Hablamos de Cristo

De las tinieblas a la luz

Nombre omitido

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Podemos tener la certeza de que cuando en la vida nos encontramos en tinieblas, Jesucristo puede transformar esa oscuridad en luz, si nos arrepentimos con sinceridad.

Ha habido momentos de mi vida en los que sentí que no existía esperanza de ser feliz ni de regresar a nuestro Padre Celestial. Hace varios años, me suspendieron los derechos de miembro de la Iglesia; había llevado una vida de orgullo y de pecado, y sufrí mucho a causa de mis acciones. Mi compromiso matrimonial con la mujer que amaba no funcionó, mis relaciones con los demás se estaban deteriorando y yo no era feliz.

Si bien hubiera querido haber escogido ser humilde mucho antes, fui obligado a serlo y a procurar hacer la voluntad del Señor. Empecé a leer las Escrituras con más frecuencia, a orar más seguido y a tratar de servir a los demás. Intenté reanudar las relaciones que había descuidado durante tanto tiempo, entre ellas mi relación con el Padre Celestial. Realmente deseaba un cambio en el corazón.

Un día, temprano en la mañana, cuando aún no salía el sol, estaba manejando hacia la escuela. El horizonte hacia el Este resplandecía, mientras que hacia el Oeste estaba oscuro, con la luna llena que descendía tras él. Yo había adquirido el hábito de conversar con mi Padre Celestial cuando conducía. Mientras oraba durante ese viaje en auto, mi mente se iluminó e invadió mi corazón una nueva esperanza.

Me di cuenta de que mi vida se estaba iluminando y que cada vez era más radiante, como el horizonte occidental. La oscuridad se estaba disipando y mis pecados, que eran tan grandes como la luna llena, estaban decreciendo. No habían desaparecido aún, pero sabía que pronto lo harían si continuaba mi arrepentimiento sincero; tenía la esperanza de que, algún día, mi vida resplandecería como la luz del medio día.

Con el tiempo, y a medida que oraba para tener amor hacia mi Padre Celestial y hacia los demás, llegué a ser más humilde. El acrecentar mi humildad me llevó a servir a Dios y a las personas de manera más desinteresada, y se renovó mi esperanza por la vida eterna y por un futuro mejor. A medida que esa esperanza creció, aumentó mi fe en que mi Salvador Jesucristo tiene poder para salvarme y limpiarme de toda maldad. Sé que las palabras de Mormón son verdaderas: “…He aquí, os digo que debéis tener esperanza, por medio de la expiación de Cristo y el poder de su resurrección, en que seréis resucitados a vida eterna” (Moroni 7:41).

Fotografía © Shutterstock.com/Krivosheev Vitaly.