¿Han oído alguna vez el antiguo refrán de que las personas que se pierden tienden a caminar en círculos?

Jan L. Souman, psicólogo alemán, deseaba determinar científicamente si eso era cierto; llevó a los participantes de un experimento a una extensa área forestal y al desierto del Sahara donde utilizó un sistema de posicionamiento global a fin de averiguar a dónde se dirigían; no llevaban brújula ni ninguna otra clase de instrumento y las instrucciones que recibieron fueron simples: caminen en línea recta en la dirección indicada.

Más tarde, el doctor Souman describió lo ocurrido: “[Algunos] de ellos caminaron durante un día nublado, con el sol oculto tras las nubes [y sin tener a la vista ningún punto de referencia]… Todos [ellos] caminaron en círculos, y [varios] cruzaron repetidamente su propio sendero sin darse cuenta”. Otros participantes caminaron mientras el sol brillaba, teniendo a la vista remotos puntos de referencia. “Ésos… siguieron un curso casi perfectamente derecho”1.

Otras personas han repetido este estudio con diferentes metodologías2; y todos obtuvieron resultados similares.

Sin puntos de referencia visibles, los seres humanos tienden a caminar en círculos.

El punto de referencia de las Escrituras

Sin puntos de referencia espirituales, la humanidad también anda sin rumbo; sin la palabra de Dios, caminamos en círculos.

Vemos que, con las personas así como con las sociedades, este modelo se repite una y otra vez en toda dispensación desde el comienzo de los tiempos. Cuando perdemos de vista la palabra de Dios, tendemos a perdernos.

Indudablemente ésa es la razón por la que el Señor mandó que Lehi enviara a sus hijos de nuevo a Jerusalén para obtener las planchas de bronce. Dios sabía que los descendientes de Lehi necesitarían esos hitos —puntos de referencia— fiables que proporcionarían una guía que podrían utilizar para determinar si estaban en el rumbo correcto.

Las Escrituras son la palabra de Dios; son los puntos de referencia de Dios que muestran el camino que debemos seguir a fin de acercarnos a nuestro Salvador y de lograr metas dignas.

El punto de referencia de la conferencia general

Las instrucciones que se imparten durante la conferencia general son otro punto de referencia que nos puede ayudar a saber si estamos en el rumbo correcto.

De vez en cuando me pregunto: “¿Escuché las palabras que pronunciaron los hombres y las mujeres que hablaron en la conferencia general más reciente de la Iglesia? ¿He leído y vuelto a leer sus palabras? ¿Las he meditado y aplicado en mi vida? ¿O simplemente he disfrutado los buenos discursos y me he olvidado de aplicar sus mensajes inspirados en mi vida personal?”.

Tal vez mientras ustedes escuchaban o leían, hicieron una o dos anotaciones; quizás se comprometieron a hacer algunas cosas mejor o de manera diferente. Piensen en los mensajes de la última conferencia general; muchos nos alentaron a fortalecer a nuestras familias y a mejorar nuestro matrimonio. Este ejemplar de la revista Liahona también se centra en esos valores eternos y tiene muchas recomendaciones prácticas que bendecirán nuestra vida.

¿Estamos tomando nota de este sabio consejo y llevándolo a la práctica? ¿Estamos reconociendo y caminando hacia esos puntos de referencia reales y valiosos?

El antídoto contra los desvíos

Los puntos de referencia espirituales son indispensables para mantenernos en el camino estrecho y angosto; proporcionan una clara dirección con respecto al rumbo en el que debemos ir, pero sólo si los reconocemos y caminamos hacia ellos.

Si nos resistimos a que esos puntos de referencia nos guíen, se convierten en piezas decorativas sin valor que no tienen ningún propósito, salvo romper la monotonía del horizonte.

No es suficiente dejarnos guiar únicamente por nuestros instintos.

No es suficiente tener las mejores intenciones.

No bastará el confiar solamente en nuestros sentidos naturales.

Aun cuando pensemos que estamos siguiendo un sendero espiritual recto, sin verdaderos puntos de referencia que nos guíen —sin la guía del Espíritu— tendremos la tendencia a desviarnos del sendero.

Por tanto, abramos los ojos y veamos los puntos de referencia que nuestro Dios misericordioso ha proporcionado para Sus hijos; leamos, oigamos y apliquemos la palabra de Dios; oremos con verdadera intención y escuchemos y sigamos los susurros del Espíritu. Una vez que hayamos reconocido las señales divinas que nos brinda nuestro amoroso Padre Celestial, debemos establecer nuestro rumbo de acuerdo con ellas. Asimismo, con regularidad debemos hacer correcciones en el curso a medida que nos orientamos hacia los hitos espirituales.

De este modo, no andaremos errantes en círculos, sino que andaremos con confianza y seguridad hacia esa gran bendición celestial que es el derecho natural de todos los que andan en el camino recto y angosto del discipulado de Cristo.

Cómo enseñar con este mensaje

A medida que se prepare para enseñar este mensaje, busque en las Escrituras ejemplos de personas que se guiaron por puntos de referencia espirituales o pueblos que anduvieron errantes en círculos. Podría iniciar su estudio con estos pasajes de las Escrituras: Números 14:26–33; 1 Nefi 16:28–29; Alma 37:38–47. Si se siente inspirado a hacerlo, comparta perspectivas de esos ejemplos con las personas a quienes enseña; pregúnteles qué podemos aprender de estas historias.

Fotografía © Thinkstock/iStockphoto.

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Notas

  1. 1.

    Véase Jan L. Souman y otros, “Walking Straight into Circles” [Caminar directo a círculos], Current Biology, Tomo 19, 29 de septiembre de 2009, págs. 1538–1542.

  2. 2.

    Véase, por ejemplo, Robert Krulwich, “A Mystery: Why Can’t We Walk Straight?” (Un misterio: ¿Por qué no podemos caminar derecho?) npr.org/blogs/krulwich/2011/06/01/131050832/a-mystery-why-can-t-we-walk-straight.