Cuaderno de la conferencia de abril de 2013


“Lo que yo, el Señor, he dicho, yo lo he dicho… sea por mi propia voz o por la voz de mis siervos, es lo mismo” (D. y C. 1:38).
A medida que repase la conferencia general de abril de 2013, puede utilizar esta página (y los cuadernos de la conferencia de ejemplares futuros) para ayudarle a estudiar y aplicar las enseñanzas recientes de los profetas y apóstoles vivientes, así como de otros líderes de la Iglesia.

Para leer, ver o escuchar los discursos de la conferencia general, visite conference.lds.org.

Relatos de la conferencia

Una luz en África

De “La esperanza de la luz en Dios”, Liahona, mayo de 2013, pág. 76.

Hace algunos años, mi esposa Harriet y yo tuvimos una experiencia memorable en la que vimos que se cumplía esa promesa. Estábamos en África Occidental, una bella parte del mundo donde la Iglesia está creciendo y los Santos de los Últimos Días son encantadores. A pesar de eso, África Occidental tiene muchos problemas; en particular, me entristeció la pobreza que vi. En las ciudades el desempleo es muy alto, a las familias a menudo se les dificulta proveer de lo necesario para sus necesidades diarias así como permanecer fuera de peligro. Se me partió el alma al enterarme de que muchos de nuestros apreciados miembros de la Iglesia viven en tanta pobreza; pero también supe que esos buenos miembros se ayudan mutuamente para no pasar hambre.

Finalmente llegamos a uno de nuestros centros de reuniones cerca de una ciudad grande, pero en vez de encontrar a un pueblo agobiado y consumido por la oscuridad, descubrimos a una gente alegre ¡que irradiaba luz! La felicidad que sentían por el Evangelio era contagiosa y nos levantaron el ánimo. El amor que nos expresaron nos llenó de humildad. Sus sonrisas eran genuinas y contagiosas.

Recuerdo que en ese momento me pregunté si habría otro pueblo más feliz sobre la faz de la tierra. Aunque estos queridos santos estaban rodeados de dificultades y pruebas, ¡estaban llenos de luz!

La reunión comenzó y yo empecé a hablar; pero poco después se cortó la luz en el edificio y quedamos en absoluta oscuridad.

Durante un tiempo, apenas podía ver a las personas de la congregación, pero sí veía y sentía las brillantes y hermosas sonrisas de nuestros santos. ¡Cuánto disfruté de estar con esas personas maravillosas!

Como continuaba la oscuridad en la capilla, me senté junto a mi esposa y esperé a que volviera la luz. Mientras esperábamos, sucedió algo extraordinario.

Algunas voces empezaron a cantar uno de los himnos de la Restauración. Entonces otros se unieron a ellos, y luego otros más. En poco tiempo, nos envolvía un dulce coro de voces que llenaba la capilla.

Esos miembros de la Iglesia no necesitaban himnarios; sabían cada palabra de cada himno que cantaban. Y cantaron una canción tras otra con una energía y un espíritu que me conmovieron el alma.

Con el tiempo, las luces volvieron a encenderse y bañaron de luz el salón. Harriet y yo nos miramos y lágrimas mojaban nuestras mejillas.

En medio de gran oscuridad, esos bellísimos y maravillosos santos habían llenado la capilla y nuestras almas de luz.

Fue un momento profundamente conmovedor para nosotros, uno que Harriet y yo nunca olvidaremos.

Otros materiales de consulta sobre este tema: Principios del Evangelio, 2009, “El Espíritu Santo”, págs. 32–35; “Esperanza” y “Espíritu Santo” en Temas del Evangelio en LDS.org; Dieter F. Uchtdorf, “El poder infinito de la esperanza”, Liahona, noviembre de 2008, págs. 21–24.

Palabras proféticas sobre las flaquezas humanas

“En esta Iglesia lo que sabemos siempre prevalecerá sobre lo que no sabemos; y recuerden que en este mundo todos debemos andar por medio de la fe.

“De modo que sean tolerantes con las flaquezas humanas, tanto con las propias así como con las de aquellos que sirven con ustedes en una Iglesia dirigida por voluntarios, hombres y mujeres mortales. Excepto en el caso de Su Hijo Unigénito perfecto, Dios se ha tenido que valer de gente imperfecta, lo cual ha de ser terriblemente frustrante para Él, pero se conforma con ello; y nosotros debemos hacerlo también… de modo que seamos pacientes, amables y prestos a perdonar”.

Élder Jeffrey R. Holland, del Quórum de los Doce Apóstoles, “Creo”, Liahona, mayo de 2013, pág. 94.

La santidad del matrimonio

“El mandamiento de multiplicarse y henchir la tierra sigue vigente hoy. Por tanto, el matrimonio entre un hombre y una mujer es el medio autorizado por el cual los espíritus premortales entran en la mortalidad. La abstinencia sexual absoluta antes del matrimonio y la total fidelidad dentro de él protegen la santidad de este medio sagrado”.

Élder David A. Bednar, del Quórum de los Doce Apóstoles, “Creemos en ser castos”, Liahona, mayo de 2013, pág. 42.