Nuestro espacio


Un pasaje inspirador de las Escrituras

“…[Jesucristo] intercederá por todos los hijos de los hombres; y los que crean en él serán salvos” (2 Nefi 2:9).

En este pasaje de las Escrituras, la palabra intercederá encierra un gran significado: significa que actuará “como mediador para ayudar a dos partes a resolver un problema”. En este caso, el Salvador es el mediador que ayuda a todas las personas que han quedado separadas del Padre Celestial por causa del pecado.

Este pasaje me ayudó a entender la importancia de nuestro Salvador Jesucristo. Estoy agradecida por Su expiación. Sólo por medio de Él podremos vivir nuevamente con nuestro Padre Celestial.

Hanisha A., India

¿Quién quiere orar?

Jarrel M., Filipinas

Durante mi misión, mi compañero y yo enseñamos a una familia que tenía varios hijos. En uno de nuestros tiempos de planeamiento, oramos y analizamos qué lección debíamos enseñar a los niños la próxima vez, y ambos estuvimos de acuerdo en enseñarles acerca de la oración.

Al llegar a su casa, la abuela y los niños estaban muy emocionados. Comenzamos la lección con una oración. Los niños estuvieron callados y escucharon atentos. Les explicamos cómo y por qué orar. Al final de la lección, les preguntamos: “¿Quién quiere decir la última oración?”. ¡Todos querían hacerlo! De modo que hicimos un calendario a fin de que se turnaran para ofrecer la oración cada vez que fuéramos a enseñar una lección. También los invitamos a orar cuando nosotros no estuviéramos presentes.

Después de la lección, me preguntaba: “¿Por qué a los niños pequeños les resulta fácil orar mientras que a nuestros investigadores mayores les cuesta mucho hacerlo?”. Encontré una respuesta en el diccionario bíblico [en inglés]: “En cuanto aprendemos la verdadera relación que tenemos con Dios (esto es, que Dios es nuestro Padre y nosotros somos Sus hijos), entonces de inmediato la oración se vuelve natural e instintiva de nuestra parte (Mateo 7:7–11). Muchas de las supuestas dificultades con la oración surgen cuando se olvida esta relación” (“Prayer” [Oración]; véase también Guía para el Estudio de las Escrituras, ”Oración”, scriptures.lds.org).

Desde entonces, he procurado ayudar a las personas a comprender su verdadera relación con nuestro Padre Celestial. Nuestro Padre Celestial desea hablar con Sus hijos, de la misma manera que nuestros padres terrenales desean hacerlo. Él nos ama, quiere hablar con nosotros y quiere que nosotros le hablemos a Él.

La historia familiar une a las familias

Yael B., Argentina

Encontré una meta en el programa del Progreso Personal que me motivó a empezar mi árbol familiar. Cada vez que iba a comer con mis abuelos, me contaban relatos de la vida de ellos y de otros familiares. Empecé a ir al centro de historia familiar y a compilar información acerca de mi familia.

Recuerdo cuando encontré información acerca de mi tatarabuela. Cuando vino a Argentina en barco, estaba embarazada. Durante la travesía, sepultó a su hijo en el mar. Ella era tan sólo una historia hasta que encontré su nombre en un registro. Me sentí más cerca de mis abuelos y llegué a conocer a mis antepasados como si hubiera vivido con ellos. Encontré información sobre mis antepasados, compartí con ellos las buenas nuevas del sellamiento eterno y ayudé a que muchas generaciones fueran bendecidas.

Gracias a FamilySearch, sigo descubriendo tesoros escondidos. Me encanta lo que dijo el presidente Thomas S. Monson: “Yo les testifico que cuando hacemos todo lo que podemos para llevar a cabo esta obra, el Señor pondrá a nuestro alcance la sagrada llave que necesitaremos para abrir el cerrojo del tesoro que buscamos con tanta intensidad”1. Mediante nuestros esfuerzos, descubriremos las llaves de nuestro tesoro eterno, y algún día podremos conocer a nuestros antepasados en persona.

    Nota

  1.   1.

    Thomas S. Monson, “La llave de la fe”, Liahona, mayo de 1994, pág. 5.

Recibir un testimonio del Espíritu Santo

Tamara O., Brasil

Cuando me uní a la Iglesia a los 9 años, ya creía que la Iglesia era verdadera, por lo que consideré innecesario preguntar a Dios si era verdadera. Después de ser miembro por varios años, comencé a dudar. Entonces, durante una reunión sacramental, mientras escuchaba el himno “La oración del Profeta” (Himnos, Nº 14), oré y le pregunté al Padre Celestial si la Iglesia era verdadera y si José Smith realmente lo había visto a Él y a Jesucristo. A mi mente acudió el pensamiento de que, efectivamente, la Iglesia de Jesucristo es verdadera y que, de hecho, José vio a Dios el Padre y a Jesucristo. Se me llenaron los ojos de lágrimas y sentí el Espíritu Santo arder en mi corazón.

Hoy en día puedo afirmar que el Espíritu Santo me testificó acerca de la veracidad de esta Iglesia. Sé que José Smith vio al Padre Celestial y a Jesucristo, y no lo puedo negar. Este testimonio me dio el valor para compartir mi testimonio con los demás.