La obediencia: la característica distintiva de la fe


F. Michael Watson
Ruego que nos esforcemos por obedecer los mandamientos, que sigamos la guía divina de los siervos escogidos del Señor y recibamos las bendiciones prometidas de Su mano.

La obediencia a las leyes y los mandamientos de Dios ha sido, y siempre será, un requisito para aquéllos que procuren recibir las bendiciones prometidas del Salvador.

En mayo de 1833, el profeta José Smith recibió una revelación en la que el Señor declaró:

“La verdad es el conocimiento de las cosas como son, como eran y como han de ser…

“y ningún hombre recibe la plenitud, a menos que guarde [los] mandamientos [de Dios].

“El que guarda sus mandamientos recibe verdad y luz, hasta que es glorificado en la verdad y sabe todas las cosas” (D. y C. 93:24, 27–28; cursiva agregada).

Al estudiar y obedecer las verdades que se encuentran en las leyes y ordenanzas del Evangelio, aprendemos cuáles son las bendiciones prometidas del Evangelio y las recibimos. De acuerdo con la sabiduría y el tiempo de nuestro Padre Celestial, las verdades que guían a los Santos de los Últimos Días están llegando al alcance de todos los hijos de Dios, ya que, tal como Él lo declaró: “…ésta es mi obra y mi gloria: Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre” (Moisés 1:39).

Nuestro amado profeta, el presidente Thomas S. Monson, ha aconsejado: “…obedezcan las leyes de Dios; nos han sido dadas por un amoroso Padre Celestial. Si se obedecen, nuestra vida será más plena y menos complicada. Nuestros desafíos y problemas serán más fáciles de sobrellevar y recibiremos las bendiciones prometidas del Señor. Él ha dicho: ‘…el Señor requiere el corazón y una mente bien dispuesta; y los de buena voluntad y los obedientes comerán de la abundancia de la tierra de Sión en estos postreros días’”1.

Las palabras del presidente Monson se asemejan a las de antaño, cuando Nefi le dijo a su padre: “Iré y haré lo que el Señor ha mandado, porque sé que él nunca da mandamientos a los hijos de los hombres sin prepararles la vía para que cumplan lo que les ha mandado” (1 Nefi 3:7).

Una canción de los niños nos recuerda nuestro deber y nuestro rumbo:

Iré y haré lo que mande el Señor.
La vía Él preparará y obedeceré2.

En la medida en que recordemos el consejo de nuestro profeta en cuanto a guardar fielmente los mandamientos y nos acordemos de la respuesta que Nefi dio a su padre, llegaremos a ser un pueblo bendito.

Siguiendo las instrucciones del ángel Moroni, el profeta José le dijo a su padre terrenal lo que había acontecido. Al enterarse de que a su hijo se le confiarían las planchas de oro, el padre de José Smith dijo “que era de Dios, y me dijo que fuera e hiciera lo que el mensajero me había mandado” (José Smith—Historia 1:50). Si José no hubiese obedecido el consejo que había recibido tanto del cielo como en la tierra, habría cambiado el curso de la historia.

¿Cuándo podemos bautizarnos?

Nuestros misioneros oran, van y actúan, confiando en que el Señor no les dará ningún mandamiento a menos que Él prepare la vía para que tengan éxito por medio de su obediencia y disposición a prestar servicio. Ellos confían en Su promesa: “Y quienes os reciban, allí estaré yo también, porque iré delante de vuestra faz. Estaré a vuestra diestra y a vuestra siniestra, y mi Espíritu estará en vuestro corazón, y mis ángeles alrededor de vosotros, para sosteneros” (D. y C. 84:88).

Muchas personas que buscan la verdad siguen las enseñanzas de nuestros misioneros de buen grado. Con frecuencia, quienes anhelan ser contados entre los creyentes ya tienen el deseo de convertirse en obedientes seguidores de la verdad. Ellos también están dispuestos a ir y a actuar.

Tal fue el caso de cuarenta y dos personas que asistieron a una conferencia de distrito en Kananga, República Democrática del Congo. Fueron por su propia voluntad, porque habían leído y escuchado las verdades de la Restauración, habían comenzado a vivir los principios del Evangelio y tenían el deseo de llegar a ser miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días3.

Obedientes a las impresiones del Espíritu y con fe en cada paso, habían caminado durante seis días para asistir a la conferencia. Una vez allí, la primera pregunta que le hicieron a la autoridad que presidía fue: “¿Cuándo podemos bautizarnos?”.

Comprendían que el Señor, tarde o temprano, haría posible que los misioneros les enseñaran en sus hogares y les llevaran la verdad que habían estado buscando por tanto tiempo. Unas doscientas personas más que no podían realizar el viaje de seis días esperaban la noticia de que los misioneros pronto irían a verlos.

La oración de fe

En el país de Angola, la oposición amenazaba con frustrar el deseo que tenían los santos fieles y obedientes de ver que el Evangelio se arraigara en su tierra. El Señor había enviado a Sus siervos para abrir la puerta a la obra misional, pero en la víspera del día que se suponía que viajarían, los visados aún no se habían concedido. Cuando los representantes de la Iglesia fueron a ver a los oficiales de inmigración en cuanto a la demora, no los recibieron.

Habiendo recibido la aprobación de la Primera Presidencia para dedicar Angola para la obra misional, el élder D. Todd Christofferson, del Quórum de los Doce Apóstoles, junto con otras personas, esperaban novedades en Johannesburgo, Sudáfrica. Al mismo tiempo, la fiel miembro Paulina Lassalete da Cunha Gonçalves intentaba abrir lo que parecía una puerta cerrada; esperaba conseguir cartas de invitación mediante las cuales el grupo de la Iglesia obtuviera permiso para ingresar en Angola. Cuando estuvieran allí, podrían obtener los visados que necesitaban.

Pocos minutos antes de que las oficinas de gobierno cerraran en Angola, el élder Christofferson se reunió con las personas que esperaban en las oficinas del Área África Sureste. Entonces, de rodillas, oró y le pidió al Padre Celestial que interviniera. En ese mismo momento, inmediatamente después de haber orado con fe, se firmaron las cartas de invitación. Un amoroso Padre Celestial había preparado el camino para el día de la dedicación. A pedido del élder Christofferson, se ofreció una humilde oración de agradecimiento por el milagro concedido4.

Las palabras de la canción de la Primaria son dulces y claras:

Padre Celestial, dime, ¿estás ahí?
¿Y escuchas siempre cada oración?5.

Sí, Él está ahí, y sí, Él siempre escucha las oraciones de Sus hijos obedientes.

La obediencia ha sido la característica distintiva de los profetas y es una fuente de fortaleza espiritual que está a disposición de toda persona que siga fielmente a los siervos de Dios. El presidente Monson les ha recalcado a los santos que es necesario obedecer los mandamientos, ya que “[tendrán] gran consuelo y [sentirán] paz”6.

Ruego que nos esforcemos por obedecer los mandamientos, que sigamos la guía divina de los siervos escogidos del Señor y recibamos las bendiciones prometidas de Su mano.

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    Notas

  1.   1.

    Thomas S.Monson, “Crean, obedezcan, perseveren”, Liahona, mayo de 2012, pág. 128.

  2.   2.

    “El valor de Nefi”, Canciones para los niños, pág. 64.

  3.   3.

    Me encontraba presente en la conferencia de distrito en Kananga, a la que asistieron cuarenta y dos investigadores.

  4.   4.

    Tuve la bendición de presenciar los acontecimientos en Johannesburgo y de viajar con el élder Christofferson a Angola; para leer el informe sobre la visita que él y el élder Jeffrey R.Holland hicieron a África, véase “Apostles Bless Two African Nations” [Apóstoles bendicen dos naciones africanas], Church News, 6 de noviembre de 2010, págs. 8–10.

  5.   5.

    “Oración de un niño”, Canciones para los niños, pág. 6.

  6.   6.

    “Siempre obedece los mandamientos”, Canciones para los niños, pág. 68.