Thomas S. Monson

El Señor Jesucristo enseñó: “Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará” (Lucas 9:24).

El presidente Thomas S. Monson dijo: “Creo que el Salvador nos está diciendo que a menos que nos perdamos en dar servicio a los demás, nuestra propia vida tiene poco propósito. Aquellos que viven únicamente para sí mismos, al final se marchitan y, en sentido figurado, pierden la vida, mientras que aquellos que se pierden a sí mismos en prestar servicio a los demás, progresan y florecen… y en efecto salvan su vida”1.

En los siguientes extractos del ministerio del presidente Monson, él les recuerda a los Santos de los Últimos Días que ellos son las manos del Señor y que las bendiciones de la eternidad aguardan a aquellos que sirven fielmente a los demás.

El servicio en el templo

“Se brinda un gran servicio cuando se llevan a cabo ordenanzas vicarias por aquellos que han pasado más allá del velo. En muchos casos no conocemos a las personas por quienes efectuamos la obra. No esperamos que nos den las gracias, ni tenemos la seguridad de que aceptarán lo que les ofrecemos; sin embargo, prestamos servicio, y en ese proceso, obtenemos lo que no se puede obtener de ninguna otra manera: literalmente llegamos a ser salvadores en el monte de Sión. Así como nuestro Salvador dio Su vida como sacrificio vicario por nosotros, así también nosotros, en una pequeña medida, hacemos lo mismo cuando llevamos a cabo la obra vicaria en el templo por aquellos que no tienen manera de seguir adelante a menos que los que estamos aquí en la tierra hagamos algo por ellos”2.

Nosotros somos las manos del Señor

“Mis hermanos y hermanas, estamos rodeados de personas que necesitan nuestra atención, nuestro estímulo, apoyo, consuelo y bondad —ya sean familiares, amigos, conocidos o extraños. Nosotros somos las manos del Señor aquí sobre la tierra, con el mandato de prestar servicio y edificar a Sus hijos. Él depende de cada uno de nosotros…

“Ese servicio al que todos hemos sido llamados es el servicio del Señor Jesucristo”3.

Prestar servicio a la manera del Señor

“En el Nuevo Mundo, el Señor resucitado declaró: ‘…sabéis las cosas que debéis hacer en mi iglesia; pues las obras que me habéis visto hacer, ésas también las haréis; porque aquello que me habéis visto hacer, eso haréis vosotros’” [3 Nefi 27:21].

“Bendecimos a los demás al prestar servicio a la manera de ‘Jesús de Nazaret… [que] anduvo haciendo bienes’ [Hechos 10:38]. Que Dios nos bendiga para hallar gozo al servir a nuestro Padre Celestial cuando servimos a Sus hijos en la tierra”4.

La necesidad de servir

“Necesitamos que se nos dé la oportunidad de prestar servicio. En cuanto a los miembros que se han inactivado o que evitan comprometerse, podemos orar para encontrar alguna manera de llegar a ellos. Pedirles que desempeñen alguna función podría ser el incentivo justo que necesitan para volver a activarse. Sin embargo, a veces los líderes que podrían ayudar con esto son reacios a hacerlo. Debemos recordar que las personas pueden cambiar, pueden dejar atrás malos hábitos, pueden arrepentirse de transgresiones, pueden ser poseedores dignos del sacerdocio, y pueden servir al Señor diligentemente”5.

¿Estamos haciendo todo lo que deberíamos hacer?

“…el mundo necesita nuestra ayuda. ¿Estamos haciendo todo lo que deberíamos hacer? ¿Tenemos presentes las palabras del presidente John Taylor: ‘Si no magnifican sus llamamientos, Dios los hará responsables de aquellos a los que pudieron haber salvado si hubiesen cumplido con su deber’? [Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: John Taylor, 2001, pág. 182]. Hay pasos que afirmar, manos que afianzar, mentes que alentar, corazones que inspirar y almas que salvar. Las bendiciones de la eternidad los esperan. Ustedes tienen el privilegio de no ser espectadores, sino participantes en el escenario del servicio”6.

Cómo enseñar con este mensaje

“Si usted tiene amor semejante al de Cristo, estará mejor preparado para enseñar el Evangelio. Será inspirado a fin de ayudar a que otros conozcan al Salvador y le sigan”7. Considere la posibilidad de orar para tener más caridad hacia aquellos a quienes visite. A medida que cultive hacia ellos un amor semejante al de Cristo, será más capaz de servir de maneras significativas tanto al Señor como a aquellos a quienes enseña.

Jóvenes

Verano de servicio

La autora vive en Virginia, EE. UU.

Un verano pasé un tiempo en un país extranjero trabajando con niños que tenían necesidades especiales. Cuando los vi por primera vez, estaba muy nerviosa; no hablaba su idioma, pero confiaba en que el Espíritu me guiaría al relacionarme con ellos. Cuando llegué a conocer a cada niño, me di cuenta de que el idioma no es una barrera para el amor; yo jugaba, me reía y hacía manualidades con los niños y no podía evitar sentir un amor total por ellos. Vislumbré el amor que el Padre Celestial tiene por Sus hijos y el gozo que llenó mi corazón fue indescriptible.

Siempre que presto servicio a otras personas, no sólo siento amor hacia quienes sirvo, sino también por nuestro Padre Celestial. Realmente he llegado a saber que “cuando os halláis al servicio de vuestros semejantes, sólo estáis al servicio de vuestro Dios” (Mosíah 2:17). El propósito de mi servicio, ya sea en proyectos grandes o mediante pequeños actos de bondad, ha sido el de glorificar a Dios (véase Mateo 5:16). Espero que al servir a los demás, las personas reconozcan mi amor por el Padre Celestial y la Luz de Cristo que arde en mi interior.

Niños

Lazos de amor

Con la ayuda de un adulto, corta 28 tiras delgadas de papel, cada una de más o menos 2,5 cm de ancho y cerca de 20 cm de largo. Cada día de este mes, lleva a cabo un acto de servicio para mostrar tu amor por alguien; podrías ayudar a tus padres a limpiar la casa o escribir una nota amable a un vecino.

Escribe en una de las tiras de papel la clase de servicio que prestaste cada día y luego une con cinta adhesiva o pegamento los extremos de la tira para formar un círculo. Puedes entrelazar los círculos introduciendo el extremo de una nueva tira en el círculo del día anterior antes de pegar los extremos de esa nueva tira. ¡Mira cómo crecen tus lazos de amor! Incluso podrías seguir aumentando tu cadena de servicio después de que haya terminado el mes de febrero.

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    Notas

  1.   1.

    “¿Qué he hecho hoy por alguien?”, Liahona, noviembre de 2009, pág. 85.

  2.   2.

    “Hasta que nos volvamos a ver”, Liahona, mayo de 2009, págs. 113–114.

  3.   3.

    “¿Qué he hecho hoy por alguien?”, págs. 86, 87.

  4.   4.

    Véase “El llamado del Salvador a prestar servicio”, Liahona, agosto de 2012, págs. 4–5.

  5.   5.

    “Ver a los demás como lo que pueden llegar a ser”, Liahona, noviembre de 2012, pág. 68.

  6.   6.

    “Dispuestos a servir y dignos de hacerlo”, Liahona, mayo de 2012, pág. 69.

  7.   7.

    La enseñanza: El llamamiento más importante: Guía de consulta para la enseñanza del Evangelio, 1999, pág. 12.