Cuaderno de la conferencia de abril de 2013


“Lo que yo, el Señor, he dicho, yo lo he dicho… sea por mi propia voz o por la voz de mis siervos, es lo mismo” (D. y C. 1:38).
A medida que repase la conferencia general de abril de 2013, puede utilizar esta página (y los cuadernos de la conferencia de ejemplares futuros) para ayudarle a estudiar y aplicar las enseñanzas recientes de los profetas y apóstoles vivientes, así como de otros líderes de la Iglesia.
Relatos de la conferencia

Aprender a ser obediente

De “La obediencia trae bendiciones”, Liahona, mayo de 2013, págs. 89–90.

De pequeño, todos los veranos, desde los primeros días de julio hasta los primeros días de septiembre, con mi familia nos quedábamos en nuestra cabaña de Vivian Park, en el cañón de Provo, Utah.

Uno de mis mejores amigos durante esos días despreocupados en el cañón era Danny Larsen, cuya familia también tenía una cabaña en Vivian Park. Todos los días, él y yo paseábamos por ese paraíso de niños, pescando en el arroyo y en el río, recolectando rocas y otros tesoros, haciendo caminatas, ascendiendo montes, o simplemente disfrutando cada minuto y hora de cada día.

Una mañana, Danny y yo decidimos que queríamos hacer una fogata esa noche con todos nuestros amigos del cañón; sólo teníamos que despejar un lugar en un campo cercano donde nos pudiéramos reunir. El pasto de junio que cubría el campo se había secado y se había vuelto espinoso, haciéndolo inadecuado para nuestros propósitos. Empezamos a arrancar el pasto alto a fin de despejar una sección grande en forma de círculo. Tiramos y arrancamos con toda nuestra fuerza, pero lo único que conseguíamos sacar eran pequeños manojos de la arraigada hierba. Sabíamos que esa tarea tomaría todo el día y ya se nos estaba acabando la energía y el entusiasmo.

Entonces acudió a mi mente, la de un niño de ocho años, lo que consideré sería la solución perfecta. Le dije a Danny: “Todo lo que tenemos que hacer es prenderles fuego; ¡quemaremos sólo un círculo en la hierba!”. Él accedió de inmediato y corrí a la cabaña a buscar unos fósforos (cerillos).

Para que ninguno vaya a pensar que a la tierna edad de ocho años se nos permitía usar fósforos, quiero dejar en claro que tanto a Danny como a mí se nos tenía prohibido usarlos sin la supervisión de un adulto. A ambos se nos había advertido repetidamente sobre los peligros del fuego; no obstante, yo sabía dónde mi familia guardaba los fósforos, y necesitábamos despejar ese lugar. Sin pensarlo dos veces, corrí hacia nuestra cabaña y agarré unos fósforos, asegurándome de que nadie me viera, y los escondí en uno de mis bolsillos.

Entonces corrí hacia donde estaba Danny, emocionado porque en el bolsillo tenía la solución a nuestro problema. Recuerdo que pensé que el fuego sólo quemaría hasta donde nosotros quisiéramos y, que por arte de magia, se extinguiría solo.

Encendí el fósforo con una roca y prendí el pasto reseco de junio; se incendió como si estuviera impregnado en gasolina. Al principio Danny y yo veíamos emocionados cómo desaparecían las hierbas, pero muy pronto nos percatamos de que el fuego no se iba a apagar solo. Entramos en pánico al darnos cuenta de que no había nada que pudiéramos hacer para detenerlo. Las llamas amenazantes empezaron a prender el pasto silvestre de la montaña, poniendo en peligro los pinos y todo lo que estaba en su camino.

Finalmente no nos quedó otra alternativa que correr para pedir ayuda. Al poco rato, todos los hombres y las mujeres disponibles de Vivian Park corrían de aquí para allá con costales de arpillera mojados con los que batían las llamas tratando de sofocarlas. Después de varias horas se apagaron las últimas brasas que quedaban; se habían salvado los pinos de tantos años, así como las casas que las llamas finalmente hubieran consumido.

Ese día Danny y yo aprendimos varias lecciones difíciles pero importantes, entre las que sin duda estaba la importancia de la obediencia.

Hay reglas y leyes que contribuyen a nuestra seguridad física. De igual modo, el Señor ha proporcionado pautas y mandamientos para preservar nuestra seguridad espiritual a fin de que logremos exitosamente transitar por esta existencia mortal, muchas veces peligrosa, y regresar, en su momento, a nuestro Padre Celestial.

Recursos adicionales en cuanto a este tema: Principios del Evangelio, 2009, “La obediencia”, págs. 221–227; “Obediencia”, en Temas del Evangelio de LDS.org; D. Todd Christofferson, “El poder de los convenios”, Liahona, mayo de 2009, págs. 19–23.

Preguntas para reflexionar

  • ¿Por qué tenemos reglas?

  • ¿Por qué es importante que decidamos obedecer los mandamientos de Dios?

  • ¿De qué maneras Jesucristo fue un ejemplo de obediencia para nosotros?

Considere escribir lo que piensa en su diario personal o hablar en cuanto a ello con otras personas.

Palabras proféticas para los miembros misioneros

“Les prometo que cuando oren para saber con quién hablar, les vendrán nombres y rostros a la mente, y se les darán las palabras que tendrán que decir justo en el momento en que las necesiten. Se les presentarán oportunidades, la fe superará la duda, y el Señor los bendecirá con sus propios milagros”.

Élder Neil L. Andersen, del Quórum de los Doce Apóstoles, “Es un milagro”, Liahona, mayo de 2013, pág. 79.

Estado de los misioneros hasta la conferencia general de abril

Número de misioneros que actualmente prestan servicio en una misión

65.634

Número de hombres y mujeres jóvenes que han recibido su llamamiento misional, pero aún no han ingresado al centro de capacitación misional

Más de 20.000

Número de hombres y mujeres jóvenes que actualmente se encuentran en el proceso de entrevistas con sus obispos y presidentes de estaca

Más de 6.000

Número de nuevas misiones que se han creado

58

Del presidente Thomas S. Monson, “Bienvenidos a la conferencia”, Liahona, mayo de 2013, pág. 5.