La influencia de la música


Rosemary M. Wixom
Un experimento con ratones nos demuestra lo mucho que nos puede afectar la música que escuchamos.
youth listening to music

Cuando le pregunto a alguien: “¿Qué es lo que más recuerda de la Primaria?”, la respuesta suele ser: “La música”. La letra de las canciones de la Primaria nunca se olvida; las llevamos grabadas en el corazón. Tomemos, por ejemplo, las siguientes canciones de la Primaria. ¿Puedes completar cada frase?

“Yo trato de ser como…”

“Padre Celestial, dime, ¿…?”

“Mi maestra enseña que …”

Cuando terminabas cada frase, ¿lo hacías cantando la melodía?

Si es así, probablemente sea a causa de que la música nos aguza los sentidos, llega a las emociones y crea recuerdos. Por eso no debe sorprendernos el que celebremos las dedicaciones de los templos con programas culturales en los que la juventud participa con música y danza edificantes. Esos programas nos permiten “[aclamar] a Dios con alegría” y “[cantar] la gloria de su nombre” (Salmos 66:1–2).

La música siempre nos afecta

En Para la Fortaleza de la Juventud se enseña que la “música tiene una profunda influencia en tu mente, tu espíritu y tu comportamiento”1; puede enriquecer tu vida de muchas maneras, pero también puede ser peligrosa. El presidente Thomas S. Monson dijo: “La música puede acercarlos más al Padre Celestial, y puede servir para educar, edificar, inspirar y unir a las personas. Sin embargo, la música, por medio del ritmo, la intensidad y la letra, también puede adormecer la sensibilidad espiritual. No pueden darse el lujo de llenar su mente con música inapropiada”2. Tal vez ni siquiera importe si escuchas la letra con atención o no; las palabras que acompañan a la música con frecuencia se aprenden y recuerdan fácilmente3. Es por eso que se nos aconseja “[elegir] con cuidado la música que [escuchemos]”4.

Ratones, música y aprendizaje

mouse in maze

La música que escojas también puede influir en tu capacidad de lograr ciertas tareas o de aprender. Dos investigadores exploraron este aspecto al estudiar los efectos de la música y el ritmo en el sistema nervioso de unos ratones. Durante ocho semanas, un grupo de ratones escuchó de forma constante los valses de Strauss (música sumamente organizada y ordenada), mientras otro grupo escuchaba sonidos discordantes manifestados en un continuo redoble de tambores. A un tercer grupo se lo crió en silencio.

Tras las ocho semanas, colocaron a los ratones en un laberinto en busca de comida. Los ratones del segundo grupo se dispersaron sin sentido alguno de dirección —“un claro indicador de que estaban teniendo dificultades para aprender”— y les llevó mucho más tiempo encontrar la comida de lo que les había llevado al inicio del estudio. En los ratones expuestos “a sonidos discordes, no sólo surgieron dificultades de aprendizaje y memoria… sino que también sufrieron cambios estructurales en las neuronas”. El diagnóstico de los investigadores es muy interesante: “Creemos que los ratones trataban de compensar el bombardeo de ruido discordante… Luchaban contra el caos”5.

¿Cuál puede ser el “caos” —cosas que pueden impedirles aprender eficazmente— en cierta música de la actualidad? Tal vez tenga que ver con el ritmo y el compás (como con los ratones) o con las palabras que se empleen o el mensaje que se presente. El presidente Boyd K. Packer, Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles, dijo: “…la sociedad atraviesa un cambio sutil, pero poderoso. Se está volviendo cada vez más permisiva en aquellas cosas que acepta como modo de entretenimiento. Como resultado, mucha de la música que en la actualidad escuchamos de músicos populares parece estar más encaminada a agitar que a pacificar, a excitar más que a calmar”6.

Cuestión de tiempo y del Espíritu

Lo nocivo de la música estridente no se limita al ritmo y a la letra. Al escuchar esa música, también imposibilitamos los momentos de quietud que nos permiten pensar con claridad y escuchar al Espíritu. En Cartas del diablo a su sobrino, una popular novela cristiana, un personaje llamado Escrutopo representa a Satanás, y él trata de conducir a las almas buenas hacia su propia causa. Escrutopo dice: “Es curioso que los mortales nos pinten siempre dándoles ideas, cuando, en realidad, nuestro trabajo más eficaz consiste en evitar que se les ocurran cosas”7. Básicamente, Satanás sabe que no siempre tiene por qué llenarnos la mente de malos pensamientos si tan sólo puede lograr que no nos concentremos en las cosas del Espíritu. “Si escuchas música constantemente, tal vez no tengas el momento de tranquilidad necesario para pensar, sentir y recibir guía espiritual”8.

Necesitamos que el Espíritu Santo nos acompañe en todo momento. Por esa razón, tenemos que escoger con cuidado la música que escuchamos y los bailes a los que asistimos. Dejen que el Espíritu les sirva de guía, y cuando tengan dudas en cuanto a la música que estén escuchando o las circunstancias en que se encuentren, tengan la valentía de actuar de modo tal que el Espíritu pueda permanecer con ustedes.

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    Notas

  1.   1.

    Para la Fortaleza de la Juventud, librito, 2011, pág. 22.

  2.   2.

    Thomas S. Monson, A Prophet’s Voice: Messages from Thomas S. Monson, 2012, pág. 77.

  3.   3.

    Véase Jack R. Christianson, cita en “Author’s criterion for picking music: does it encourage a proper life style?”, Church News, 6 de mayo de1989, pág. 5.

  4.   4.

    Para la Fortaleza de la Juventud, pág. 22.

  5.   5.

    Richard Lipkin, “Jarring Music Takes Toll on Mice”, Insight, tomo IV, Nº 14, 4 de abril de 1988, pág. 58.

  6.   6.

    Boyd K. Packer, “Música digna, pensamientos dignos”, Liahona, abril de 2008, pág. 33.

  7.   7.

    C. S. Lewis, Cartas del diablo a su sobrino, Miguel Marías (trad.), 2004, pág. 36.

  8.   8.

    Para la Fortaleza de la Juventud, pág. 22.