Nuestro gran patrimonio misional


Todos los misioneros, pasados o presentes, prestan servicio con la esperanza de hacer que la vida de otras personas sea mejor.

Los misioneros de la actualidad llevan adelante el gran legado de llenar la tierra con el conocimiento del Señor (véase Isaías 11:9). Desde Abraham hasta Pablo, Ammón y Wilford Woodruff, los misioneros de las Escrituras y de la historia de la Iglesia son ejemplos poderosos para los misioneros de la actualidad.

Ya sea que seamos miembros misioneros, que nos estemos preparando para prestar servicio misional de tiempo completo, que estemos sirviendo en una misión o que hayamos regresado de ella, podemos obtener valor e inspiración de esos ejemplos.

Nuestro legado misional en la Biblia y en la Perla de Gran Precio

Los misioneros del Antiguo Testamento, tales como Jonás, fueron llamados a llevar la voz de amonestación al pueblo (véase Ezequiel 3:17–19). Por medio de su ejemplo vemos la importancia del arrepentimiento y de la obediencia. La historia de Abraham nos enseña en cuanto al linaje y el poder del Sacerdocio de Melquisedec.

Los misioneros del Nuevo Testamento, tales como Pedro y Pablo, procuraron preservar las enseñanzas de Jesucristo; no obstante, con el tiempo, el mundo cayó en la apostasía. Dios restauró el Evangelio por medio del profeta José Smith. Al igual que aquellos misioneros, ahora estamos trabajando a fin de preservar y compartir las enseñanzas de Jesucristo.

Una voz de amonestación

Presidente Henry B. Eyring

“Debido a que el Señor es bondadoso, Él llama a Sus siervos para que adviertan a la gente de los peligros… Recordemos a Jonás que, al principio, huyó del llamado del Señor para que amonestara a la gente de Nínive, a la que el pecado había enceguecido con respecto al peligro; él sabía que a través de las épocas los inicuos habían rechazado a los profetas e incluso, a veces, los habían matado. No obstante, cuando Jonás siguió adelante con fe, el Señor lo bendijo con protección y con éxito”.

Véase presidente Henry B. Eyring, Primer Consejero de la Primera Presidencia, “Elevemos nuestra voz de amonestación”, Liahona, enero de 2009, pág. 3.

Jonás en la playa de Nínive, por Daniel A. Lewis. Jonás se arrepintió y salió a predicar y a confirmar que Jehová reina en todas partes y que no limita Su amor a una sola nación o pueblo (véase Jonás 1–4).

©2002 Daniel A. Lewis.

Pedro y Juan ante los gobernantes de Jerusalén, por Simon Vedder. Pedro y Juan fueron llevados ante el concilio y el sumo sacerdote les preguntó: “¿No os mandamos estrictamente que no enseñaseis en ese nombre? Y he aquí, habéis llenado a Jerusalén de vuestra doctrina…Y [respondió] Pedro…: Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:28–29).

Cortesía del Museo de Historia de la Iglesia.

El apóstol Pablo, por Karel Skreta. En sus viajes y epístolas, Pablo expresó potente testimonio del Salvador a lo largo de Asia Menor y de gran parte del mundo que se conocía en aquel tiempo.

BPK, Berlin / Gemaeldegalerie Alte Meister, Staatliche Kunstsammlungen, Dres / Elke Estel / Hans-Peter Klut / Art Resource, NY

Melquisedec bendice a Abram [Abraham], por Walter Rane. Melquisedec bendijo a Abram (véase Génesis 14:18–20) y también le dio el sacerdocio (véase D. y C. 84:14). En otra época, el Señor se le apareció a Abram, diciendo: “…me he propuesto… hacer de ti un ministro para llevar mi nombre en una tierra extraña… y serás una bendición para tu descendencia después de ti, para que en sus manos lleven este ministerio y sacerdocio a todas las naciones” (Abraham 2:6, 9).

Cortesía del Museo de Historia de la Iglesia.

Nuestro patrimonio misional en el Libro de Mormón

Alma, Amulek, los hijos de Mosíah y Samuel el Lamanita son sólo algunos de los grandes ejemplos misionales que encontramos en el Libro de Mormón. De ellos recibimos ejemplos de arrepentimiento, fe, obediencia y valor; y al igual que ellos, podemos confiar en la inspiración y la revelación de Dios para guiar nuestro servicio misional.

Enseñar a los incrédulos

Élder James B. Martino

“Los hijos de Mosíah… anduvieron entre los lamanitas. Al enseñar a un pueblo cuyas tradiciones no parecían ser propicias para el progreso espiritual, estos fieles misioneros, no obstante, ayudaron a producir un potente cambio en esos lamanitas. Sabemos que ‘cuantos lamanitas creyeron en su predicación y fueron convertidos al Señor, nunca más se desviaron’ (Alma 23:6)”.

Élder James B. Martino, de los Setenta, “Repentance That Brings Conversion”, (El arrepentimiento que ocasiona la conversión),Ensign, septiembre de 2012, pág. 58.

Ammón ante el rey Lamoni, por Gary L. Kapp. Ammón, uno de los hijos de Mosíah, salvó los rebaños del rey Lamoni. Cuando el rey le preguntó a Ammón si había sido enviado por Dios, Ammón dijo que era un hombre llamado por el Espíritu Santo para enseñar el Evangelio “a los [del] pueblo [de Lamoni], a fin de que [llegasen] al conocimiento de lo que es justo y verdadero” (Alma 18:34).

© Gary L. Kapp, prohibida su reproducción.

Él impartió alegres nuevas a mi alma, por Walter Rane. Un ángel visitó a Samuel el Lamanita e impartió “alegres nuevas [a su] alma” en cuanto a la venida del Salvador (Helamán 13:6–7). Como parte de su llamamiento de predicar a los nefitas, Samuel se subió a la muralla de la ciudad de Zarahemla y compartió esas buenas nuevas con el pueblo.

Cortesía del Museo de Historia de la Iglesia.

Nuestro patrimonio misional en Doctrina y Convenios

Después de la restauración del Evangelio, los misioneros fueron esenciales. Misioneros tales como Dan Jones, Orson Hyde y Parley P. Pratt compartieron el Libro de Mormón y el evangelio de Jesucristo. Algunos, como Samuel, el hermano del profeta José Smith, prestaron servicio cerca de sus hogares; otros viajaron lejos para compartir el Evangelio en lugares como Tailandia, las islas Sándwich (Hawái), Dinamarca e Inglaterra.

Con frecuencia, aquellos primeros misioneros servían por largo tiempo y en varias misiones; dejaban atrás padres, novias, esposas, hijos y nietos, tal como nosotros lo hacemos. Ellos son un ejemplo de fe, valor, obediencia, perseverancia y diligencia para nosotros hoy en día.

Predicadores mormones, por Arnold Friberg; basada en la pintura original de Christen Dalsgaard. Esta escena de uno de los primeros misioneros Santos de los Últimos Días enseñando el evangelio de Jesucristo a una familia danesa reunida en su casa de campo era típica de los esfuerzos misionales del siglo diecinueve. Los misioneros también enseñaban en las esquinas de las calles o en las salas del ayuntamiento.

© IRI, cortesía de Arnold Friberg.

Wilford Woodruff se prepara para efectuar bautismos en la granja Benbow, por Richard A. Murray. En la década de 1840, el Señor condujo a Wilford Woodruff a la granja Benbow, en Herefordshire, Inglaterra. “Allí había personas que habían estado orando por el orden antiguo de las cosas”, escribió Wilford. “El resultado fue que, en los primeros treinta días después de que llegué, bauticé a seiscientos… En los ocho meses en que trabajé en ese país traje a la Iglesia a mil ochocientas personas. ¿Por qué? Porque era gente que estaba preparada para el Evangelio” (“Discourse”, Deseret Weekly, 7 de noviembre de 1896, pág. 643).

Incrementemos nuestro patrimonio misional

Desde que el presidente Thomas S. Monson anunció durante la conferencia general de octubre de 2012 que los jóvenes y las jovencitas pueden salir a una misión cuando son más jóvenes, decenas de millares de Santos de los Últimos Días han entrado al campo misional.

En la conferencia general de abril de 2013, el élder Neil L. Andersen, del Quórum de los Doce Apóstoles, añadió su testimonio de la obra misional y nos alentó a cada uno a ser parte importante de este milagro que se va desplegando, ayudando a encontrar a aquellos que estén listos para oír el Evangelio: “…tan ciertamente como el Señor ha inspirado a más misioneros a prestar servicio, también está despertando la mente y abriendo el corazón de más personas buenas y honradas para que reciban a Sus misioneros. Ustedes ya conocen a esas personas o las conocerán. Son sus familiares y viven en su vecindario, se las encuentran en la calle, se sientan junto a ustedes en clase y se comunican con ustedes por internet” (“Es un milagro”, Liahona, mayo de 2013, pág. 78).

Su placa misional

Élder Neil L. Andersen

“Si ustedes no son misioneros de tiempo completo y no llevan una placa misional en la chaqueta, ahora es el momento de plasmar una en su corazón; como lo dijo Pablo: ‘…no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo’”.

Élder Neil L. Andersen, del Quórum de los Doce Apóstoles, “Es un milagro”, Liahona, mayo de 2013, pág. 79.

Los misioneros recién llegados bautizaron a las personas oriundas de las islas Sándwich (Hawái) desde 1851. Esta fotografía data de una época mucho después.

Prohibida su reproducción.

Compartiendo el Evangelio en las calles, por Ken Spencer. Estos dos misioneros comparten el Evangelio con un hombre frente a una librería de New Brunswick, Nueva Jersey, EE. UU.

Cortesía del Museo de Historia de la Iglesia.

Misioneros perpetuos, por Juei Ing Chen. Los miembros de la Iglesia de Taiwán, al igual que los miembros misioneros de todas partes, procuran compartir el gozo que sienten en el Evangelio y en las Escrituras. Sobre la mesa se ven las Escrituras; y en el recipiente azul que contiene rollos hay una lámina del Templo de Taipéi, Taiwán.

© IRI, cortesía de Juei Ing Chen.

Los lamanitas florecerán como una rosa, por Joselito Jesús Acevedo García. Esta imagen capta el espíritu de la obra misional entre la gente hispanohablante. Dos misioneros se preparan para enseñar el Evangelio mientras la gente se ocupa de sus tareas cotidianas. El Templo de Lima, Perú, ubicado entre pequeñas viviendas y animales autóctonos, representa el crecimiento de la Iglesia.

Cortesía del Museo de Historia de la Iglesia.

Misioneros Santos de los Últimos Días en Sierra Leona, por Emile Wilson. La primera misión en Sierra Leona se organizó en Freetown el 1º de julio de 2007. El 2 de diciembre de 2012, Freetown se convirtió en la estaca número 3.000 de la Iglesia.

Cortesía del Museo de Historia de la Iglesia.