Rosemary M. Wixom
“¡Oh cuán grande es el plan de nuestro Dios!” (2 Nefi 9:13).

En la primavera, mi esposo y yo asistimos al partido de fútbol americano de nuestro nieto de cuatro años. Se podía palpar el entusiasmo, con niños corriendo en todas direcciones persiguiendo la pelota. Cuando sonó el silbato final, los jugadores no sabían quién había ganado ni quién había perdido. Simplemente habían jugado el partido.

Los entrenadores pidieron que los jugadores estrecharan la mano de los del otro equipo. Entonces vimos algo asombroso. El entrenador pidió que formaran un túnel de la victoria.

Padres, abuelos y cualquier persona que había ido a ver el partido se pusieron de pie y formaron dos líneas, una enfrente de la otra. Entonces levantaron los brazos y crearon un arco. Los niños gritaban con alegría mientras corrían por el sendero y pasaban bajo los brazos de los adultos que los animaban.

Al poco rato, los niños del otro equipo decidieron unirse a la diversión. Los adultos animaron a todos los jugadores mientras corrían por el túnel de la victoria.

En mi mente, yo veía otra imagen. Tenía el sentimiento de que veía a esos niños vivir el plan que el Padre Celestial creó para cada niño. Corrían por el camino recto y angosto, bajo los brazos de las personas que los amaban. Cada niño sentía el gozo de estar en el sendero.

Jesucristo “marcó la senda y nos guió”, a cada uno de nosotros1. Si lo seguimos a Él, regresaremos a nuestro hogar celestial y estaremos a salvo en los brazos de nuestro Padre Celestial.

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    Nota

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    “Jesús, en la corte celestial”, Himnos, Nº 116.