Serviré a Dios con todo mi corazón, alma, mente y fuerza


Un día, durante el recreo, Madison vio a una niña que estaba llorando porque alguien le había dicho algo cruel. Madison se sintió mal por la niña y fue hacia ella para consolarla. “¿Te gustaría jugar conmigo?”, le preguntó a la niña.

Ese día, Madison sirvió con el corazón, siguió el ejemplo de Jesucristo y mostró amor a alguien que lo necesitaba. Para mostrar nuestro amor por el Padre Celestial podemos servir a los demás con nuestro corazón, alma, mente y fuerza. ¡Podemos servir con todo nuestro ser!

¿Cómo servimos con el corazón? Para servir con el corazón, podemos demostrar amor y bondad a los demás. Nos importa lo que otras personas necesitan. Cuando servimos alegremente, servimos con el corazón.

¿Cómo servimos con la mente? Para servir con la mente podemos pensar en maneras de ayudar a los demás. Cuando vemos las necesidades de las personas que nos rodean y pensamos en lo que podríamos hacer para ayudar, estamos sirviendo con la mente.

¿Cómo servimos con nuestra alma y fuerza? Servir con el alma y la fuerza podría ser al hacer nuestros quehaceres y trabajar arduamente para ayudar a los demás. Muchas veces podemos bendecir y servir a las personas mayores al hacer cosas que sean difíciles para ellos.