Experiencias en cuanto a confiar profundamente


Cuando Claire tenía seis años (el nombre se ha cambiado), sus padres se divorciaron. Durante los años siguientes, ella vio muchos matrimonios fracasar, así como también a miembros de la familia que luchaban con la adicción, la inactividad en la Iglesia y la depresión. Triste y confundida, perdió su confianza en la familia.

“Me dije que el matrimonio no era para mí”, comenta; “pero sólo estaba ocultando el temor que sentía de que mi futuro fuera igual a lo que yo ya había presenciado”.

Además de estar triste por la situación de su familia, Claire se sentía muy sola. Un día, cuando todavía era adolescente, se arrodilló y oró con desesperación rogando saber si el Padre Celestial estaba cerca. “Cuando dejé de llorar y de hablar, me invadió un ardiente sentimiento que era pacífico, potente y muy directo”, cuenta. “Supe que el Padre Celestial estaba cerca y que siempre me amaría y me ayudaría con mis pruebas”.

La respuesta que recibió impulsó en ella el deseo de fortalecer su testimonio y confiar en Dios y en Sus mandamientos con respecto a la familia. No sólo continuó orando, sino que también leyó las Escrituras, asistió a seminario y guardó los mandamientos.

Actualmente, Claire está casada y está aprendiendo a enfrentar las dificultades con fe. “No me preocupa que sea imposible criar a una familia fuerte, porque mi esposo y yo hemos decidido cultivar siempre nuestro testimonio, incluir al Padre Celestial y al Salvador en nuestro diario vivir y recordar la innegable verdad del Evangelio”.

Para ella, adquirir confianza en Dios comenzó con una oración sencilla y sincera; pero ¿qué más podemos hacer para confiar en nuestro Padre Celestial? Jóvenes adultos de todo el mundo —que afrontan pruebas— relatan sus experiencias en cuanto a la forma en que han establecido su confianza en el Señor y aprendido a confiar en Su voluntad, Su manera y Su tiempo.

Mantener un sentimiento de gratitud

El reflexionar sobre sus bendiciones ayuda a Stefanie Egly, de Hesse, Alemania, a confiar en el plan del Padre Celestial y en Su tiempo.

Después de que la relación que tenía con un buen amigo no resultó como esperaba, Stefanie empezó a hacer una lista de sus bendiciones. “Aunque no habíamos llegado a ser novios, siempre tuve la esperanza de que nuestra relación se convirtiera en algo más. Mi esperanza quedó destrozada cuando él me dijo que tenía novia”.

Entristecida, Stefanie encontró consuelo en un artículo que leyó en la revista Liahona sobre la gratitud; y se sintió inspirada a escribir las formas en que había sido bendecida, especialmente cómo el hecho de ser soltera había sido una bendición.

Esa lista la ayudó a darse cuenta de que el no haber tenido ocasión de casarse no significaba que se le hubieran negado bendiciones. Stefanie reconoce que el Señor la ha bendecido con la oportunidad de ser maestra de escuela primaria y de trabajar con niños; ha viajado, ha asistido a la conferencia general y ha participado como consejera en el programa “Especialmente para la juventud”. Algunas de sus amistades más queridas se han formado en las conferencias para los jóvenes adultos solteros a las que ha asistido.

Pero la bendición más grande, afirma, fue poder pasar tiempo con su abuela poco antes de que ésta falleciera, algo que sus hermanos y primos no pudieron hacer porque vivían muy lejos o tenían que cuidar de sus propias familias.

Han pasado cinco años desde el día en que Stefanie empezó a hacer la lista de sus bendiciones. Todavía espera que llegue el momento en que tenga la oportunidad de casarse en el templo. “No sé cuándo encontraré a mi compañero eterno”, dice, “pero confío en que ese momento llegará. Y hasta entonces, sé que continuaré teniendo experiencias que me ayudarán a aprender y a progresar”. El Padre Celestial la ha bendecido abundantemente y ella sabe que, si es fiel, continuará bendiciéndola.

Leer la palabra de Dios a diario

Daniel Martuscello, del estado de Colorado, EE. UU., acababa de divorciarse y le resultaba difícil hallar paz en su nueva situación. No sólo ya no estaba casado, sino que era padre de un bebé y no tenía trabajo. No lograba entender por qué le había pasado eso, en especial porque siempre había tratado de ser recto.

Al sentirse solo y perdido, Daniel se volvió a las Escrituras. “Me acordé del consuelo que había sentido en el pasado al leer las Escrituras, así que las convertí en un foco de atención diario”, dice. A fin de dedicar tiempo diariamente al estudio de las Escrituras, tuvo que limitar el que pasaba en entretenimientos como la televisión e internet; pero afirma que eso no fue un sacrificio. “Al leer, recibí consuelo y guía, y otras cosas pasaron a un segundo plano. No leía sólo por leer, sino que buscaba respuestas; leía con un propósito”.

En las Escrituras encontró consuelo al darse cuenta de que todo el mundo pasa por adversidades. “Los profetas y otras personas, a pesar de ser justos, tuvieron pruebas”, comenta. “Leer sobre sus experiencias me hizo entender que todos sufrimos en algún momento de la vida, pero en medio de ese sufrimiento podemos acercarnos más a Cristo”.

Además, dice que esa lectura diaria le aligeró la carga porque era una manera de incluir al Salvador en su vida cotidiana. “A medida que Dios me hablaba mediante los versículos que leía, confié en que las cosas mejorarían y que, con Su ayuda, algo bueno iba a surgir de aquella experiencia”.

Poner a Dios en primer lugar

Po Nien, de Kaohsiung, Taiwán, empezó a sentir temor después de haberle propuesto matrimonio a su novia, Mei Wah. “Ya había salido con otras jóvenes y la relación había llegado a ser seria por lo menos en tres casos, pero habían quedado en la nada. Aquellas experiencias habían debilitado mi confianza en tener una relación duradera que se convirtiera en una relación eterna”, confiesa.

Aun cuando se sentía en paz al orar sobre su matrimonio con Mei Wah, empezó a dudar de la respuesta que había recibido. ¿Había sentido la confirmación del Espíritu o lo habrían confundido sus emociones? ¿Conduciría ese compromiso al templo o llegaría a su fin la relación?

Durante ese período, Po Nien recordó una cita del presidente Ezra Taft Benson (1899–1994) que había escuchado en una clase de instituto: “Debemos poner a Dios en el lugar de preeminencia sobre todo lo demás de nuestra vida… Cuando damos a Dios el sitio de preferencia, todos los demás aspectos de nuestra existencia pasan al lugar que les corresponde o desaparecen”1.

Ese consejo marcó un punto decisivo en su vida. “Supe que si colocaba a Dios en primer plano en mi vida, y era fiel y leal a Él, lo erróneo quedaría de lado y todo resultaría bien”, dice. Si ponía a Dios en primer lugar y si su relación con Mei Wah era buena, el Padre Celestial haría que todo saliera bien. Siguió adelante con confianza y se casó con su novia en el Templo de Hong Kong, China. “He sido inmensamente bendecido por poner mi confianza en el Señor”, afirma.

Tratar de hacer Su voluntad

Otra manera de desarrollar la confianza en el Padre Celestial es hacer Su voluntad. Marta Fernández-Rebollos, de Tarragona, España, aprendió a confiar en Él cuando tomó la decisión de mantener sus normas.

El joven con el que estaba de novia no era miembro de la Iglesia ni tenía interés en convertirse. “Mi espíritu empezó a luchar entre lo que se me había enseñado sobre el matrimonio eterno y las cientos de excusas que el corazón me daba para renunciar a todo y casarme con él por esta vida solamente”, explica. “Aquéllos fueron meses de confusión, dolor y muchas lágrimas”.

Desconcertada por la indecisión, Marta fue a su cuarto a buscar guía en su bendición patriarcal. En ella leyó lo que se le había prometido si tomaba decisiones correctas y, echándose a llorar, supo lo que tenía que hacer. “Las consecuencias de terminar con él dejaron de preocuparme. No sabía lo que me esperaba, pero tenía la convicción de que, mientras me mantuviera del lado del Señor, sin duda sería algo bueno. Me he dado cuenta de que, cuando elevamos nuestra visión y seguimos las impresiones del Espíritu Santo, descubrimos que los frutos de la rectitud son ‘lo más dulce, superior a todo cuanto [hayamos] probado antes’ (1 Nefi 8:11)”.

En Proverbios 3:5–6, leemos:

“Confía en Jehová con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia.

“Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas”.

No siempre es fácil desarrollar confianza en Dios y en Sus planes. Cada uno de nosotros enfrenta dificultades particulares. Tal vez ustedes no hayan encontrado todavía en su barrio o rama una persona con la que tengan afinidad; puede que se hayan casado pero no tengan hijos; es posible que estén haciendo frente a un divorcio; o quizás por experiencias anteriores tengan temor a comprometerse. El Señor conoce sus luchas y les pide que confíen en Él. Al aprender a confiar en el Padre Celestial, recibirán paz y guía.

Tu confianza en Dios debe ser fuerte y perdurable

Élder Richard G. Scott

“Esta vida es una experiencia en cuanto a confiar profundamente: confiar en Jesucristo, en Sus enseñanzas y en nuestra capacidad, guiados por el Santo Espíritu, de obedecer las enseñanzas que nos darán felicidad ahora y una existencia eterna significativa y de supremo gozo. Confiar quiere decir obedecer voluntariamente desde el principio sin saber el fin (véase Proverbios 3:5–7). Para producir fruto, tu confianza en el Señor debe ser más fuerte y duradera que la que tengas en tus propias ideas y experiencia…

“…si confías en Él, si ejerces la fe en Él, Él te ayudará”.

Véase élder Richard G. Scott, del Quórum de los Doce Apóstoles, “La confianza en el Señor”, Liahona, enero de 1996, págs. 18–19.

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    Nota

  1.   1.

    Véase Ezra Taft Benson, “El Señor en primer lugar”, Liahona, julio de 1988, pág. 4.