Es un milagro


Neil L. Andersen
Si ustedes no son misioneros de tiempo completo y no llevan una placa misional en la chaqueta, ahora es el momento de plasmar una en su corazón; como lo dijo Pablo: “…no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo”.

La vida terrenal de Jesucristo estuvo colmada de milagros: una madre virgen, una estrella nueva, ángeles que se aparecieron a los pastores, ciegos que veían, cojos que caminaban, ángeles en Getsemaní y en el sepulcro, y el mayor milagro de todos: Su gloriosa resurrección.

¿Pueden imaginarse la escena de los once Apóstoles en la montaña cerca de Galilea, cuando el Señor resucitado fue a ellos y les dijo: “Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”?1. “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura”2.

¿“Todas las naciones”? ¿“Todo el mundo”? ¿“Toda criatura”? ¿Eso era posible? Aunque Jesús se los aseguró, ellos se deben haber preguntado si realmente los seguirían los milagros al predicar el Evangelio3.

La fe superó la duda, y Pedro alzó la voz y dijo:

“…todos los que habitáis en Jerusalén…, oíd mis palabras.

“Jesús de Nazaret, … [a quien] prendisteis y matasteis por manos de los inicuos, crucificándole.

“A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos”4.

Hubo una gran manifestación espiritual aquel día y se bautizaron 3.000 almas. Tal como Jesús lo había prometido, las señales y los milagros estaban siguiendo la fe de los creyentes.

Cuando la Iglesia de Jesucristo fue restaurada en la tierra hace 183 años, el mandato del Señor a Su pequeño grupo de discípulos hacía eco de las palabras que habló siglos antes: “…la voz de amonestación irá a todo pueblo”5. “Porque en verdad, el pregón tiene que salir… a todo el mundo y a los lejanos extremos de la tierra”6.

¿“Todo pueblo”? ¿“Todo el mundo”? ¿“Los lejanos extremos de la tierra”? ¿Era posible?

El Salvador volvió a asegurar eso a Sus Santos de los Últimos Días7, sin embargo, ¿podían ellos prever el alcance y el destino de esta obra maravillosa? Ellos se deben haber preguntado si en verdad los seguirían los milagros al predicar el Evangelio.

Una vez más, la fe superó la duda, y miles de personas fueron bautizadas. En Inglaterra, el élder Wilford Woodruff encontró una comunidad entera que esperaba su llegada. El Espíritu del Señor reposó sobre ellos y él bautizó a 45 predicadores y a centenares de miembros durante su primer mes en la granja de Benbow8.

En nuestra época pasa lo mismo. Cuando el élder David A. Bednar y yo éramos misioneros, hace aproximadamente 40 años (y les aseguro que no somos los ex misioneros más viejos que están sentados en el estrado); había 16.000 misioneros. Como informó ayer el presidente Thomas S. Monson, ahora tenemos 65.000, más que nunca. En ese entonces había 562 estacas, y ahora hay más de 3.000. En aquella época, teníamos barrios y ramas en 59 países. Hoy en día, contamos con congregaciones en 189 de las 224 naciones y territorios del mundo. Somos pocos en número, como lo predijo Nefi9, pero al mismo tiempo, ustedes y yo somos testigos de las palabras proféticas de Daniel: la “piedra… cortada… no con mano… [está llenando] toda la tierra”10.

Nuestra era es una extraordinaria época de milagros. Hace seis meses, cuando el presidente Monson anunció el cambio en la edad para los hombres y las mujeres jóvenes que desean servir en una misión, se produjo una gran manifestación espiritual. La fe superó la duda, y los hombres y las mujeres jóvenes avanzaron. El jueves después de la conferencia, se me asignó hacer las recomendaciones de los llamamientos misionales a la Primera Presidencia; me sorprendió ver las solicitudes de varones de 18 años y de mujeres de 19 años que ya habían ajustado sus planes, acudido al médico, pasado la entrevista con su obispo y presidente de estaca y enviado sus papeles para la misión; todo eso en apenas cinco días. Miles más ya se han unido a ellos; es un milagro.

Estamos agradecidos por la revitalizante fe de nuestras hermanas, por el número creciente de misioneros de países de todo el mundo y el número creciente de matrimonios preparados para servir. Se han anunciado cincuenta y ocho nuevas misiones, y nuestro abarrotado Centro de Capacitación Misional de Provo asombrosamente ha encontrado un nuevo compañero en la Ciudad de México.

El presidente Thomas S. Monson ha dicho: “Tomamos muy en serio el mandato del Salvador… ‘…id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo’”11. “Esta gran obra… seguirá adelante, cambiando y bendiciendo vidas… Ninguna… fuerza en el mundo entero puede detener la obra de Dios”12.

Estamos presenciando los milagros del Señor a medida que Su evangelio se extiende por todo el mundo.

Hermanos y hermanas, tan ciertamente como el Señor ha inspirado a más misioneros a prestar servicio, también está despertando la mente y abriendo el corazón de más personas buenas y honradas para que reciban a Sus misioneros. Ustedes ya conocen a esas personas o las conocerán. Son sus familiares y viven en su vecindario, se las encuentran en la calle, se sientan junto a ustedes en clase y se comunican con ustedes por internet. Ustedes también son una parte importante de este milagro que se va desplegando.

Si ustedes no son misioneros de tiempo completo y no llevan una placa misional en la chaqueta, ahora es el momento de plasmar una en su corazón; como lo dijo Pablo: “…no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo”13. Ex misioneros, busquen su antigua placa misional; no se la pongan, pero colóquenla donde puedan verla. El Señor los necesita ahora más que nunca para que sean instrumentos en Sus manos. Todos nosotros tenemos algo que aportar a este milagro.

Cada miembro de la Iglesia digno ha pensado sobre la forma de compartir el Evangelio. Algunos lo comparten naturalmente, y podemos aprender mucho de ellos14. A algunos les resulta difícil y se preguntan cómo mejorar, deseando que nos abandone ese sentimiento de culpabilidad que tenemos a veces.

Nuestro deseo de compartir el Evangelio nos lleva a todos a arrodillarnos, y así debe ser, pues necesitamos la ayuda del Señor.

El presidente Monson ha pedido que oremos por “aquellas regiones donde nuestra influencia es limitada y donde no se nos permite compartir el Evangelio libremente”15. A medida que supliquemos de manera ferviente y unida a nuestro Padre en los cielos, el Señor seguirá abriendo puertas importantes para nosotros.

También oramos para tener nuestras propias oportunidades de compartir el Evangelio. El apóstol Pedro dijo: “… estad siempre preparados para responder con mansedumbre y reverencia a cada uno que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros”16.

Con la confusión17 y conmoción18 del mundo actual, no es de sorprenderse que menos personas asistan a los lugares de adoración. Aunque muchas personas quieran acercarse más a Dios y comprender mejor el propósito de la vida, tienen interrogantes sin responder. Muchos tienen el corazón abierto a la verdad, pero, como lo describió el profeta Amós, “[andan] buscando la palabra de Jehová y no la [hallan]”19. Ustedes pueden ayudar a responder a esas interrogantes. En sus conversaciones cotidianas, ustedes pueden añadir a la fe que ellos tienen en Cristo20.

El Salvador dijo: “Alzad, pues, vuestra luz para que brille ante el mundo. He aquí, yo soy la luz que debéis sostener en alto”21.

Les prometo que cuando oren para saber con quién hablar, les vendrán nombres y rostros a la mente, y se les darán las palabras que tendrán que decir justo en el momento en que las necesiten22. Se les presentarán oportunidades, la fe superará la duda, y el Señor los bendecirá con sus propios milagros.

El Salvador nos enseñó la forma de compartir el Evangelio. Me gusta el relato de Andrés, quien preguntó: “Rabí… ¿dónde moras?”23. Jesús podría haber contestado indicando el lugar donde vivía, pero en vez de ello le dijo a Andrés y a los demás: “Venid y ved”24. Me gusta pensar que el Salvador estaba diciendo: “Venid y ved no sólo dónde vivo sino cómo vivo. Venid y ved quién soy. Venid y sentid el Espíritu”. No sabemos todo lo que ocurrió aquel día, pero sí sabemos que cuando Andrés encontró a su hermano Simón, le declaró: “Hemos hallado al… Cristo”25.

Con aquellos que muestran interés en nuestras conversaciones, podemos seguir el ejemplo del Salvador y extenderles la invitación “venid y ved”. Algunos aceptarán nuestra invitación y otros no. Todos conocemos a alguien a quien se le ha invitado varias veces antes de que aceptara la invitación de “venir y ver”. Pensemos también en aquellos que una vez estuvieron con nosotros pero que ahora vemos raras veces; invitémoslos a volver y ver una vez más.

Respetamos la decisión y el tiempo de cada persona. El Señor dijo: “…escoja todo varón por sí mismo”26. La falta de interés de una persona no tiene por qué disminuir nuestros lazos de amistad y amor. Ya sea que se acepte o no la invitación que hagan a los demás de “venir y ver”, ustedes sentirán la aprobación del Señor y, con esa aprobación, obtendrán una medida mayor de fe para compartir sus creencias una y otra vez.

Para los que usan internet y teléfonos celulares, hay nuevas maneras de invitar a los demás a “venir y ver”. Hagamos que el compartir nuestra fe en internet sea algo más común en nuestra vida cotidiana. LDS.org, Mormon.org, Facebook y Twitter, todos esos sitios nos brindan oportunidades de hacerlo.

Para compartir el Evangelio, los miembros jóvenes de Boston crearon varios blogs27. Aquellos que se unieron a la Iglesia, comenzaron su aprendizaje en línea, seguido por las charlas de los misioneros. Esta experiencia también ayudó a que los jóvenes tuvieran más fe al hablar del Evangelio en persona. Uno de ellos dijo: “Ésta no es la obra misional; es la diversión misional”28.

Todos estamos juntos en esto. Con los demás miembros y misioneros del barrio, planeamos, oramos y nos ayudamos unos a otros. Por favor, siempre piensen y oren por los misioneros de tiempo completo. Confíenles a sus familiares y amigos. El Señor confía en ellos y los ha llamado a enseñar y bendecir a los que lo busquen a Él.

El presidente Paulo Kretly, de la Misión Mozambique Maputo, compartió esta experiencia: “Es común en Mozambique [que las] parejas vivan juntas [sin estar casadas], pues la tradición africana exige una costosa dote para casarse, una dote que la mayoría de las parejas no puede costear”29.

Los miembros y los misioneros pensaron y oraron para saber cómo ayudar.

La respuesta a sus oraciones fue que harían hincapié en la ley de castidad y en la importancia del matrimonio y de las familias eternas. Al mismo tiempo que ayudarían a las parejas a arrepentirse y a casarse legalmente, les enseñarían sobre la felicidad que sólo se obtiene al seguir a Jesucristo.

Ésta es una foto de parejas de dos ciudades diferentes de Mozambique. Se casaron un día viernes y fueron bautizados junto con sus hijos mayores el día sábado30. Se invitó a los amigos y familiares a “venir y ver”, y cientos “vinieron y vieron”.

Después del bautismo, una hermana dijo: “Tuvimos que elegir entre seguir las tradiciones de nuestros padres o seguir a Jesucristo. Elegimos seguir a Cristo”31.

Ustedes quizá no vivan en Mozambique, pero a su manera y en su propia cultura, pueden compartir el evangelio restaurado de Jesucristo.

Oren al Padre Celestial. Ésta es Su sagrada obra, Él los guiará en lo que tengan que hacer. Él abrirá puertas, retirará barreras y les ayudará a superar obstáculos. El Señor declaró: “…la voz de amonestación irá a todo pueblo por boca de mis discípulos… y no habrá quien los detenga”32.

Testifico que “la voz del Señor [irá] hasta los extremos de la tierra, para que oigan todos los que quieran oír”33. Es un milagro, es un milagro. En el nombre de Jesucristo. Amén.

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    Notas

  1.   1.

    Mateo 28:19.

  2.   2.

    Marcos 16:15.

  3.   3.

    Véase Mateo 28:20Marcos 16:17–18.

  4.   4.

    Hechos 2:14, 22–23, 32.

  5.   5.

    Doctrina y Convenios 1:4.

  6.   6.

    Doctrina y Convenios 58:64.

  7.   7.

    Véase Doctrina y Convenios 1:5.

  8.   8.

    Véase Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Wilford Woodruff , 2005, págs. 91–92.

  9.   9.

    Véase 1 Nefi 14:12.

  10.   10.

    Daniel 2:34–35.

  11.   11.

    Thomas S. Monson, “Bienvenidos a la conferencia”, Liahona, mayo de 2009, pág. 5.

  12.   12.

    Thomas S. Monson, “Al reunirnos otra vez”, Liahona, mayo 2012, pág. 4.

  13.   13.

    2 Corintios 3:3.

  14.   14.

    Véase Clayton M. Christensen, The Power of Everyday Missionaries: The What and How of Sharing the Gospel, 2013.

  15.   15.

    Thomas S. Monson, “Bienvenidos a la conferencia”, Liahona, noviembre de 2009, pág. 6.

  16.   16.

    1 Pedro 3:15.

  17.   17.

    Ellos observan cómo se redefinen o se pasan por alto las verdades que se han respetado por tanto tiempo; véase Doctrina y Convenios 1:16; véase también Doctrina y Convenios 132:8.

  18.   18.

    Véase Doctrina y Convenios 45:26; 88:91.

  19.   19.

    Amós 8:12.

  20.   20.

    El profeta José Smith dijo: “¿Hay verdad entre los presbiterianos? Sí. ¿Hay verdad entre los bautistas, los metodistas, etc.? Sí… Debemos recoger todos los principios buenos y verdaderos que hay en el mundo” (Enseñanzas del Profeta José Smith, compilación de José Fielding Smith, 1954, pág. 387). “A nadie pedimos que deseche nada de lo bueno que tenga; sólo les pedimos que vengan y obtengan más. ¿Qué sucedería si todo el mundo abrazara este Evangelio? Estarían completamente de acuerdo y las bendiciones de Dios se derramarían sobre la gente; ése es el deseo de mi alma entera” (Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, 2007, pág. 163). El presidente Gordon B. Hinckley dijo: “Quiero decirles que apreciamos la verdad que existe en todas las iglesias y el bien que ellas hacen. De hecho, decimos a las personas que traigan consigo todo lo bueno que tengan y después nos permitan ver qué podemos agregarle. Ése es el espíritu de esta obra; ésa es la esencia de nuestro servicio misional” (“Excerpts from Recent Addresses of President Gordon B. Hinckley,” Ensign, agosto de 1998, pág. 72; “Las palabras del profeta viviente”, Liahona, abril de 1999, pág. 18). “Debemos ser un pueblo amigable. Debemos reconocer lo bueno en todas las personas. Nosotros no andamos por ahí abatiendo otras iglesias. Predicamos y enseñamos de una manera positiva y afirmativa. Decimos a los de otras confesiones religiosas: ‘Traigan consigo todo lo bueno que tengan y permítannos ver qué podemos agregarle’. Esto es básicamente la esencia de nuestro gran programa misional, y produce resultados” (véase “Messages of Inspiration from President Hinckley”, Church News, 7 de noviembre de 1998; véase ldschurchnews.com).

  21.   21.

    3 Nefi 18:24.

  22.   22.

    Véase Doctrina y Convenios 84:85; 100:6.

  23.   23.

    Juan 1:38.

  24.   24.

    Juan 1:39.

  25.   25.

    Juan 1:41.

  26.   26.

    Doctrina y Convenios 37:4.

  27.   27.

    Vea un ejemplo en: www.youngandmormon.com.

  28.   28.

    Conversación telefónica con Jackson Hight, el 22 de marzo de 2013.

  29.   29.

    Mensaje personal por correo electrónico del presidente Paulo V. Kretly, 6 de marzo de 2013.

  30.   30.

    Fotos facilitadas por el presidente Paulo V. Kretly. El primer grupo era de Maputo; se casaron el 30 de noviembre de 2012 y se bautizaron el 1º de diciembre de 2012. El segundo grupo era de Beira; se casaron el 1º de marzo de 2013 y se bautizaron el 2 de marzo de 2013.

  31.   31.

    Mensaje personal por correo electrónico del presidente Paulo V. Kretly, 6 de marzo de 2013.

  32.   32.

    Doctrina y Convenios 1:4–5.

  33.   33.

    Doctrina y Convenios 1:11.