La expiación del Salvador Jesucristo hace posible el arrepentimiento, y cada uno de nosotros se debe arrepentir.

A veces nos da miedo cuando, debido a la gravedad de un pecado, es necesario confesarlo al obispo o al presidente de rama, explica el élder Bradley D. Foster, de los Setenta, en un artículo que aparece en las páginas 54–55 de este ejemplar. No obstante, “Quienes hayan recorrido el camino del arrepentimiento les dirán que no sólo es posible, sino que, cuando lo hayan atravesado y miren hacia atrás, esto es lo que reconocerán:

‘Tú puedes hacerlo; y cuando lo hagas, todo será mejor.

‘Apenas emprendan el recorrido, sentirán alivio…

‘Su obispo los ayudará a resolver su situación. Ustedes lo amarán y jamás se olvidarán de él’”.

Sugerencias para enseñar el tema a los jóvenes

Lea con su hijo o hija adolescente la sección sobre el arrepentimiento en Para la Fortaleza de la Juventud. Hablen sobre las bendiciones que podemos recibir por medio de la Expiación y la forma en que el arrepentimiento hace posible esas bendiciones.

También podría compartir su testimonio del arrepentimiento y de la Expiación y lo que significan en su vida. Si lo desea, puede pedirles a ellos que compartan con usted el testimonio que tienen del arrepentimiento y, según sea apropiado, podría invitar a los hijos adolescentes a que ayuden a los hermanos menores con la actividad que sigue a continuación.

Sugerencias para enseñar el tema a los niños

A fin de demostrar lo que significa permanecer en el sendero que el Señor nos ha mandado seguir, podría presentar una lección práctica con un automóvil de juguete (o un avión, barco o carromato). Utilice un mapa y pida al niño que mueva el auto de un punto del mapa a otro. Pregunte: “¿Qué es lo que hay que hacer si el vehículo empieza a desviarse del camino?”.

Una vez que sea obvio que cuando un vehículo se desvía hay que volver a colocarlo en el camino correcto, pregunte en qué forma se asemeja eso al arrepentimiento. Explique que, en ocasiones, al viajar por la vida, tenemos que cambiar nuestro rumbo para asegurarnos de que vayamos por el camino correcto. A veces lo podemos hacer solos, pero otras, necesitamos ayuda. Pida a los hijos que hablen de ocasiones en que lo hayan hecho por sí mismos, ocasiones en que otras personas los hayan ayudado, y de la manera en que el Padre Celestial y Jesucristo pueden ayudarlos. Al enseñar este tema, tenga presente que los niños menores de ocho años no son responsables y no tienen necesidad de arrepentirse, pero es útil que aprendan en cuanto al principio del arrepentimiento.

Analice con ellos las respuestas que den, y hablen sobre cómo el arrepentimiento es un don del Padre Celestial y de Jesucristo que nos permite volver a vivir con Ellos nuevamente.