Tu sagrado deber de ministrar


David L. Beck
Ustedes recibieron el poder, la autoridad y el sagrado deber de ministrar en el momento en que fueron ordenados al sacerdocio.

El gozo de ministrar

Hombres jóvenes del Sacerdocio Aarónico, ustedes son amados hijos de Dios y Él tiene una gran obra para que hagan. Para lograr esta obra, deben cumplir con su sagrado deber de ministrar a los demás1.

¿Saben lo que significa ministrar? Piensen en esta pregunta mientras les cuento acerca de una chica llamada Chy Johnson.

Cuando Chy empezó la escuela secundaria el año pasado, comenzó a ser víctima de un desconsiderado y cruel acoso escolar. La maltrataban, la empujaban y se burlaban de ella cuando iba a sus clases; algunos estudiantes inclusive le arrojaban basura. Ustedes tal vez han visto a personas víctimas de ese tipo de maltrato en su escuela también.

Para muchas personas, los años de la adolescencia son años de soledad y temor. Esto no tiene que ser así. Afortunadamente para Chy, había jóvenes en su escuela que entendían lo que significaba ministrar.

La mamá de Chy había pedido a los maestros de la escuela su ayuda para detener el acoso escolar, pero éste continuaba. Ella entonces se puso en contacto con Carson Jones, un poseedor del Sacerdocio Aarónico y principal mariscal de campo del equipo de fútbol americano. Ella le pidió que la ayudara a averiguar quiénes acosaban a su hija.

Carson estuvo de acuerdo en ayudarla, pero en su corazón sintió que podría hacer mucho más que sólo identificar a los acosadores. El Espíritu le susurró que él necesitaba ayudar a Chy a sentirse amada.

Carson le pidió a algunos de sus compañeros de equipo que se unieran a él para ministrar a Chy. La invitaban a sentarse con ellos durante el almuerzo; la acompañaban a sus clases para asegurarse de que estuviera bien. No es de admirarse que, al tener a jugadores de fútbol americano como sus amigos cercanos, ya nadie acosó a Chy.

Ésa fue una emocionante temporada para el equipo de fútbol. Pero aun con la emoción de una temporada victoriosa, esos jóvenes no se olvidaron de Chy. La invitaban a unirse al equipo en el campo de juego después de los partidos. Chy se sintió amada y valorada. Se sintió segura; estaba feliz.

El equipo de fútbol americano ganó el campeonato estatal. Pero algo más importante que el campeonato de fútbol americano sucedió en esa escuela. El ejemplo de esos jóvenes había motivado a otros estudiantes a ser más tolerantes, más amigables. Ellos ahora se trataban entre sí con más amabilidad y respeto.

La prensa nacional se enteró de lo que estos jóvenes habían hecho y compartieron su historia en todo el país. Lo que comenzó como un esfuerzo por ministrar a una persona está inspirando a miles a hacer lo mismo.

La mamá de Chy llamó a esos jóvenes “ángeles disfrazados”. Carson y sus amigos dicen que Chy ha bendecido sus vidas mucho más de lo que ellos bendijeron la de ella. Eso es lo que pasa cuando se pierden en el servicio a los demás, se encuentran a sí mismos2. Cambian y crecen en una forma que no sería posible de otra manera. Esos jóvenes han experimentado el gozo de ministrar y continúan buscando oportunidades para bendecir a otros; están ansiosos de seguir ministrando en los meses por venir, cuando sirvan como misioneros de tiempo completo3.

Una necesidad y un deber

Hay miles de personas como Chy Johnson por todo el mundo, personas que necesitan sentir el amor del Padre Celestial. Están en sus escuelas, en sus quórumes e inclusive en sus familias. A algunas se las reconoce de inmediato; otras tienen necesidades que son menos obvias. Prácticamente todas las personas que conocen podrían ser bendecidas de alguna manera a través de su ministerio. El Señor cuenta con ustedes para ayudarlas.

No tienen que ser estrellas del deporte para ministrar a los demás. Ustedes recibieron el poder, la autoridad y el sagrado deber de ministrar en el momento en que fueron ordenados al sacerdocio. El presidente James E. Faust enseñó: “El sacerdocio es la autoridad delegada al hombre para ministrar en el nombre de Dios”4. El Sacerdocio Aarónico posee las llaves del ministerio de ángeles5.

Cuando amen a los hijos del Padre Celestial, Él los guiará y enviará ángeles para que los ayuden6. Se les dará poder para bendecir vidas y rescatar almas.

Jesucristo es su ejemplo. Él “no vino para ser servido, sino para servir”7. Ministrar significa amar y cuidar a los demás. Significa atender a sus necesidades físicas y espirituales. En pocas palabras: significa hacer lo que el Salvador haría si estuviera aquí.

Su familia

Empiecen en su propio hogar. Ahí es donde pueden efectuar su ministerio más importante8.

¿Quieren intentar un experimento interesante? La próxima vez que su mamá les pida ayudar en la casa, digan algo como: “Gracias por pedírmelo mamá, me encantará ayudar”; y luego observen su reacción. Tal vez sea bueno que algunos de ustedes practiquen las técnicas de primeros auxilios antes de intentarlo, porque quizás hagan que se desmaye. Después de que la hayan revivido, verán una notable mejora en su relación con ella y un incremento del Espíritu en su hogar.

Ésa es sólo una manera de ministrar a su familia; hay muchas otras formas. Ministran cuando hablan amablemente a los miembros de su familia; ministran cuando tratan a sus hermanos y hermanas como a sus mejores amigos.

Quizás más importante aún es que ustedes ministran cuando ayudan a su padre en sus deberes como el líder espiritual de su hogar. Brinden todo su apoyo y participen con ánimo en la noche de hogar, la oración familiar y el estudio de las Escrituras en familia. Hagan su parte para asegurar que el Espíritu esté presente en su hogar. Eso fortalecerá a sus padres en su función y los preparará a ustedes para ser padres algún día. Si no tienen un papá en casa, su responsabilidad de ministrar a su familia es aún más necesaria.

Su quórum

Ustedes también tienen el deber de ministrar en su quórum.

El sacerdocio se está expandiendo por todo el mundo. Muchos de ustedes prestan atención al llamado del presidente Monson de rescatar. Hoy en día hay más poseedores activos del Sacerdocio Aarónico que nunca antes en la historia de la Iglesia; sin embargo, todavía hay quienes están inactivos y los necesitan.

El pasado mes de junio, cuando una nueva rama fue organizada en Bangalore, India, el único hombre joven en la reunión del sacerdocio era un diácono recién ordenado llamado Gladwin.

Gladwin, junto con el presidente de los Hombres Jóvenes y el presidente de la rama, empezaron a llamar a los jóvenes menos activos y a visitarlos en sus hogares. Al poco tiempo, un segundo joven, Samuel, empezó a ir a la Iglesia otra vez.

Cada semana, Gladwin y Samuel llamaban a los que no asistían a las reuniones de quórum y compartían con ellos lo que habían aprendido. También los llamaban o visitaban en el día de su cumpleaños. Uno por uno los hombres jóvenes menos activos llegaron a ser sus amigos y empezaron a aceptar las invitaciones para ir a las actividades del quórum, asistir a las reuniones del quórum y, con el tiempo, a efectuar su propio ministerio. Actualmente, todos los hombres jóvenes de la rama están activos en la Iglesia.

Las Escrituras enseñan que los quórumes del Sacerdocio Aarónico deben sentarse en consejo y elevarse —o edificarse y fortalecerse— el uno al otro9. Ustedes edifican cuando enseñan las verdades del Evangelio, comparten experiencias espirituales y dan testimonio. El curso de estudio para los jóvenes alienta esa clase de interacciones en las reuniones de quórum, pero eso sucede sólo cuando cada miembro del quórum se siente amado y respetado. Burlarse y mofarse no tienen lugar en las reuniones de quórum, en especial cuando abiertamente se comparten sentimientos. Las presidencias de quórum deben tomar la iniciativa para asegurarse de que las reuniones de quórum sean un lugar seguro para que todos participen.

El apóstol Pablo amonestó: “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de que dé gracia a los oyentes”10.

Los poseedores del sacerdocio nunca usan lenguaje vulgar u obsceno; nunca rebajan o hieren a los demás; siempre edifican y fortalecen a los demás. Ésta es una sencilla, pero poderosa, manera de ministrar.

En todo momento

La obra de ministrar no se limita a las ordenanzas, ni a las visitas de orientación familiar ni a los proyectos de servicio ocasionales. Siempre somos hombres del sacerdocio, no solamente los domingos y no solamente cuando vestimos camisa blanca y corbata. Tenemos el deber de ministrar donde sea que estemos. Ministrar no es sólo algo que hacemos, sino que define quiénes somos.

Hay muchas oportunidades a nuestro alrededor para ministrar cada día. Búsquenlas. Pidan al Señor que los ayude a reconocerlas. Verán que la mayoría serán actos pequeños y sinceros que ayudan a los demás a ser seguidores de Jesucristo11.

Al esforzarse por ser dignos del Espíritu, reconocerán pensamientos y sentimientos que los inspirarán a ministrar. A medida que actúen de acuerdo con esas inspiraciones, recibirán más y sus oportunidades y capacidad de ministrar se incrementarán y expandirán.

Mis jóvenes hermanos, testifico que se les ha dado la autoridad y el poder del magnífico Sacerdocio Aarónico para ministrar en el nombre de Dios.

Testifico que a medida que lo hagan, serán un instrumento en las manos de Dios para ayudar a los demás. Su vida será más rica y más significativa; tendrán más fortaleza para resistir el mal. Encontrarán la verdadera felicidad, la que es conocida sólo por los verdaderos seguidores de Jesucristo.

Que experimenten el gozo de cumplir con su sagrado deber de ministrar, lo ruego en el nombre de Jesucristo. Amén.

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    Notas

  1.   1.

    Véase Doctrina y Convenios 84:111.

  2.   2.

    Véase Marcos 8:35.

  3.   3.

    Véase Trent Toone, “Kindness of Arizona High School QB Carson Jones and Teammates Has Gone Viral”, Deseret News, 9 de noviembre de 2012, deseretnews.com/article/865566351/Kindness-of-Arizona-high-school-QB-Carson-Jones-and-teammates-has-gone-viral.html.

  4.   4.

    James E. Faust, “Mensaje a mis nietos varones”, Liahona, mayo de 2007, pág. 54; cursiva agregada.

  5.   5.

    Véase Doctrina y Convenios 13:1.

  6.   6.

    Véase Doctrina y Convenios 84:88.

  7.   7.

    Véase Mateo 20:27–28.

  8.   8.

    Véase Manual 2: Administración de la Iglesia, 2010, 2.4.5.

  9.   9.

    Véase Doctrina y Convenios 107:85.

  10.   10.

    Efesios 4:29.

  11.   11.

    Véase Manual 2, 3.2.3.