Invitar al Salvador a entrar


O. Vincent Haleck
“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré y cenaré con él” (Apocalipsis 3:20).

Cuando yo era niño, durante la época de Navidad mi madre colocaba una imagen del Salvador llamando a la puerta. Todavía no éramos miembros de la Iglesia y yo siempre preguntaba: “¿Por qué está llamando a la puerta Jesús? ¿Quién está al otro lado?”.

Unos años más tarde, descubrí que la puerta a la que el Salvador estaba llamando no tenía picaporte en la parte de afuera; la persona de adentro era la que tenía que abrirla. Ahora sé quién está al otro lado de la puerta: ¡nosotros!. El Salvador llama y nosotros tenemos que abrir la puerta e invitarlo a entrar en nuestra vida.

Cuando era adolescente, decidí invitar al Salvador a entrar en mi vida al bautizarme y convertirme en miembro de la Iglesia. Mis amigos fueron buenos ejemplos para mí; y mi abuela también. Ella era obrera del Templo de Los Ángeles, California, y salía de nuestra casa a las 4:00 de la mañana para servir al Señor en el templo.

Tan sólo dos años después de bautizarme, decidí que quería servir al Señor como misionero de tiempo completo. En la misión ayudé a muchas personas a aprender acerca del Salvador para que pudieran invitarlo a entrar en su vida.

Más tarde, serví como presidente de misión en Samoa. Siempre les preguntaba a los misioneros nuevos cuándo fue que decidieron servir en una misión. ¡Muchos decían que estaban en la Primaria cuando decidieron servir!

La Primaria te ayudará a prepararte para el servicio misional. Aprende todo lo que puedas; ponte la meta de servir en una misión; entonces podrás ayudar a las personas a invitar al Salvador a que entre en su vida. El ser misionero cambiará tu vida; cambió la mía.