Fuertes impresiones del Espíritu

De un discurso que dio a los jóvenes de Salta, Argentina, en noviembre de 2011.


D. Todd Christofferson
Cualquier persona puede recibir un testimonio, donde sea que se encuentre, porque nuestro Padre Celestial y el Espíritu Santo conocen a cada uno personalmente.

En busca de una respuesta en la Arboleda Sagrada

Cuando era joven, tuve la oportunidad de ir a Palmyra, Nueva York, una noche de verano. Fui a la Arboleda Sagrada, solo. Me arrodillé para orar y le pedí al Padre Celestial alguna manifestación o indicación de lo que ya sabía que había ocurrido en aquel lugar sagrado. Durante un largo rato oré con suma sinceridad y actitud reverente; pero no recibí ninguna respuesta ni impresión del Espíritu Santo; no sentí nada. Finalmente, me di por vencido y partí desilusionado, preguntándome: “¿Qué fue lo que no hice bien? ¿Por qué? ¿Qué más debí hacer?”. A mí me parecía que no podía haber mejor lugar que ese entorno para recibir respuesta a una oración de ese tipo.

De esa experiencia aprendí que no podemos exigirle cosas a Dios. No podemos decirle: “Tienes que responderme de este modo, en este preciso momento”. Él es quien decide cómo, cuándo y qué nos comunicará. Nuestra responsabilidad es estar siempre en condiciones apropiadas para recibir las impresiones o los susurros, la revelación, la inspiración del Espíritu. No obstante, Él es quien decide cómo y cuándo.

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Ilustraciones por Dan Burr.

Recibí una respuesta en mi casa

Lo que estaba buscando —que no recibí en aquel momento— sí llegó, pero cinco o seis semanas más tarde. Estaba en casa, leyendo el Libro de Mormón. Sin que lo pidiera, me invadió una fuerte impresión, un sentimiento, una comunicación mediante el Espíritu Santo que me confirmó mi creencia y mi testimonio.

Fue una comunicación tan poderosa que me hizo llorar. Además, fue también una comunicación tan pura que las palabras no eran necesarias. El Espíritu no tiene por qué limitarse a las palabras; puede comunicarse de Espíritu a espíritu, con un lenguaje que es inconfundible, porque no tiene palabras. Es una comunicación de conocimiento puro e inteligencia del Espíritu, y me he dado cuenta de que en verdad es la mejor manera de obtener conocimiento. Es más poderoso y más duradero que el conocimiento que obtenemos palpando o viendo; mientras que podemos llegar a dudar de los sentidos físicos, no podemos dudar cuando nos habla el Santo Espíritu. Es el testimonio más seguro. Por esta razón, el pecado imperdonable es negar al Espíritu Santo o el testimonio del Espíritu Santo.

Sentir el amor y lograr entendimiento de Dios

Realmente me siento bien de que el Señor no me haya dado una respuesta en la Arboleda Sagrada, ya que podría haber llegado a pensar que uno debe hacer una peregrinación a Palmyra a fin de recibir un testimonio del profeta José Smith. Ahora sé que puede recibirse en cualquier lugar. No hace falta que una persona vaya a Jerusalén para recibir un testimonio del Señor Jesucristo; cualquier persona puede recibir ese testimonio, donde sea que se encuentre, porque nuestro Padre Celestial y el Espíritu Santo conocen a cada uno personalmente. Ellos saben dónde estamos y cómo encontrarnos; no necesitan visados, sino que, de hecho, ¡conocen al mundo entero! Ellos ya saben todo.

Jóvenes, les prometo que, si siguen siendo fieles y siguen pidiendo, el Señor les dará esa misma respuesta, ese mismo testimonio, la misma confirmación que me dio a mí, porque sé que Él los ama a cada uno de ustedes tanto como me ama a mí o al presidente Thomas S. Monson o a cualquiera de Sus hijos.

El amor de Dios es para todos y es infinito. Él sabe cómo comunicarse con cada persona; sabe dónde se encuentran ustedes y cómo llegar a su corazón y a su espíritu mediante el Santo Espíritu. No dejen de orar; no dejen de pedir; no dejen de obedecer los mandamientos, porque llegará el momento, si es que no ha llegado ya, en que recibirán ese poderoso testimonio; pero no lo recibirán una sola vez; más bien, por medio de la misericordia del Señor, vendrá una y otra vez a lo largo de su vida.

Seguir recibiendo un testimonio

Así me sucedió a mí. Me encontraba en la misión, en Tucumán, Argentina, y le estaba enseñando a una familia y testificando acerca de la primera visión del profeta José Smith. La familia no creyó lo que les dije; sin embargo, en el momento en que di mi testimonio, recibí otra confirmación de ese testimonio. El Espíritu dijo: “Las palabras de tu testimonio son verdaderas”. Me estaba testificando a mí en cuanto a mi testimonio.

Durante su vida recibirán repetidas confirmaciones de que Dios está presente, que Él es nuestro Padre Celestial, que vive, que llamó al profeta José Smith para que fuera el profeta de la Restauración, que Su Hijo vive y que Su gracia es suficiente para salvarnos, purificarnos y perdonarnos a todos. Ese testimonio lo recibimos una y otra vez a lo largo de la vida.

Sé que estas cosas son verdaderas y soy un testigo especial de ellas. Sé que nuestro Señor vive, que Él literalmente es un ser resucitado, que guía esta Iglesia y está a la cabeza de ella, la cual lleva Su nombre y es Suya; y ustedes son Sus ovejas.