Escribir lo correcto


Cara sabía la verdad; pero, ¿sería lo suficientemente valiente para escribir sobre ella?
“…no me avergüenzo del evangelio de Cristo” (Romanos 1:16).

Cara dejó el lápiz a un lado y miró fijamente el papel que estaba sobre el escritorio; estaba en blanco, excepto por su nombre y la marca grande de un borrón. “¿Qué debo escribir?”, pensó.

Al otro lado de la fila, su amiga Lily estaba ocupada escribiendo. Cara bajó la cabeza y la apoyó sobre el brazo.

A Cara le gustaba mucho su nueva escuela; funcionaba en el edificio de una iglesia de otra religión, y su nueva clase era lo suficientemente pequeña para que su maestra, la Sra. Schmidt, la ayudara con matemáticas. Todos los días, después de la clase de matemáticas, la Sra. Schmidt enseñaba una lección de la Biblia. Normalmente, las lecciones de la Biblia eran muy parecidas a lo que Cara había aprendido en casa y en la Primaria.

Sin embargo, hacía unas semanas, durante una lección en cuanto al bautismo, la Sra. Schmidt le había dicho a la clase que los bebés que morían antes de ser bautizados no podían ir al cielo. Entonces dijo que uno de sus hijos había muerto al nacer. Cuando dijo eso, pareció que la Sra. Schmidt iba a llorar.

“Pero los bebés que mueren van al cielo”, quería decir Cara. Si la Sra. Schmidt tan sólo supiera eso, quizás ya no estaría tan triste. Pero a Cara le daba mucha vergüenza decir algo.

Al salir de la escuela, Cara le contó a su madre lo que la Sra. Schmidt había dicho. “Saber que los bebés van al cielo es una de las bendiciones que tenemos gracias al Libro de Mormón”, le dijo su mamá. Cara tenía la esperanza de que la Sra. Schmidt leyera el Libro de Mormón algún día; deseaba tener el valor para hablarle de eso.

Y ahora, en la lección de hoy, la Sra. Schmidt le había dicho a la clase que Dios, Jesús y el Espíritu Santo eran una sola persona. Cara pensó en que el Padre Celestial y Jesucristo se aparecieron a José Smith en la Arboleda Sagrada. Ella sabía que eran dos seres separados, y que cada uno tenía un cuerpo. Estaba contenta de estar segura de eso, incluso antes de hablar sobre ello con su mamá y su papá.

Pero entonces la Sra. Schmidt había dicho: “Clase, por favor tomen un papel y escriban sobre lo que hemos hablado”.

Fue entonces que Cara sintió un vacío en el estómago. Quería cumplir con la asignación de la manera en que la maestra quería que lo hicieran; pero, ¿podría ser lo suficientemente valiente para escribir lo que sabía que era verdad?

Con la cabeza sobre el escritorio, Cara comenzó a ofrecer una oración en silencio: “Por favor, querido Padre Celestial, ¿qué debo hacer?”.

Casi de inmediato, Cara comenzó a sentir calma y tranquilidad. El Espíritu Santo le hizo saber que si escribía lo que tenía en el corazón, todo estaría bien.

Cara levantó la cabeza, agarró el lápiz y comenzó a escribir.

El Padre Celestial y Jesucristo son dos personas distintas. Tienen cuerpos de carne y huesos como nosotros. El Espíritu Santo es un espíritu que nos puede hablar al corazón.

Después de escribir unas frases más, Cara dejó el lápiz sobre el escritorio. No sabía lo que la Sra. Schmidt pensaría de lo que había escrito, pero estaba contenta por haber sido capaz de decirle a su maestra algo que era importante y verdadero.

Presidente Dieter F. Uchtdorf

“Sé humilde y testifica de la restauración del Evangelio… Sé valiente; ten fe; no temas; confía en el Señor”.

Presidente Dieter F. Uchtdorf, Segundo Consejero de la Primera Presidencia, “The Restoration”, New Era, octubre de 2011, pág. 5.