Más que un simple acompañante


¿Piensas que sólo eres un acompañante en lo que respecta a la orientación familiar? Piénsalo mejor.

Ilustración por Sal Velluto.

Lo has visto decenas de veces en novelas o películas. A lo lejos, un enorme y aterrorizador problema acecha como una nube negra. El desastre parece inevitable… hasta que aparece el héroe que vence todos los obstáculos y salva la situación.

Con frecuencia, esos héroes están acompañados por alguien que, aunque por lo general tiene ciertas destrezas básicas, existe principalmente con el fin de lanzarle el arma al héroe cuando los villanos comienzan a asediarlo.

Como compañero menor en la orientación familiar, podría ser tentador pensar que eres simplemente el ayudante de tu compañero mayor. Después de todo, tu compañero adulto lleva más tiempo que tú en esto y tiene más experiencia. Así que, él es quien debe hacerse cargo de la situación, ¿verdad?

No precisamente.

Al hablar de la orientación familiar, no hay tal cosa como un superhéroe (tu compañero mayor) y su acompañante (tú); simplemente son dos superhéroes que, juntos, pueden cambiar el mundo.

Independientemente de quién seas y cuáles sean tus circunstancias, tú tienes todo lo que se necesita para influir en la vida de las personas a quienes visites.

El llamamiento más sublime

El presidente Ezra Taft Benson (1899–1994) dijo: “No hay llamamiento más sublime en la Iglesia que el de maestro orientador”1.

Los maestros orientadores hacen mucho más que simplemente compartir un mensaje espiritual: ayudan a que cada familia sepa que tiene amigos a quienes pueden acudir.

El presidente Thomas S. Monson dijo: “Un amigo hace más que una visita por compromiso cada mes… un amigo demuestra interés; un amigo ama; un amigo escucha y un amigo hace lo posible por ayudar”2.

Sin duda, a cualquier edad se pueden forjar grandes amistades.

Prestar servicio como amigo

Sean C., un joven de dieciséis años del sur de Utah, EE. UU., sabe cómo ser un buen amigo y un buen maestro orientador. Sean tiene una amplia gama de intereses que incluyen las competencias de rodeo, la lucha libre, el trabajo con el ganado y la reparación de automóviles. Además, le encanta cultivar amistades con las personas a quienes visita como maestro orientador.

“Me encanta hablar con las personas y ver qué puedo hacer para ayudarlas”, cuenta Sean.

Su compañero de orientación familiar es el obispo de su barrio. En uno de los hogares que visitan, la esposa es miembro de la Iglesia y el esposo no. Durante la primera visita, Sean enseguida sintió afinidad con Floyd, el esposo. Cuando Floyd empezó a hablar de su Jeep, a Sean le interesó mucho. “Enseguida nos entendimos”, dijo Sean.

Durante el año que Sean y el obispo llevan visitando a Floyd y a su esposa, Sean ha estrechado su amistad con ellos, e incluso de vez en cuando ayuda a Floyd a reparar motores.

Uno de los pasajes de las Escrituras preferidos de Sean habla del servicio: “Cuando os halláis al servicio de vuestros semejantes, sólo estáis al servicio de vuestro Dios” (Mosíah 2:17).

Sean explica: “Todos debemos buscar maneras de prestar servicio”.

Tus dones espirituales

Todos tenemos dones espirituales y talentos. Además, tenemos intereses y pasatiempos únicos y cada uno tiene algo especial para ofrecer que nadie más puede hacer exactamente de la misma manera.

“Toda persona es diferente y la contribución que hará será diferente”, enseña el presidente Henry B. Eyring, Primer Consejero de la Primera Presidencia. “Nadie está condenado al fracaso”3. La orientación familiar podría ser la oportunidad para que utilices esos dones para beneficiar a otras personas.

Por ejemplo, cuando te toque compartir un mensaje espiritual, podrías considerar orar de antemano sobre lo que puedes decir que sea de más provecho para las personas a quienes visitas.

Con frecuencia tendrás alguna experiencia personal que se relacione con un tema específico y que podrás contarle a la familia. ¡Deja que tu luz brille! Comparte lo que sabes.

También puedes hallar maneras creativas y valiosas de prestar servicio a las familias que visitas. Imagina, por ejemplo, que algún integrante de las familias que visitas desea aprender a tocar la guitarra y tú, casualmente, hace años que tocas la guitarra. En esa situación, quizá el darle de vez en cuando algunos consejos sobre música sea tan útil como quitar la nieve de la entrada al garaje o podar los árboles.

Con respecto a la orientación familiar, tu compañero mayor podría en verdad ser una persona sumamente espiritual. No obstante, de una cosa puedes estar seguro: Eres un hijo de Dios y tienes la misma capacidad para cumplir con tu responsabilidad como maestro orientador.

Siempre habrá algo sumamente valioso que puedas aportar.

Participa de la conversación

Durante el mes de diciembre, las lecciones dominicales de las que participarás se centrarán en edificar el reino de Dios. Si bien la orientación familiar es una manera de llevar esto a cabo, todos pueden edificar el reino de Dios mediante actos diarios de servicio. Al orar por otras personas, el Espíritu puede darte una idea de algo que podrías hacer. Recuerda el consejo de la hermana Linda K. Burton, Presidenta General de la Sociedad de Socorro: “Primero observa; luego sirve”4. ¿Qué has hecho para observar y luego servir al edificar el reino de Dios? Prepárate para compartir tus experiencias en tu barrio, con tu familia o con otros jóvenes.

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    Notas

  1.   1.

    Ezra Taft Benson, “Para los maestros orientadores de la Iglesia”, Liahona, julio de 1987, pág. 49.

  2.   2.

    Thomas S. Monson, “La orientación familiar: un servicio divino”, Liahona, enero de 1998, pág. 55.

  3.   3.

    Henry B. Eyring, “Ayúdenlos a fijar metas elevadas”, Liahona, noviembre de 2012, pág. 60.

  4.   4.

    Linda K. Burton, “Primero observa; luego sirve”, Liahona, noviembre de 2012, pág. 78.