cómo sus acciones repercuten en todas las demás personas que viven allí. Los niños a quienes se les hace responsables por sus actos, ya sean rectos o no, llegan a ser ciudadanos responsables en el reino de Dios.

Estoy seguro de que puedes reconocer los principios fundamentales que hacen que tu hogar se encuentre centrado en el Salvador. El consejo profético de orar y de estudiar las Escrituras diariamente, tanto de modo personal como en familia, y de tener la noche de hogar semanalmente, son los elementos principales que sostienen la estructura de un hogar centrado en Cristo. Sin realizar todo ello, será muy difícil encontrar la paz tan deseada y necesitada, y un refugio del mundo.

Sé obediente a las enseñanzas proféticas que Cristo desea que sigas. No pongas en peligro tu felicidad futura racionalizando el tomar atajos en lugar de aplicar los principios confiables del Evangelio. Recuerda que de las cosas pequeñas proceden las grandes. Las aparentes pequeñas imprudencias o negligencias pueden conducir a grandes problemas. Pero más importante aún es que los hábitos sencillos, constantes y buenos llevan a una vida plena de abundantes bendiciones.

Ustedes, niños de la Primaria, hombres y mujeres jóvenes en los programas para la juventud, y ustedes fieles misioneros que están en el servicio, realizan más cosas con más eficacia de lo que yo pude hacer cuando tenía la edad de ustedes. En la vida preterrenal probaste que eras valiente, obediente y puro. Allí, trabajaste mucho para cultivar talentos y habilidades con el fin de prepararte para afrontar la vida terrenal con valentía, dignidad, honor y éxito.

No hace mucho tiempo que llegaste a esta vida con todas esas habilidades magníficas y con un sinfín de posibilidades; pero existe un peligro verdadero en el ambiente que te rodea: tu gran potencial y tu capacidad podrían limitarse o destruirse si sucumbes a la contaminación diabólicamente inspirada. No obstante, Satanás no puede derrotar al Salvador. El destino de Satanás está decidido. Él sabe que ha perdido la batalla, pero aún así desea llevarse con él a todos los que pueda. Tratará de arruinar tu bondad y capacidad por medio de tus debilidades. Permanece del lado del Señor y triunfarás siempre.

Vives en un mundo en el que la tecnología avanza a pasos sorprendentes. Es muy difícil para muchos de mi generación mantenernos al día con esas posibilidades. Pero, según cómo se utilicen esos avances, podrían ser una bendición o un escollo. La tecnología, cuando se comprende y se utiliza con un propósito recto, no necesariamente tiene que ser un peligro sino que puede mejorar la comunicación espiritual.

Por ejemplo, muchos de nosotros tenemos un aparato electrónico personal que cabe en nuestro bolsillo, que casi nunca dejamos y que utilizamos muchas veces al día. Lamentablemente, esos aparatos pueden ser una pérdida de tiempo y una fuente de inmundicia. Sin embargo, si se utiliza con disciplina, esa tecnología puede ser un instrumento de protección contra lo peor de la sociedad.

¿Quién podía imaginarse hace apenas unos años que los libros canónicos y años de mensajes de las conferencias generales podrían caber en el bolsillo? El sólo tenerlos en tu bolsillo no te protege, pero estudiarlos, meditarlos y escucharlos durante los momentos tranquilos del día, mejorará la comunicación con el Espíritu.

Sé prudente al usar la tecnología. Marca los pasajes importantes en tu aparato y consúltalos con frecuencia. Si ustedes, jóvenes, repasaran un versículo con tanta frecuencia como algunos mandan mensajes de texto, pronto sabrían de memoria cientos de pasajes de las Escrituras, los que se convertirían en una poderosa fuente de inspiración y de guía del Espíritu Santo en momentos difíciles.

Hacer todo lo posible para invitar la influencia apacible y guiadora del Espíritu Santo en nuestra vida es primordial en nuestros esfuerzos por centrar nuestro hogar en el Salvador. El obedecer esa inspiración nos fortalecerá aún más.

Al combinar esos esfuerzos de obediencia con el prestar servicio a quienes te rodean, obtendrás mayor paz. Muchas personas que tienen lo que ellos piensan que son escasos talentos los utilizan humilde y generosamente para bendecir a quienes las rodean. El egoísmo es la raíz de una gran maldad y su antídoto se encuentra en el ejemplo de la vida del Salvador. Él nos demostró cómo centrar nuestra vida en el servicio desinteresado hacia los demás.

He aprendido una verdad que se ha repetido con tanta frecuencia en mi vida, que he llegado a saber que es una ley absoluta, la cual define la forma en que la obediencia y el servicio se relacionan con el poder de Dios. Cuando uno obedece los mandamientos del Señor y presta servicio a Sus hijos desinteresadamente, la consecuencia natural es el poder de Dios, el poder para hacer más de lo que podemos por nosotros mismos. Nuestras perspectivas, nuestros talentos y nuestras habilidades se amplían porque recibimos la fortaleza y el poder del Señor. Su poder es un elemento fundamental para establecer un hogar lleno de paz.

Al centrar tu hogar en el Salvador, se convertirá naturalmente en un refugio, no sólo para tu familia, sino también para aquellos amigos que vivan circunstancias difíciles, quienes se sentirán atraídos por la tranquilidad que reina allí. Acoge a esos amigos en tu casa. Ellos mejorarán mucho en ese ambiente centrado en Cristo. Hazte amigo de los amigos de tus hijos y sé para ellos un buen ejemplo.

Una de las más grandes bendiciones que podemos ofrecer al mundo es el poder de un hogar centrado en Cristo, donde se enseña el Evangelio, se guardan los convenios y abunda el amor.

Hace años, después de una gira misional, Jeanene, mi esposa, me habló de un élder que había conocido. Cuando ella le preguntó sobre su familia, se sorprendió mucho cuando éste le respondió que no tenía familia. Después le explicó que al nacer, su madre lo había dado al gobierno para que lo criara. Él pasó toda su niñez de un hogar adoptivo a otro, pero fue bendecido durante su adolescencia al conocer el Evangelio. Su amorosa familia de barrio lo había ayudado para que tuviera la oportunidad de prestar servicio misional.

Luego, Jeanene le preguntó a la esposa del presidente de misión acerca de ese buen élder, y supo que unos meses antes él se había quedado en la casa de la misión por algunos días porque había estado enfermo. Durante ese tiempo, había participado con ellos durante la noche de hogar. Antes de regresar al campo misional, le preguntó al presidente de misión si, al final de su misión, podía pasar nuevamente dos o tres días en la casa de la misión. Él quería observar cómo actuaba una familia centrada en Cristo. Quería ver si podía formar su familia a semejanza de la de ellos.

Haz todo lo posible por tener un hogar así. Acércate a quienes viven en circunstancias adversas. Sé un buen amigo. Esa clase de amistad perdurable es como el asfalto que llena los baches de nuestra vida y hace que el camino sea más fácil y placentero. No debe ser un recurso para obtener ventajas personales sino un tesoro que se aprecia y se comparte. Recibe en tu casa a quienes necesiten ser fortalecidos mediante el entorno que reina allí.

Para concluir, quisiera hablar a quienes tienen un familiar que no está tomando buenas decisiones. Ello puede poner a prueba nuestra paciencia y perseverancia. Tenemos que confiar en el Señor y en que, cuando Él lo considere apropiado, recibiremos una respuesta positiva a nuestras oraciones y a nuestro esfuerzo por rescatar. Hacemos todo lo que podemos para servir, bendecir y reconocer humildemente la voluntad de Dios en todas las cosas. Ejercemos fe y recordamos que hay cosas que debemos dejar en manos del Señor. Él nos invita a depositar las cargas a Sus pies. Con fe, podemos saber que ese extraviado ser querido no está abandonado, sino que se encuentra al cuidado de un amoroso Salvador.

Reconozcamos lo bueno en los demás y no sus imperfecciones. Hay momentos en que es necesario prestar la debida atención para limpiar una mancha, pero debemos siempre concentrarnos en sus virtudes.

Cuando sientas que tienes apenas un hilo delgado de esperanza, en realidad no es un hilo sino un poderoso vínculo, como un poderoso instrumento de salvación que te fortalece y te eleva. Te proporcionará consuelo para que puedas dejar a un lado el temor. Esfuérzate por vivir dignamente y pon tu confianza en el Señor.

No debemos preocuparnos si no podemos hacer todo lo que el Señor nos ha aconsejado al mismo tiempo. Él también ha hablado de un tiempo y una época para todas las cosas. En respuesta a nuestras oraciones sinceras pidiendo guía, Él nos dirigirá para saber en qué debemos hacer hincapié durante cada etapa de nuestra vida. Podemos aprender, progresar y llegar a ser como Él, paso a paso, en forma constante.

Doy mi testimonio de que el vivir con obediencia, afirmados con fuerza en el evangelio de Jesucristo, nos proporcionará la mayor certeza de tener paz y refugio en nuestro hogar. Igualmente tendremos muchos desafíos y congojas, pero aun en medio de las dificultades, podremos disfrutar de paz interior y de verdadera felicidad. Testifico que la expiación de Jesucristo es la fuente de abundante paz; en el nombre de Jesucristo. Amén.