Mensaje de la Primera Presidencia

El mejor momento para plantar un árbol


Dieter F. Uchtdorf

En la antigua Roma, Jano era el dios de los comienzos. A menudo se lo representaba con dos caras; una mirando hacia atrás, al pasado; y la otra, hacia el futuro. En algunos idiomas, se le dio el nombre al mes de enero en su honor, porque el comienzo del año era un tiempo de reflexión y de planificación.

Miles de años después, muchas culturas alrededor del mundo siguen la tradición de hacer resoluciones para el nuevo año. Por supuesto, hacer resoluciones es fácil, pero cumplir con ellas es una cosa totalmente diferente.

Un hombre que había hecho una larga lista de resoluciones para el año nuevo se sentía muy bien con su progreso y pensó: “Hasta ahora he seguido mi dieta, no me he enojado, me he ajustado a mi presupuesto y no me he quejado ni una vez del perro de mi vecino; pero hoy es 2 de enero, acaba de sonar el despertador y es hora de levantarme; voy a necesitar un milagro para mantener mi buena disposición”.

Empezar de nuevo

Hay algo increíblemente prometedor en un nuevo comienzo. Supongo que, en algún momento, todos hemos querido volver a empezar de cero.

Me encanta tener una computadora nueva con un disco duro vacío. Por un tiempo funciona perfectamente, pero a medida que los días y las semanas pasan y se instalan más y más programas (algunos intencionalmente, otros no tanto), la computadora empieza a fallar y las cosas que solía hacer de forma rápida y eficiente se hacen lentas. A veces no funciona para nada, incluso conseguir que inicie puede convertirse en una tarea trabajosa a medida que el disco duro se llena de información innecesaria y funciones inútiles. Hay momentos en que el único recurso es borrar el disco duro y volver a empezar.

De la misma manera, los seres humanos pueden colmarse de miedos, dudas y sentimientos de culpa. Los errores que hemos cometido (tanto intencionalmente como sin intención) pueden abrumarnos de tal manera que nos parezca difícil hacer lo que sabemos que debemos hacer.

En el caso del pecado, existe un maravilloso proceso para el reformateo llamado arrepentimiento que nos permite limpiar nuestro disco duro interno del desorden que agobia nuestro corazón. El Evangelio, mediante la expiación milagrosa y misericordiosa de Jesucristo, nos muestra la manera de limpiar nuestra alma de la mancha del pecado y volver a ser nuevos, puros e inocentes como un niño.

Sin embargo, algunas veces, otras cosas nos frenan y nos impiden avanzar, provocando pensamientos y acciones improductivos que hacen que sea difícil ponernos en marcha.

Motivar lo mejor en nosotros

Fijarse metas es un esfuerzo noble. Sabemos que nuestro Padre Celestial tiene metas, porque Él nos ha dicho que Su obra y Su gloria es: “Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre” (Moisés 1:39).

Nuestras metas personales pueden motivar lo mejor en nosotros; sin embargo, una de las cosas que entorpece nuestro esfuerzo por hacer y mantener las resoluciones es la procrastinación. A veces postergamos el empezar, esperando el momento adecuado para hacerlo: el primer día del nuevo año, el comienzo del verano, cuando se nos llame como obispo o presidenta de la Sociedad de Socorro, después de que los niños comiencen la escuela o después de que nos jubilemos.

Ustedes no necesitan una invitación para avanzar hacia sus metas justas; no tienen que esperar que se les dé permiso a fin de llegar a ser las personas que fueron creadas para ser; no necesitan esperar a que se les invite a prestar servicio en la Iglesia.

A veces perdemos años esperando a que se nos escoja (véase D. y C. 121:34–36, pero esa es una premisa falsa; ¡a ustedes ya se los ha escogido!

En algunas ocasiones he pasado noches sin dormir lidiando con problemas, preocupaciones o tribulaciones personales; pero no importa cuán oscura sea la noche, siempre me alienta este pensamiento: por la mañana, saldrá el sol.

Con cada nuevo día, llega un nuevo amanecer; no sólo para la tierra, sino también para nosotros; y con el nuevo día viene un nuevo comienzo, la oportunidad de volver a empezar.

Pero, ¿qué pasa si fracasamos?

A veces, lo que nos retiene es el miedo. Quizás tengamos miedo de no lograrlo, o de tener éxito; de que se nos avergüence, de que el éxito nos cambie o de que cambie a las personas que amamos.

Entonces, esperamos; o nos damos por vencidos.

Otra cosa que debemos recordar cuando fijamos metas es que, casi por seguro, fracasaremos; al menos a corto plazo. Sin embargo, en lugar de desanimarnos, eso puede fortalecernos, ya que ese conocimiento quita la presión de tener que ser perfecto de inmediato y reconoce desde el principio que en algún momento u otro fallaremos. Saber eso desde un comienzo disminuye en gran parte la sorpresa y el desaliento del fracaso.

Cuando consideramos nuestras metas de esta manera, el fracaso no tiene por qué limitarnos. Recuerden, aun si no logramos alcanzar el objetivo deseado de manera inmediata, habremos avanzado en el camino que nos llevará a él.

Y eso es importante; significa mucho.

A pesar de que no logremos alcanzar la meta, continuar el viaje nos hará mejores de lo que éramos antes.

El mejor momento para empezar es ahora

Un antiguo proverbio dice: “El mejor momento para plantar un árbol fue hace 20 años; el segundo mejor momento es ahora”.

Hay algo maravilloso y prometedor en la palabra ahora. Hay algo habilitador en el hecho de que si optamos por tomar la decisión ahora, podemos avanzar en este preciso momento.

Ahora es el mejor momento para empezar a ser la persona que queremos llegar a ser; no sólo de aquí a veinte años, sino por toda la eternidad.

Cómo enseñar con este mensaje

El presidente Uchtdorf explicó que cuando no alcanzamos nuestras metas, “podemos ser fortalecidos… Aunque podríamos no llegar a la meta, el continuar el viaje nos hará mejores de lo que éramos antes”. Pida a los miembros de la familia que compartan experiencias en las cuales hayan aprendido más en el proceso de lo que aprendieron del resultado, como el graduarse de la escuela o recibir un premio.

Jóvenes

Sé lo mejor que puedas — a partir de ahora

El presidente Uchtdorf enseña que las “metas personales pueden motivar lo mejor en nosotros”. Considera la posibilidad de establecer algunas metas en dos o tres aspectos de tu vida, tales como la salud física, la salud espiritual y la amistad. ¿Qué logros te gustaría alcanzar en esos aspectos este año? A medida que medites en oración en cuanto a algunas metas, asegúrate de que sean alcanzables pero que te requieran esfuerzo. Describe en detalle tus metas en tu diario personal a fin de que puedas ver tu progreso a lo largo del año.