Apresurar la obra de salvación


A medida que invitamos, amamos y prestamos servicio a los demás, nos convertimos en verdaderos discípulos de Jesucristo y ayudamos a apresurar la obra de salvación.

Aun cuando hay gran entusiasmo sobre el hecho de que los misioneros de tiempo completo podrán usar internet en la obra y que llevarán a cabo recorridos en los centros de reuniones, esos cambios son sólo una pequeña parte de la obra de salvación en general. Mucho más importante es la parte que nosotros, como miembros, tenemos en la perspectiva general de apresurar la obra de salvación. No se nos ha pedido que participemos en un programa nuevo; simplemente se nos anima a ser verdaderos discípulos de Jesucristo. Nuestra función es dedicarnos de lleno a amar y prestar servicio a quienes nos rodean: consolar a un compañero de trabajo necesitado, invitar a nuestros amigos a un bautismo, ayudar a un vecino de edad avanzada con el mantenimiento del jardín, invitar a un miembro menos activo a comer, o ayudar a una vecina con su historia familiar. Todas éstas son formas naturales y alegres de invitar a miembros menos activos y a los que no son de nuestra religión a ser parte de nuestra vida y, en consecuencia, a participar de la luz del Evangelio. En realidad, el compartir con ellos los momentos divertidos y los momentos sagrados de nuestra vida quizás sea la forma más efectiva para que cada uno de nosotros “[obre] en [la] viña [de Jesucristo] en bien de la salvación de las almas de los hombres [y las mujeres]” (D. y C. 138:56).

¿Qué es la obra de salvación?

La obra de salvación es la obra de nuestro Padre Celestial de “llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre” (Moisés 1:39). Esta obra de salvación incluye la obra misional de los miembros, la retención de conversos, la activación de los miembros menos activos, la obra del templo y de historia familiar, y la enseñanza del Evangelio1. Con demasiada frecuencia pensamos que estos aspectos del Evangelio no guardan relación entre sí. Pero en La obra de salvación: Transmisión de la capacitación mundial de líderes del 23 de junio de 2013, el élder Russell M. Nelson, del Quórum de los Doce Apóstoles, enseñó que “la obra es indivisible. [Estos esfuerzos] no son independientes; [todos] forman parte de la obra de salvación”2.

La frase “Apresurar la obra de salvación” —que es el nombre del sitio web correspondiente a la transmisión (hasteningthework.lds.org)— se refiere a la promesa del Señor: “He aquí, apresuraré mi obra en su tiempo” (D. y C. 88:73).

Las ordenanzas esenciales del sacerdocio —el bautismo, la confirmación, la ordenación al sacerdocio para los hombres y las ordenanzas del templo— son como hitos a lo largo de nuestro camino de regreso a nuestro Padre Celestial. A medida que participamos en la obra de salvación, seguimos este sendero de convenios e inspiramos a otros a seguirlo.

Los miembros y los misioneros trabajan juntos bajo las llaves del sacerdocio

Ha llegado el momento de volver a centrarnos en el principio fundamental de que ser miembros de la Iglesia del Señor significa ser llamados a participar plenamente en Su obra de salvación. Los presidentes de estaca y los obispos poseen las llaves del sacerdocio de la obra misional en sus unidades de la Iglesia3 y ayudan a los miembros a hacer lo que los verdaderos discípulos de Cristo hacen: compartir la luz del Evangelio. Los presidentes de misión poseen las llaves del sacerdocio que les permiten dirigir la obra de los misioneros a quienes supervisan4. A los misioneros de tiempo completo se los capacita para enseñar a quienes han sido preparados para recibir el Evangelio. Ellos son los que ayudan a los miembros en la labor misional, no viceversa. De modo que, los misioneros de tiempo completo y los miembros misioneros son socios en la obra de llevar el Evangelio a aquellos a quienes el Señor ha preparado para recibirlo.

Durante la transmisión, el presidente Thomas S. Monson dijo: “Ahora es el momento de que los miembros y misioneros se unan, que trabajen juntos, que trabajen en la viña del Señor para traer almas a Él. Él ha preparado los medios para que nosotros compartamos el Evangelio en una variedad de formas, y Él nos ayudará en nuestros esfuerzos si actuamos con fe para cumplir con Su obra”5.

El élder Neil L. Andersen, del Quórum de los Doce Apóstoles, habló sobre la importancia del amor. Él dijo: “Trabajamos juntos en fe y unidad; fe en que el Señor guiará nuestros pasos, y unidad entre nosotros y con los misioneros, siempre motivados por nuestro amor hacia [Jesucristo], los unos hacia los otros y hacia las personas a quienes servimos”6.

Los consejos de barrio dirigen, los líderes misionales de barrio coordinan

Bajo la dirección del obispo, el consejo de barrio facilita, apoya y coordina los esfuerzos de los miembros del barrio al planear y dirigir la obra de salvación del barrio7.

En calidad de integrante del consejo de barrio, el líder misional de barrio “[coordina] los esfuerzos del barrio para encontrar, enseñar y bautizar investigadores. Coordina esta labor con la de los misioneros de tiempo completo”8.

Dirigiéndose a los líderes misionales de barrio, el élder Nelson dijo: “Ayuden [a los misioneros] a llenar sus agendas con oportunidades significativas y con citas para que no tengan tiempo de tocar puertas en busca de personas a quienes enseñar.…… [Ustedes] son el vínculo conector entre los misioneros, el consejo de barrio y los miembros del barrio”9.

La verdadera medida del éxito

Como Santos de los Últimos Días, tenemos la bendición de vivir en esta época en la que el Señor está apresurando Su obra. Gracias a que Dios tiene un propósito al ponernos en la tierra en este tiempo, tenemos la capacidad de hacer más de lo que pensamos que podemos hacer. Siempre y cuando nos acerquemos con bondad y amor a aquellos que necesiten nuestra amistad y ayuda, no fracasaremos. El éxito misional se produce al seguir la inspiración que fluye a nuestra mente y corazón, y sencillamente al invitar a otros a formar parte de nuestra vida centrada en el Evangelio. La invitación es la medida del éxito, y no si las personas se bautizan o se activan en la Iglesia. Tal como el élder Jeffrey R. Holland, del Quórum de los Doce Apóstoles, dijo sobre el gran ejército de misioneros que ahora están entrando al campo misional: “Ha llegado la hora en que debemos decir: ‘Aquí vienen’. Todos debemos planear y usar este recurso enviado del cielo de la manera más productiva posible”10.

Es tiempo de que todos entendamos con mayor claridad la función que tenemos en apresurar la obra de salvación. Al hacer que la obra misional, la retención de conversos, la activación de los miembros menos activos, la obra del templo e historia familiar, y la enseñanza del Evangelio sean una parte natural de nuestra vida, experimentaremos gran gozo y seremos investidos con los dones espirituales que necesitamos a fin de fortalecer la Iglesia en el siglo XXI.

Para ver el video de La obra de salvación: Transmisión de la capacitación mundial de líderes en 26 idiomas, visite hasteningthework.lds.org. También podrá encontrar la transmisión archivada en 59 idiomas en lds.org/broadcasts. Manual 2: Administración de la Iglesia se encuentra en 29 idiomas en lds.org/manual/handbook.

Mostrar referencias

    Notas

  1.   1.

    Véase Manual 2: Administración de la Iglesia, 2010, capítulo 5.

  2.   2.

    Russell M. Nelson, La obra de salvación: Transmisión de capacitación mundial de líderes, 23 de junio de 2013, hasteningthework.lds.org.

  3.   3.

    Véase Manual 2, 5.1.6; 5.1.9.

  4.   4.

    Véase Manual 2, 5.1.6.

  5.   5.

    Thomas S. Monson, La obra de salvación, hasteningthework.lds.org.

  6.   6.

    Véase Neil L. Andersen, La obra de salvación, hasteningthework.lds.org.

  7.   7.

    Véase Manual 2, 5.1.2.

  8.   8.

    Manual 2, 5.1.3.

  9.   9.

    Véase Russell M. Nelson, La obra de salvación, hasteningthework.lds.org

  10.   10.

    Jeffrey R. Holland, La obra de salvación, hasteningthework.lds.org.