Cuatro palabras que te servirán de guía

Tomado de un discurso pronunciado en un devocional de la Universidad Brigham Young el 16 de enero de 1973.


Thomas S. Monson
Dios los guiará en su decisión de servirle y guardar Sus mandamientos en la medida en que escuchen, aprendan, trabajen y amen.

Me fijé algunas metas que me gustaría compartir con ustedes con la esperanza de que se unan a mí y tomen las mismas decisiones. En primer lugar, escucharé; segundo, aprenderé; tercero, trabajaré; y cuarto, amaré. Estos cuatro conceptos bien pueden determinar nuestro destino.

Escuchar

Desearía que escucharan a su madre y que escucharan a su padre, quienes se arrodillan cada mañana y cada noche para orar por ustedes, para pedirle a nuestro Padre Celestial que los cuide y los guíe en sus decisiones; desearía que se comportaran prudentemente. Considero que, cuando apreciamos a nuestros padres y el hecho de que se preocupan por nosotros, estamos honrándolos, y las palabras que fueron pronunciadas en el monte Sinaí cobran un significado personal: “Honra a tu padre y a tu madre” (Éxodo 20:12).

Confío en que escucharemos las palabras de los profetas y también espero que escuchemos los susurros del Santo Espíritu. Les prometo que, si aguzamos nuestros oídos para escuchar al Santo Espíritu, si hay en nuestro corazón un deseo de rectitud y nuestra conducta refleja ese deseo, seremos guiados por ese Santo Espíritu.

Espero que yo siempre preste atención a los susurros de ese Santo Espíritu, y que cada día del año ustedes y yo tengamos la oportunidad de responder a esas impresiones y a la influencia de nuestro Padre Celestial que nos guía. Por eso, prometo que escucharé.

Aprender

En segundo lugar, aprenderé. No es suficiente con simplemente escuchar si no aprendemos. Hago la promesa de que aprenderé más de las Escrituras, y espero que ustedes también tengan ese privilegio. ¿No sería grandioso si aceptáramos de todo corazón el consejo del Señor: “Buscad palabras de sabiduría de los mejores libros; buscad conocimiento, tanto por el estudio como por la fe”? (D. y C. 88:118). Aprendamos de los libros canónicos, pero aprendamos también de la vida de los líderes de la Iglesia y de la vida de las personas más cercanas a nosotros.

Por ejemplo, yo sé que puedo aprender paciencia al estudiar mejor la vida de nuestro Señor y Salvador. ¿Se imaginan la decepción que debe haber sentido, sabiendo que Él tenía las llaves que conducen a la vida eterna y que tenía la manera de que ustedes y yo entráramos en el reino celestial de Dios, cuando llevó Su evangelio a las personas en el meridiano de los tiempos y vio que lo rechazaban a Él y a Su mensaje? Aun así, Él mostró paciencia; aceptó Su responsabilidad en la vida, incluso hasta la cruz y, antes de eso, en el Jardín de Getsemaní. Espero aprender paciencia del Señor.

Los insto a que conmigo prometan: Aprenderé.

Trabajar

En tercer lugar, trabajaré. No es suficiente desear, no es suficiente soñar, no es suficiente prometer; debemos hacer. El Señor dijo: “Quien mete su hoz con su fuerza atesora… de modo que no perece” (D. y C. 4:4; cursiva agregada). Y Nefi declaró: “Iré y haré lo que el Señor ha mandado” (1 Nefi 3:7). Santiago resumió esta lección: “Sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos” (Santiago 1:22).

Por ejemplo, hace años, durante un verano, tenía un fin de semana libre; sin embargo, el Espíritu me inspiró a cumplir con una responsabilidad, para lo cual tomé un avión rumbo a California. Cuando me senté, el asiento de al lado estaba vacío; finalmente una hermosa joven lo ocupó. Noté que estaba leyendo un libro, así que, como la gente acostumbra hacer, le di una ojeada al título. El autor era miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, así que le dije: “Ah, debes ser mormona”.

Ella respondió. “Oh, no. ¿Por qué lo dice?”.

A lo cual contesté: “Bueno, es que estás leyendo un libro escrito por un miembro prominente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días”.

“Ah, ¿sí? Un amigo me lo dio, pero no sé mucho al respecto. De todos modos, me ha despertado curiosidad”.

Entonces me pregunté: ¿Debería ser audaz y decir más acerca de la Iglesia? Recordé las palabras de Pedro: “Estad siempre preparados” (1 Pedro 3:15). Así que decidí que debía expresar mi testimonio en ese momento. Tuve el privilegio de contestar sus preguntas respecto a la Iglesia; preguntas inteligentes que provenían de un corazón que estaba buscando la verdad. Le pregunté si estaba de acuerdo con que les pidiera a los misioneros que se pusieran en contacto con ella, y le pregunté si deseaba asistir a nuestra rama para jóvenes adultos en San Francisco. Sus respuestas fueron afirmativas. Cuando regresé a casa, le escribí al presidente de estaca y le pasé esa información. Se imaginarán mi felicidad cuando más adelante recibí una llamada del presidente de estaca y me contó que la joven se había convertido en el miembro más nuevo de la Iglesia. Quedé encantado.

Soy consciente de que tengo la responsabilidad de trabajar.

Amar

Y luego, la última promesa: Amaré. ¿Recuerdan la respuesta que dio el Salvador a la pregunta que hizo el intérprete de la ley?: “Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento de la ley?”.

Jesús contestó: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:36–39).

El dramaturgo inglés William Shakespeare escribió: “Quienes no muestran su amor, no aman”1. ¿Cómo podemos demostrar, tanto ustedes como yo, nuestro amor por Dios y por nuestro prójimo? Mediante la obediencia a los mandamientos de Dios y al consejo de Sus siervos. Tenemos el privilegio de obedecer la ley del diezmo, de obedecer el código moral, de obedecer la palabra de nuestro Padre Celestial en cada aspecto de nuestra vida.

Nuestro Padre Celestial determina nuestro amor por Él según la forma en que lo servimos a Él y cómo prestamos servicio a nuestro prójimo.

La decisión es de ustedes

Cuatro promesas: Escucharé, aprenderé, trabajaré, amaré. En la medida en que cumplamos con estos compromisos, podremos tener la guía de nuestro Padre Celestial y experimentar verdadero gozo en la vida.

La decisión es de ustedes; la decisión es mía; debemos recordar que lo que escojamos, nuestras decisiones, determinan nuestro destino. Dios los guiará en su determinación de servirle y de guardar Sus mandamientos en la medida en que escuchen, aprendan, trabajen y amen.

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    Nota

  1.   1.

    William Shakespeare, Los dos hidalgos de Verona. Véase http://es.citatepedia.net