Nuestro hogar, nuestra familia

Cómo ayudar a los niños a reconocer el Espíritu Santo

La autora vive en California, EE. UU.


Para ayudar a nuestros hijos a desarrollar un testimonio, podemos utilizar las diferentes maneras en las que el Espíritu Santo se comunica.

Como padres de cuatro hijos, mi esposo y yo siempre buscamos maneras de ayudar a nuestros hijos a sentir el Espíritu y obtener un testimonio. De manera algo singular, descubrimos algo importante en cuanto a ello. Me encontraba en una tienda cuando tuve una impresión.

Las calificaciones de nuestro hijo mayor en la clase de estudios sociales iban empeorando; le habíamos hablado al respecto, alentándolo a que estudiara más, pero no veíamos ningún progreso. Habíamos estado orando para recibir ideas a fin de ayudarlo. Un día, en una librería, tuve la fuerte impresión de comprar un libro de los que estaban en liquidación.

El libro hablaba de que cada uno de nosotros tiene diferentes estilos de aprendizaje. Muchas personas aprenden visualmente, lo que significa que aprenden mejor por lo que ven; por lo general, a estas personas les gusta el arte y la lectura. Otros aprenden mejor de manea auditiva; procesan la información mejor cuando la oyen; a esas personas por lo general les gusta la música. Por último, otros aprenden de manera cinestética; aprenden mejor cuando hay movimiento o participan de actividades. Estas personas a veces tienen dificultades en la escuela cuando los maestros insisten en que permanezcan quietas; aprenden mejor cuando están en movimiento.

¡Ahí estaba la respuesta! Era obvio que nuestro hijo aprendía de manera auditiva; ¡le encantaba la música y la conversación! Nos enteramos de que con frecuencia lo sacaban de la clase para asistir a otras actividades durante la hora de estudios sociales; después, el maestro le decía que fuera a casa y leyera el material. Estaba teniendo problemas porque no oía lo que se analizaba en clase. Una vez que nos dimos cuenta de ello, lo animamos a que leyera el material asignado en voz alta y después lo analizara con nosotros. Sus calificaciones mejoraron.

Facilitar experiencias espirituales

Nuestra comprensión en cuanto a los estilos de aprendizaje no terminó allí. Al estudiar más al respecto y observar a nuestros hijos, nos dimos cuenta de que el Espíritu Santo muchas veces les enseña de la manera en que ellos aprenden mejor. El profeta José Smith enseñó que el Espíritu se comunica con nosotros en un idioma y en maneras que podemos entender. El Espíritu Santo adapta Su idioma para que todos lo entiendan, aun los niños pequeños. “…nuestro Padre Celestial siempre está a nuestro alcance. Él se adapta a nuestro nivel de entendimiento. ‘Si Él viene a un niño, se adaptará al idioma y a la capacidad del niño’” (véase Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 189)1.

El saber que el Espíritu adapta Su comunicación a nuestro entendimiento puede alentar a los padres a crear oportunidades en las que sus hijos capten las enseñanzas del Espíritu Santo en maneras que ellos las entiendan mejor. “Y todos tus hijos serán instruidos por el Señor; y grande será la paz de tus hijos” (Isaías 54:13).

Como dije anteriormente, el método principal de aprendizaje de nuestro hijo mayor era el auditivo. Tanto a él como a nuestro tercer hijo les encanta la música, de modo que en nuestro hogar con frecuencia escuchábamos la hermosa música del Coro del Tabernáculo Mormón, así como música clásica. En ese ambiente, sentían el Espíritu profundamente. Tuvimos, además, muchas conversaciones animadas sobre el Evangelio, lo cual los ayudó a aprender verdades que el Espíritu reafirmó cuando ellos las oyeron.

Otro de nuestros hijos aprendía principalmente de manera visual. Le encantaba leer y sentía mejor el Espíritu mientras leía las Escrituras o libros centrados en el Evangelio. Le proporcionamos muchos libros que lo ayudaron a sentir el Espíritu y a obtener un testimonio. Asimismo, colocamos en las paredes láminas con escenas y palabras del Evangelio, de modo que nuestra casa se convirtió en un banquete de aprendizaje visual.

Nuestro segundo hijo aprendía de manera visual y cinestética; era un muchacho muy activo, y lo que lo hacía más feliz era montar en su bicicleta e ir a las montañas o ir en una caminata con su padre. Descubrimos que él sentía más el Espíritu cuando estaba al aire libre y en movimiento. Realizamos muchos viajes de campamento donde hablábamos sobre Jesucristo, la Creación y el Plan de Salvación. Esos mensajes llegaron profundamente a su corazón al tomar parte en esas actividades.

Por otro lado, mi esposo y yo descubrimos que el aprendizaje cinestético también ocurre al prestar servicio; de modo que participamos en muchas actividades de servicio con nuestros hijos para que vieran, oyeran y participaran. Eso creó un ambiente maravilloso en el que nuestros hijos pudieron asimilar lecciones de caridad y de servicio cristiano, y esos proyectos eran especialmente efectivos con nuestro segundo hijo.

Oír y entender

También aprendimos que la gente “oye” al Espíritu Santo de diversas maneras. Cuando enseñaba una lección de la Escuela Dominical a conversos relativamente nuevos, hice la pregunta: “¿Cómo sienten el Espíritu?”. Sus respuestas fueron sumamente informativas. Uno dijo: “Tengo claridad de pensamiento”; otro dijo: “Siento algo cálido en mi interior”; mientras que otro comentó: “Tengo un profundo sentimiento de paz”. Una hermana que había sido miembro desde hacía unos meses, dijo: “¡Siento un hormigueo en el cuerpo!”. Y varios dijeron que a veces “oían” una voz que les hablaba o que se les ocurrían ideas nuevas.

El élder Dallin H. Oaks, del Quórum de los Doce Apóstoles, ha enseñado: “En sus formas más conocidas, la revelación o inspiración viene por medio de palabras o pensamientos que se comunican a la mente (véase Enós 1:10; D. y C. 8:2–3), por medio de la iluminación repentina (véase D. y C. 6:14–15), por medio de sentimientos positivos o negativos sobre determinadas acciones que se haya pensado llevar a cabo, o aun por medio de actuaciones artísticas inspiradas… ‘La inspiración se manifiesta más como un sentimiento que como un sonido’”2.

Es obvio que tal vez cada uno de nosotros oiga o sienta la comunicación del Espíritu Santo de diversas maneras. Debemos ir más allá de simplemente enseñar a los niños que recibirán un sentimiento de calidez, ya que tal vez no lo sientan; es posible que reciban inspiración de manera diferente.

El élder Jay E. Jensen, ex miembro de la Presidencia de los Setenta, relató esta historia sobre un miembro del Quórum de los Doce Apóstoles que se encontraba realizando una gira misional. En el intervalo entre conferencias de zona, este Apóstol se volvió hacia el miembro de los Setenta que había hablado en la previa conferencia de zona y dijo: “Me pregunto si usted no habrá dejado en la mente de los misioneros una impresión que haya creado más problemas de los que podrá resolver. Al viajar por toda la Iglesia, he encontrado a muy pocas personas que han experimentado un ardor en el pecho; de hecho, muchas personas me han dicho que se han frustrado porque nunca han tenido ese sentimiento a pesar de que han orado o ayunado por largos períodos de tiempo”. El élder Jensen continuó: “A lo largo de los años, he tratado de aprender las diferentes maneras por medio de las cuales obra el Espíritu del Señor. Ciertamente Dios habla desde los cielos, pero Él manifiesta, confirma o da dirección de muchas maneras”3. Es muy importante que enseñemos a nuestros hijos que necesitan aprender a prestar atención al Espíritu según la manera en que Él se comunica con ellos.

Al enseñar a nuestros hijos, compartimos principios de fe, arrepentimiento, bautismo y el don del Espíritu Santo. Enseñarles a prestar atención y a reconocer las impresiones que reciban es de suma importancia para su desarrollo espiritual. El presidente Gordon B. Hinckley (1910–2008) nos aconsejó: “[Sus hijos] necesitarán toda la fuerza y toda la fe que puedan darles mientras todavía estén con ustedes, así como una fuerza mayor que proviene de un poder más alto”4.

El recibir la guía y la dirección de nuestro Padre Celestial por medio del Espíritu Santo es una gran bendición en la vida. A medida que enseñemos a nuestros hijos cómo reconocer esas impresiones, sentimientos e instrucciones y a prestarles atención, podrán obtener testimonios personales que los fortalecerán en el futuro. El Espíritu Santo puede ser su compañero constante y lo oirán más claramente. Como padres, podemos ayudar en este proceso y ayudar a bendecir a nuestros hijos.

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    Notas

  1.   1.

    Gérald Caussé, “Incluso un niño puede entender”, Liahona, noviembre de 2008, pág. 32.

  2.   2.

    Dallin H. Oaks, “Ocho razones para recibir revelación”, Liahona, septiembre de 2004, pág. 8.

  3.   3.

    Jay E. Jensen, “Have I Received an Answer from the Spirit?”, Ensign, abril de 1989, págs. 21–22.

  4.   4.

    Gordon B. Hinckley, “Éstos, nuestros pequeñitos”, Liahona, diciembre de 2007, pág. 7.