Cómo encontrar refugio en el Evangelio


Los miembros de Kenya se destacan al vivir el Evangelio y establecer refugios para ampararse del mundo.

Con una población de más de tres millones de habitantes, Nairobi, Kenya, es una de las ciudades más pobladas de África del Este; es un lugar de mucho ajetreo lleno de automóviles, camiones y mutatus (camionetas que se usan como sistema privado de autobuses) que van a toda prisa por las calles. Es una ciudad de trenes, turismo y fábricas, y es la sede de la segunda y más antigua bolsa de valores del continente.

Sin embargo, hacia el sur, a menos de 7 km del corazón de la capital de Kenya, se encuentra un tranquilo campo. En el Parque Nacional de Nairobi, los terrenos están protegidos y da la impresión de que lo han estado por muchos años. En el horizonte, contra el panorama de la ciudad, se aprecian jirafas, búfalos de agua, ñus, cebras, hipopótamos, antílopes africanos, elands y rinocerontes que exploran y pastan; los leones dormitan bajo las acacias y el parque proporciona a estos animales un refugio contra el acoso de la civilización.

Por todo Kenya existen refugios más pequeños de otra índole. Los miembros de la Iglesia han establecido refugios de las presiones del mundo; al vivir el Evangelio, están estableciendo lugares santos en los cuales permanecer (véase D. y C. 45:32; 87:8).

Cómo obtener fortaleza mediante los valores

Opra Ouma dice que recordar los valores de las Mujeres Jóvenes le da la fortaleza para vivir el Evangelio. “Incluso si no estoy en compañía de los jóvenes adultos solteros Santos de los Últimos Días, cuando me encuentro en el mundo, puedo poner en práctica los valores de las Mujeres Jóvenes y todavía sentirme segura”, afirma.

Opra conoció por primera vez esos valores antes de bautizarse. Un día, cuando tenía 17 años, Opra vio a los misioneros en la calle y se preguntó quiénes serían. Estudió el Evangelio durante un año y se bautizó después de que cumplió los 18 años. La comunidad de los Santos de los Últimos Días la fortalece espiritualmente.

“Cuando estoy en la capilla con los demás jóvenes adultos solteros me siento segura, pero cuando me encuentro fuera en el mundo, no me siento muy segura porque la mayor parte del tiempo yo soy la única Santo de los Últimos Días del grupo”, dice. “A veces es muy difícil, ya que las normas del mundo y las normas de la Iglesia son totalmente diferentes”.

Aferrarse a la barra

El estudio de las Escrituras ha ayudado a Stephen Odhiambo Mayembe a encontrar respuestas que él considera que no podemos encontrar solos. “Si estudiamos las Escrituras, podemos encontrar las respuestas a algunos de los problemas de la vida cotidiana”, afirma. “Además, el estudiar las Escrituras nos dará el valor para perseverar hasta el fin, ya que siempre estarán a nuestro alcance para enseñarnos y mostrarnos lo que debemos hacer”.

El estudio del Libro de Mormón ayudó a Stephen a adquirir un testimonio de la Iglesia. Durante una visita a la casa de su tía, que era miembro de la Iglesia, ella lo invitó a ir a la capilla. Después de que empezó a leer el Libro de Mormón, oró para saber si era verdadero y recibió una respuesta.

Él dice que el leer las Escrituras con regularidad lo ayuda a cumplir las normas de la Iglesia a pesar de que las personas que lo rodean ponen en duda sus creencias. “Al ser miembro de la Iglesia, mi fe se ha fortalecido, y por ello me es posible decir que ‘no [puedo] ser descarriado’ (véase Jacob 7:5)”, afirma.

Esperar en Jehová

Sharon Poche ha descubierto que el decidir ser diferente facilita vivir el Evangelio. Ella está resuelta a guardar los mandamientos, y sus amistades respetan esa decisión; elige mantenerse alejada de situaciones que le harían difícil vivir rectamente.

Al hablar sobre la línea que existe entre lo bueno y lo malo, ella afirma: “Cuando uno decide pisar esa línea, esa línea sumamente fina, entonces se hace difícil, porque en cualquier momento uno puede caer”.

Sharon conoció la Iglesia a los 14 años, cuando su mamá decidió bautizarse. Leer el Libro de Mormón le costó mucho porque Sharon, que es miembro de la tribu Nandi, habla Kalenjin, su idioma natal. A pesar de las dificultades, empezó a leer el Libro de Mormón en inglés. “Tuve el sentimiento de que era algo bueno, y por tener un sentimiento cálido, seguí adelante. Oré hasta que supe que era verdadero”, afirma.

Ella deseaba bautizarse, pero su padre no se lo permitió; de modo que durante cuatro años asistió a la Iglesia, a seminario y a las actividades de los jóvenes mientras esperaba la oportunidad de unirse a la Iglesia.

Cuando cumplió 18 años, fue bautizada y confirmada. Fue a la universidad y estudió psicología. Se casó con Joseph Poche en febrero de 2013, y poco después viajaron al Templo de Johannesburgo, Sudáfrica, para ser sellados. Dijo que estudiar el Evangelio la ayuda a centrarse en las cosas importantes en un mundo que fácilmente podría distraerla.

“Sé cuál es el propósito de la vida y por qué estamos aquí en la tierra”, dice. “Ese conocimiento me ayuda a concentrarme en las cosas más importantes”.

Mayor fortaleza

Dentro del Parque Nacional de Nairobi hay un refugio animal para rinocerontes negros. El parque se encarga de criar esos animales en peligro de extinción a causa de los cazadores y de reubicarlos a otros parques para restaurar la población animal. Se lo ha reconocido como uno de los refugios animales de más éxito e importancia en Kenya.

De igual modo, el Evangelio proporciona refugios a donde los miembros de la Iglesia pueden ir para recibir fortaleza, adquirir el valor de propagar el Evangelio y establecer baluartes de fe.

Para más información sobre este tema, véase Robert D. Hales, “Permaneced firmes en lugares santos”, Liahona, mayo de 2013, pág. 48.

Guardar las normas del Evangelio

“Debemos estar atentos en un mundo que se ha alejado tanto de lo que es espiritual. Es esencial que rechacemos cualquier cosa que no se ajuste a nuestras normas, negándonos, en el proceso, a renunciar a lo que más deseamos: la vida eterna en el reino de Dios. Las tormentas aún nos azotarán en ocasiones, porque son una parte inevitable de nuestra existencia en la mortalidad. Sin embargo, nosotros estaremos mucho mejor preparados para afrontarlas, aprender de ellas y sobrellevarlas si tenemos el Evangelio como centro de nuestra vida y el amor del Salvador en nuestro corazón”.

Presidente Thomas S. Monson, “Permaneced en lugares santos”, Liahona, noviembre de 2011, pág. 84.