2013
Soy cristiana
Agosto 2013


Soy cristiana

Kathy Fjelstul Craig, Arizona, EE. UU.

Soy maestra de segundo grado en una comunidad donde los Santos de los Últimos Días son bien conocidos, así que me sorprendí un día cuando un colega me dijo el comentario que otra colega había hecho de mí. La maestra había dicho: “¿Sabía usted que la señora Craig no es cristiana?”.

Me sentí afligida. Acababa de perder a quien fue mi esposo por 28 años y estaba más cerca del Salvador y de mi Padre Celestial que en ningún otro momento de mi vida. Sabía que debía compartir mi testimonio con esa maestra, pero no estaba segura de cómo hacerlo. No quería ofenderla, pero también quería que ella supiera que los Santos de los Últimos Días son cristianos.

A la mañana siguiente, el Espíritu Santo me susurró lo que debía decir. Mientras estaba acostada, pensé en todos los cuadros que tenía en casa sobre la vida de Jesucristo. Cada pintura tenía un lugar especial en mi corazón y se relacionaba con un momento especial de mi vida. El pensar en esos cuadros me trajo tiernos sentimientos en cuanto al amor que tengo por el Salvador.

Una pintura en particular muestra al Salvador calmando el mar tempestuoso, y eso me recuerda que Él lo conquista todo y que, mediante Él, yo también puedo superar todas las cosas, incluso la pena de perder a mi esposo.

Mientras seguía reflexionando en los cuadros, me inundó un sentimiento de gratitud por las bendiciones que había recibido por pertenecer a la Iglesia del Salvador.

Esa mañana en la escuela, fui hasta el salón de clases de mi colega y le dije que quería que supiera que soy cristiana. Le pregunté: “¿Cuántos cuadros del Salvador tiene usted en su casa?”. Me dijo que en vez de cuadros, ella tenía dos cruces.

Le hablé acerca de los cuadros del Salvador que tenía en casa y lo que las escenas representadas en ellos significaban para mí. Después expresé mi testimonio de Jesucristo y de Su expiación.

También le dije que sólo mediante mi conocimiento de Jesucristo había podido sobrellevar el año anterior. Le dije cómo las tiernas misericordias de Él habían ayudado a mis hijos y a mí a superar el difícil momento de perder a un padre y esposo.

Al salir la abracé y ella me brindó una disculpa sincera; no tuve duda en mi corazón de que ella supo que yo, un miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, soy cristiana.