Quiero mucho a mi mamá y me gusta ayudarla a lavar los platos. También oro por mi papá. Sé que el Padre Celestial nos dice: “No lastimes a las personas, no te burles ni las insultes, y no lastimes a los animalitos”.

Ya-Se C., 4 años, Taiwán

Durante la noche de hogar, me gusta dar un pensamiento de las Escrituras y decir la oración. Me gustan mis amigos de la Primaria y me gusta criar palomas y cuidarlas. Me gustaría ir al Templo de Nauvoo, Illinois, algún día, y también quiero ser un misionero. ¡Quiero mucho a mi familia! Sé que la Iglesia es verdadera y me encanta el Libro de Mormón.

Prince M., 9 años, Filipinas

Sé que Jesucristo vive, que nos ama, y que la Iglesia es verdadera. El relato del árbol de la vida enseña que si seguimos las enseñanzas del Evangelio, podemos ser felices.

Manuelis R., 5 años, Venezuela

Tratando de ser más como Cristo

Un día, cuando salí del gimnasio de la escuela, todas las cosas que llevaba en mi mochila estaban tiradas, y un juguete que tenía allí ya no estaba. Pensé que mi amigo se había llevado el juguete, porque ese mismo día había intentado que se lo vendiera. Yo estaba triste porque eso significaba que ya no seríamos amigos. Esa noche, oré para que quien se hubiera llevado el juguete comprendiera que había hecho mal y que me lo devolviera. Al día siguiente en la escuela, mi amigo me devolvió el juguete y me pidió que lo perdonara para que pudiéramos volver a ser amigos. Yo estaba muy contento y lo perdoné. Estoy agradecido porque el Espíritu Santo ayudó a mi amigo y a mí a hacer lo justo. Sé que siempre puedo orar al Padre Celestial y Él me ayudará.

Brandon A., 8 años, México

Una vez, mi mamá y yo llevamos a mis hermanos al aeropuerto porque se iban de viaje. Había mucho tránsito y temíamos que íbamos a perder el vuelo. Mi mamá tampoco se sentía muy bien; entonces hice una oración, y tuve fe en que sería contestada. ¡Pudimos llevar a mis hermanos para que tomaran el avión a tiempo! Sé que el Padre Celestial escuchó mi oración.

Sara P., 11 años, Italia

Cuando sólo faltaban uno o dos días para mi bautismo y confirmación, tenía fiebre y no me sentía muy bien. No quería aplazar mi bautismo; sentía que debíamos seguir con el día planeado. Muchos familiares y amigos, algunos de los cuales no eran miembros de la Iglesia, vinieron a mi bautismo. Cuando me bauticé, la fiebre se bajó de inmediato, y me sentí mucho mejor. Ese día sentí el Espíritu Santo muy fuerte. Estoy agradecida por haber podido ser bautizada y haber recibido el Espíritu Santo.

Sara M., 8 años, España

Siempre recordaré el día de mi bautismo, porque fue el día más importante de mi vida. Fue el día en que hice un convenio con el Padre Celestial. Sé que el Padre Celestial y Su Hijo Jesucristo viven, y que me aman mucho. Me encanta ir al templo, aunque todavía no puedo entrar.

Milton Aarón V., 10 años, Ecuador