Koichi Aoyagi
“El Espíritu Santo… os mostrará todas las cosas que debéis hacer” (2 Nefi 32:5).

Cuando era niño en Japón, quería aprender inglés. Sin embargo, las lecciones de inglés eran caras y no tenía suficiente dinero para pagarlas.

Un día, vi a dos jóvenes que repartían volantes de lecciones de inglés gratis. Eran misioneros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Me inscribí para tomar las clases de inglés de inmediato.

Noté algo especial en los misioneros; eran alegres y positivos. Les pregunté en cuanto a su Iglesia, y algo me conmovió el corazón. No lo entendí en ese momento, pero estaba sintiendo el Espíritu. Al poco tiempo, quise bautizarme.

Mis padres no querían que me bautizara en una iglesia diferente a la de ellos, pero los misioneros vinieron a mi casa y le hablaron a mis padres con mucho amor. El Espíritu tocó el corazón de mis padres, y me concedieron permiso para bautizarme.

Un domingo de octubre, se me asignó una parte importante en un programa de la Iglesia. Sin embargo, en octubre, todos los miembros de mi familia tenían que trabajar arduamente para cosechar el arroz en los campos de arroz de mi padre. Eso incluía trabajar el día de reposo.

Oré al Padre Celestial y el Espíritu puso una idea en mi mente: Podría intentar terminar de cosechar antes del domingo. Me levantaría temprano y trabajaría cada mañana antes de ir a la escuela; y cada tarde, al regresar de la escuela, trabajaría hasta el anochecer.

Pero, cuando llegó el sábado por la noche, sólo habíamos cosechado la mitad del arroz. Me fui a acostar decepcionado porque no había cumplido mi meta. El domingo por la mañana me desperté temprano para ir a los campos. Mi padre fue a mi habitación y, con una tierna sonrisa, preguntó por qué no iba a la Iglesia. Mi corazón saltó de alegría, ¡podría ir a la Iglesia y santificar el día de reposo!

Estoy agradecido por saber que, a medida que escuchemos la voz del Señor y Lo sigamos, Él siempre nos bendecirá y nos guiará.