Llegar a ser un misionero según Predicad mi Evangelio

Tomado de un discurso pronunciado en el Centro de Capacitación Misional de Provo, Utah, el 24 de junio de 2011.


David A. Bednar
¡Pueden hacerlo! El Señor a quien representan y sirven sabe que pueden hacerlo. ¡Yo sé que son capaces de hacerlo!

Un apóstol es siempre, en primer lugar y más que nada, un misionero. Por esa razón, es con especial placer que me dirijo a ustedes como mis consiervos en esta magnífica obra de los últimos días.

¿Qué es un misionero según Predicad mi Evangelio?

Un misionero según Predicad Mi Evangelio es un siervo del Señor, llamado por profecía y autorizado por la imposición de manos, que proclama el evangelio restaurado y eterno del Salvador en la manera que Él ha indicado (véase D. y C. 50:13–14, 17–24; D. y C. 68:1).

El propósito fundamental de un misionero, tal como se describe en Predicad Mi Evangelio es “invitar a las personas a venir a Cristo al ayudarlas a que reciban el Evangelio restaurado mediante la fe en Jesucristo y en Su expiación, el arrepentimiento, el bautismo y la recepción del don del Espíritu Santo, y a perseverar hasta el fin”1.

La responsabilidad sagrada de proclamar el Evangelio con autoridad y de administrar las ordenanzas salvadoras ha estado en vigor desde que Adán fue expulsado del Jardín de Edén y continuará hasta que “el gran Jehová diga que la obra está concluida”2.

Los requisitos para llegar a ser misioneros según Predicad Mi Evangelio

Deseo analizar cinco requisitos básicos para llegar a ser misioneros según Predicad Mi Evangelio.

Requisito Nº 1: Los misioneros según Predicad Mi Evangelio comprenden que prestan servicio a Jesucristo y que lo representan.

Los misioneros según Predicad Mi Evangelio saben y entienden a quién representan, por qué prestan servicio y lo que tienen que hacer. A los misioneros de tiempo completo se nos llama y aparta como siervos y representantes del Señor Jesucristo; testificamos de Su nombre y de la realidad, divinidad y misión de Jesucristo a toda nación, tribu, lengua y pueblo (véase D. y C. 133:37).

Amamos al Señor; lo servimos; lo seguimos; lo representamos.

Sus propósitos deben ser nuestros propósitos; Sus intereses nuestros intereses; Su obra nuestra obra; Sus vías nuestras vías. Su voluntad debe convertirse cada vez más en nuestra voluntad.

Como representantes del Redentor, predicamos sencilla y claramente las doctrinas y los principios fundamentales de Su evangelio restaurado, sin presentar opiniones ni hipótesis personales. Proclamamos y testificamos la verdad restaurada y clara a la manera del Señor y por el poder de Su Espíritu.

Los misioneros según Predicad Mi Evangelio entienden que la responsabilidad de representar al Salvador y de testificar de Él nunca acaba. Les pido que recuerden al Salvador en todo lo que piensen, en todo lo que hagan y en todo lo que se esfuercen por llegar a ser, y que lo representen en forma apropiada ante todos los hijos del Padre Celestial con quienes tengan contacto ahora y siempre.

Requisito Nº 2: Los misioneros según Predicad Mi Evangelio son dignos.

Un requisito esencial para llegar a ser un misionero según Predicad Mi Evangelio es ser digno ante el Salvador.

Permítanme explicar varias verdades sencillas tan claramente como me sea posible.

  • Somos representantes autorizados del Redentor y Salvador del mundo.

  • Se nos ha llamado para proclamar Su evangelio restaurado y eterno.

  • No podemos estar contaminados con las manchas del mundo y al mismo tiempo representarlo con autoridad y actuar con poder en Su santo nombre.

  • No podemos ayudar a los demás a vencer el cautiverio del pecado si nosotros mismos estamos enredados en él (véase D. y C. 88:86).

  • No podemos enseñar a nadie a arrepentirse si nosotros mismos no hemos aprendido a arrepentirnos de forma apropiada y completa.

  • Podemos proclamar y predicar con poder sólo aquello que nosotros mismos estemos esforzándonos por llegar a ser.

  • Seremos responsables ante Dios de nuestros deseos justos y nuestra dignidad para actuar como Sus agentes.

En este momento no se nos exige que seamos perfectos, pero se nos manda ser puros y andar rectamente ante el Redentor de Israel. “Sed limpios, los que lleváis los vasos del Señor” (D. y C. 38:42).

El arrepentimiento es un principio de esperanza y sanidad, no de desaliento y desconsuelo; hace que nos humillemos pero no es aterrador. Es exigente y reconfortante al mismo tiempo, severo y tranquilizador. El arrepentimiento es un don inestimable que es posible gracias a la Expiación de Aquél a quien amamos, servimos y seguimos.

Aunque hayan cometido pecados graves, mediante la expiación de Jesucristo y el arrepentimiento sincero, han sido limpiados o pueden volver a ser limpios y dignos.

Hay jóvenes que todavía tienen cosas de las que deben arrepentirse; éste es el momento de hacerlo. Les ruego, les suplico de todo corazón que no demoren el día de su arrepentimiento.

Hay jóvenes que se han arrepentido y continúan arrepintiéndose, y se preguntan si habrán hecho todo lo necesario para que el Señor los acepte (véase D. y C. 97:8). Les pido que recuerden que Él exige que sean limpios pero no perfectos. El hecho de que el Espíritu Santo esté presente en su vida nuevamente es una señal segura de que el Señor los ha perdonado “porque el Espíritu del Señor no habita en templos inmundos” (Helamán 4:24); y reconozcan que el mandato de “perdonar a todos los hombres” (D. y C. 64:10) incluye el perdonarse a sí mismos.

Los misioneros según Predicad Mi Evangelio son discípulos del Señor Jesucristo que honran los convenios y obedecen los mandamientos. Les pido que siempre se acuerden de Él y que sean puros y dignos de representarlo.

Requisito Nº 3: Los misioneros según Predicad Mi Evangelio atesoran las palabras de vida eterna.

Los invito a atesorar “constantemente en [sus] mentes las palabras de vida” (D. y C. 84:85). El atesorar las palabras de vida eterna va más allá de limitarse a estudiarlas o memorizarlas, del mismo modo que deleitarse “en la palabra de Cristo” (2 Nefi 31:20; véase también 2 Nefi 32:3) es mucho más que probarla o comer un bocado. La idea de atesorar me hace pensar en concentrarse y esforzarse, explorar y absorber, meditar y orar, aplicar y aprender, valorar y apreciar, así como disfrutar y regocijarse.

Recuerden que los hijos de Mosíah —cuatro misioneros extraordinarios llamados Ammón, Aarón, Omner e Himni— “se habían fortalecido en el conocimiento de la verdad; porque eran hombres de sano entendimiento, y habían escudriñado diligentemente las Escrituras” (Alma 17:2).

Esos valientes misioneros ciertamente atesoraron las palabras de vida eterna continuamente. No descuidaron el estudio de las Escrituras individual y como compañeros ni se limitaron a hacerlo mecánicamente. El conocimiento y la comprensión espirituales penetraron profundamente su alma, y el poder del Espíritu Santo confirmó en su corazón la verdad de las doctrinas y los principios del Evangelio.

Como representantes del Salvador, ustedes y yo tenemos la responsabilidad continua de trabajar con diligencia y de grabar en nuestro corazón y mente las doctrinas y los principios fundamentales del Evangelio restaurado, especialmente los del Libro de Mormón. Si lo hacemos, la bendición que se nos promete es que el Espíritu Santo nos “recordará todo” lo que Él nos ha dicho (Juan 14:26) y nos dará poder al enseñar y testificar. Sin embargo, el Espíritu sólo puede actuar en nosotros y por nuestro intermedio si tiene algo en qué basarse; no le es posible recordarnos algo que no hayamos aprendido (véase Alma 31:5).

Los misioneros según Predicad Mi Evangelio atesoran continuamente las palabras de vida eterna, confían en la virtud de la palabra y tienen en ellos el poder de la palabra. Les ruego que siempre se acuerden de Él, sean siempre dignos de representarlo, atesoren la virtud de la palabra y confíen en ella.

Requisito Nº 4: Los misioneros según Predicad Mi Evangelio comprenden que el Espíritu Santo es el verdadero y supremo maestro.

El Espíritu Santo es el tercer miembro de la Trinidad; Él es el testigo de toda verdad y el verdadero y supremo maestro. Las lecciones que enseñamos y los testimonios que expresamos tienen por objeto preparar al investigador para actuar y aprender por sí mismo.

Como misioneros, una de las funciones más importantes que tenemos es invitar a los investigadores a ejercer su albedrío moral y a actuar de acuerdo con las enseñanzas del Salvador. El establecer compromisos espirituales y cumplirlos, tales como orar pidiendo un testimonio de la verdad, estudiar el Libro de Mormón y orar al respecto, asistir a las reuniones de la Iglesia y guardar los mandamientos, exige que el investigador ejerza fe, actúe y cambie.

No importa cuán diligentemente sirvamos, ustedes y yo simplemente no podemos empujar ni forzar la verdad en el corazón de los investigadores; nuestros mejores esfuerzos sólo pueden llevar el mensaje de la verdad al corazón de las personas (véase 2 Nefi 33:1); en definitiva, es el investigador quien tiene que actuar rectamente y así invitar la verdad para que entre en su corazón. Únicamente de ese modo los buscadores sinceros de la verdad y los nuevos conversos pueden adquirir la capacidad espiritual para encontrar respuestas por sí mismos.

Puesto que tenemos la responsabilidad de ayudar a los investigadores a que aprendan por la fe y por el poder del Espíritu Santo, esta obra no se trata nunca ni de ustedes ni de mí. Debemos hacer todo lo posible por cumplir nuestra obligación misional y, al mismo tiempo, “quitarnos de en medio” para dejar que el Espíritu Santo cumpla con Su función y obra sagradas. De hecho, cualquier cosa que hagamos como representantes del Salvador y que a sabiendas e intencionalmente atraiga atención sobre nuestra persona, ya sea en los mensajes que presentemos, en los métodos que empleemos o en nuestra conducta o apariencia, es una forma de superchería que impide que la enseñanza del Espíritu Santo sea eficaz.

“…¿la predica por el Espíritu de verdad o de alguna otra manera? Y si es de alguna otra manera, no es de Dios” (D. y C. 50:17–18).

Les ruego que siempre se acuerden de Él, que sean dignos de representarlo, que atesoren Su palabra y que dejen que el Espíritu Santo, el Maestro verdadero y supremo, testifique de toda verdad.

Requisito Nº 5: Los misioneros según Predicad Mi Evangelio comprenden que el enseñar es mucho más que hablar y exponer.

Mientras se encontraba en el Monte de los Olivos, el Salvador dijo: “…no os preocupéis por lo que habéis de decir, ni lo penséis; sino lo que os sea dado en aquella hora, eso hablad, porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu Santo” (Marcos 13:11).

En los primeros días de esta dispensación, el Salvador instruyó a los misioneros diciéndoles: “abrid vuestra boca y será llena” (D. y C. 33:8, 10), y “…alzad vuestra voz a este pueblo; expresad los pensamientos que pondré en vuestro corazón, y no seréis confundidos delante de los hombres; porque os será dado en la hora, sí, en el momento preciso, lo que habéis de decir” (D. y C. 100:5–6).

Estos pasajes hacen hincapié en el modelo más exigente y exacto para predicar y ayudar a los investigadores a aprender la verdad. Los misioneros según Predicad Mi Evangelio saben que no enseñamos lecciones, enseñamos a las personas; no nos limitamos a presentar o recitar mensajes memorizados de temas del Evangelio, sino que invitamos a los que buscan la verdad a experimentar el potente cambio de corazón. Comprendemos que el hablar y exponer solamente no es enseñar.

El predicar el Evangelio a la manera del Señor implica observar, escuchar y discernir como requisitos previos a hablar. La secuencia de estos cuatro procesos relacionados entre sí es importante; fíjense que el observar y escuchar activamente preceden al discernimiento, y que observar, escuchar y discernir anteceden a hablar. El empleo de ese modelo permite a los misioneros reconocer las necesidades de los investigadores y enseñarles de acuerdo con ellas.

Al observar, escuchar y discernir, se nos dará “en la hora precisa la porción que le será medida a cada hombre” (D. y C. 84:85): las verdades que se deben recalcar y las respuestas que se apliquen a las circunstancias del investigador en particular. Sólo si observamos, escuchamos y discernimos puede el Espíritu guiarnos para decir y hacer lo que sea más conveniente para aquellos a quienes prestemos servicio.

Observar es una preparación esencial para recibir el don espiritual del discernimiento, el cual es ver con ojos espirituales y sentir con el corazón, o sea, ver y percibir la falsedad de una idea, lo bueno de alguna persona o el siguiente principio que es preciso para ayudar al investigador. Discernir es oír con oídos espirituales y sentir con el corazón, o sea, oír y percibir en un comentario o una pregunta la inquietud no expresada, la veracidad de un testimonio o doctrina, o la tranquilidad y la paz que se reciben por el poder del Espíritu Santo.

Los misioneros según Predicad Mi Evangelio actúan con fe y son guiados por el Espíritu para ayudar a los investigadores a aprender la verdad. Les ruego que siempre se acuerden de Él, que sean dignos de representarlo, que atesoren Su palabra y que dejen que el Espíritu Santo testifique de toda verdad; y, al testificar de Jesucristo a los honestos que buscan la verdad, observen, escuchen y disciernan.

¡Ustedes pueden hacerlo!

Al leer mis palabras, tal vez crean que todos los demás jóvenes pueden hacer y harán lo que he descrito, pero quizás se pregunten si ustedes son capaces de hacerlo. Les ruego que me escuchen: ¡Ustedes pueden hacerlo!

Si se cumpliera el deseo de mi corazón, dedicaría unos momentos a cada uno de ustedes individualmente. Les estrecharía la mano, los acercaría más a mí, los miraría a los ojos y les diría: “¡Tú puedes hacer esto! El Señor a quien representas y a quien sirves sabe que puedes hacerlo, y yo también lo sé. Y, como Su siervo, te prometo que recibirás Su ayuda. Te ruego que recuerdes siempre que con Su ayuda y Su fortaleza, ¡tú puedes hacerlo!”.

Los amo y ruego que al esforzarse por llegar a ser lo que deben ser, reconozcan la voz y la guía del Señor y respondan con fe; entonces verdaderamente se convertirán en representantes poderosos y eficaces del Señor Jesucristo.

Ilustraciones fotográficas por el Departamento de Servicios de Publicación; ¿Me amas más que a éstos?, de David Lindsley.

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    Notas

  1.   1.

    Predicad Mi Evangelio: Una guía para el servicio misional, 2004, pág. 2.

  2.   2.

    Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, 2007, pág. 473.