¡Sálvenla!


¡Sálvenla!

Todos los veranos, la familia Monson pasaba dos meses en la cabaña familiar a orillas del río Provo. Tommy Monson aprendió a nadar en las corrientes rápidas del río. Una cálida tarde, cuando Tommy tenía unos 13 años, agarró una llanta grande e inflada y flotó río abajo.

Ese día, un grupo numeroso de personas se había reunido en un lugar junto al río para comer y jugar. Tommy estaba a punto de flotar por la parte más rápida del río cuando oyó unos gritos frenéticos: “¡Sálvenla! ¡Sálvenla!”. Una niñita se había caído en los traicioneros remolinos. Ninguna de las personas que estaban en la orilla podía nadar para salvarla.

Fue entonces que Tommy apareció en el lugar de los hechos y vio la cabeza de la niña desaparecer bajo el agua. Él extendió la mano, tomó a la niña por el cabello, la subió a un lado de la llanta, y luego dio brazadas hasta la orilla del río. Primeramente, la familia echó los brazos alrededor de la pequeña, besándola y llorando; después comenzaron a abrazar y a besar a Tommy; él se sintió avergonzado por toda la atención y rápidamente regresó a su llanta.

Mientras Tommy continuaba flotando río abajo, le invadió un sentimiento cálido. Se dio cuenta de que había ayudado a salvar una vida. El Padre Celestial había escuchado las súplicas: “¡Sálvenla! ¡Sálvenla!”. Él hizo posible que Tommy flotara por allí en el preciso momento en que se le necesitaba. Ese día Tommy aprendió que el sentimiento más dulce es darse cuenta de que Dios, nuestro Padre Celestial, nos conoce a cada uno de nosotros y nos permite ayudarlo a salvar a otras personas.

Palabras del presidente Monson

Presidente Thomas S. Monson

“Las oportunidades que tenemos de dar de nosotros mismos son verdaderamente ilimitadas… Hay corazones que alegrar, palabras bondadosas que expresar, regalos que dar, buenas acciones que llevar a cabo. Hay almas que salvar”.

Véase “La mejor de las Navidades”, Liahona, diciembre de 2008, pág. 3.

Cumple tu deber

Cuando Tommy tenía 11 años, tenía el deber especial de ayudar a sus compañeros de clase a cruzar la calle. Mira la ilustración que está abajo. ¿Puedes encontrar dos cosas que Tommy usaba que lo ayudaban a cumplir con su deber?

El círculo de la seguridad

Cuando Tommy estaba aprendiendo a nadar en el río Provo, su familia lo rodeaba para que, si necesitaba ayuda, alguien siempre estuviera cerca. Puedes ser como Tommy y jugar al juego del Círculo de la Seguridad.

Necesitarás:

Cuatro jugadores o más

Un lugar despejado

Cómo jugar:

Hagan un círculo y tómense de la mano. Un jugador se pone en el medio del círculo. El jugador del centro tiene los ojos cubiertos y camina lentamente en diferentes direcciones, donde sea que quiera ir. Los jugadores del círculo deben continuar agarrados de la mano, pero intentar que no los toque el jugador del centro. Tomen turnos para ponerse en el medio.