La mejor familia para siempre


“Una familia Dios me dio; la amo de verdad” (“Las familias pueden ser eternas”, Canciones para los niños, pág. 98).
Las otras niñas estaban dejando a Olivia de lado. ¿Podría servir para algo un tarro de pintura?

Olivia bajó la cabeza al escuchar los entusiasmados susurros de las niñas que estaban sentadas detrás de ella en el autobús.

“Estoy muy contenta porque tu mamá dijo que podías bajarte conmigo en mi parada del autobús. ¿Trajiste los juegos?”.

“Los traje, ¡y mi mamá también me dejó traer una bolsa de palomitas de maíz!”.

Olivia frunció el ceño mirando el libro que estaba leyendo. ¿No sabían que las podía oír? Definitivamente no le gustaba escuchar a sus dos amigas hacer planes para algo a lo que ella no había sido invitada.

Stephanie, Rebecca y Olivia habían sido amigas por mucho tiempo; solían hacer todo juntas, pero cuando comenzó el nuevo año escolar, Stephanie y Rebecca se enteraron de que tenían la misma maestra, mientras que Olivia estaba en una clase diferente. Olivia recordó el sentimiento triste que tenía en el estómago cuando las dos niñas hablaron entusiasmadas en cuanto a sentarse juntas en clase y a comer el almuerzo juntas. Ahora tenía ese mismo sentimiento de tristeza.

El autobús se detuvo frente a la casa de Rebecca. Olivia miraba tristemente por la ventana mientras las niñas saltaban del autobús y corrían al jardín frente a la casa.

Para cuando el autobús por fin llegó a la parada de Olivia, casi no podía contener las lágrimas. Se apresuró a entrar a casa.

“¿Cómo te fue en la escuela?”, preguntó la mamá.

Olivia comenzó a llorar. “¡Fue horrible! ¡Rebecca y Stephanie casi ni me hablan ya, y se suponía que íbamos a ser mejores amigas para siempre!”, dijo entre sollozos.

“Lo siento mucho, Olivia. Puede ser difícil cuando las amistades comienzan a cambiar”, dijo la mamá; después de una pausa, le preguntó: “¿Recuerdas cuando fuimos al templo para sellarnos?”, y señaló la fotografía de la pared. Olivia miró y vio a su familia sonriendo frente al templo. Ella era mucho más pequeña en aquel entonces, pero todavía recordaba estar con sus padres y con su hermana mayor, Jane, en la hermosa sala de sellamientos.

“¿Sabes por qué nos esforzamos tanto para prepararnos para ir al templo?”

“¿Porque queríamos ser una familia para siempre?”, contestó Olivia.

“Exacto. Aunque no seas amiga de Rebecca y de Stephanie para siempre, los miembros de tu familia serán tus amigos para siempre”.

“Sí”, dijo Olivia. “Pero no es lo mismo”.

“Sé que tus sentimientos están heridos”, dijo la mamá, “pero me alegra que estés en casa; tengo una tarea para ti y para Jane”.

Olivia no lo podía creer; en lugar de ayudarla a sentirse mejor, ¡su mamá le estaba dando tareas!

“Ponte alguna ropa vieja, y te veo en el porche de atrás. Dile a Jane que venga también”.

Olivia subió las escaleras, pisando un poco más fuerte de lo normal, y se puso la ropa de trabajo.

Cuando las chicas se vistieron y salieron afuera, vieron a la mamá que regresaba del cobertizo. Llevaba un tarro de pintura, algunas brochas y un trozo de plástico todo enrollado. Cuando llegó al porche, cubrió el suelo con el plástico y le dio una brocha a cada una de las niñas.

“¿Vas a dejar que pintemos algo?”, preguntó Olivia incrédulamente. Normalmente era el papá el que hacía esos proyectos.

“Sí”, dijo la mamá. “Quiero que la puerta de atrás esté pintada para antes de la hora de la cena”. Y luego se dio la vuelta y entró en la casa.

Las niñas se miraron por un largo momento y entonces sonrieron; esto podría ser divertido. Metieron las brochas en la suave pintura verde y se pusieron a trabajar. A Olivia le gustaba ese trabajo; no parecía ser para nada una tarea. Jane le enseñó a dar pinceladas largas y parejas. Al poco rato, las niñas se estaban riendo y conversando. Olivia comenzó a recordar todos los momentos divertidos que Jane y ella habían pasado juntas. Estaba contenta porque su hermana siempre sería su amiga.

Un par de horas más tarde, las chicas estaban cubiertas de manchas de pintura verde y tenían unas sonrisas enormes. Olivia abrió la puerta verde y brillante con cuidado y se asomó. “Mamá, hemos terminado con la puerta”, exclamó. “¡Ven a ver lo bien que ha quedado!”.

“Establecemos relaciones familiares profundas y amorosas al hacer cosas sencillas juntos”.

Presidente Dieter F. Uchtdorf, Segundo Consejero de la Primera Presidencia, “De las cosas que más importan”, Liahona, noviembre de 2010, pág. 21.