Me pregunté cuántas veces había dejado de lado mi seguridad espiritual por estar centrado en las cosas del mundo.

Normalmente tomo una de las autopistas locales para llegar al trabajo; es la manera más rápida y fácil de llegar. Intento salir lo suficientemente temprano cada mañana para evitar mucho tráfico, cuando la marcha es más lenta y ocurren los accidentes.

Sin embargo, una mañana salí de casa más tarde de lo normal y terminé en tráfico pesado. Al entrar a la autopista, pensé en cuanto a mi estudio de las Escrituras esa mañana. Había tenido la impresión de que me centro demasiado en las cosas del mundo y no lo suficiente en las espirituales. Al manejar al trabajo, pensé en cómo podría prestar más atención a las cosas espirituales a lo largo del día.

Entonces noté un mensaje en una de las carteleras electrónicas encima de la autopista que alerta a los conductores sobre accidentes o sobre las condiciones de la carretera. Al acercarme más, leí: “Accidente en Mesa Drive — carril central bloqueado”. No quería aceptar el inconveniente de tener que salir de la autopista, y me pregunté cuánto tiempo podría permanecer en ella antes de tener que salir.

De pronto me vino otro pensamiento: Si no hacía caso a la señal, ¿me estaría poniendo en una situación peligrosa? ¿Estaba pasando por alto una advertencia sólo porque no quería que se alterara mi horario? Claramente, tenía la inclinación a no hacer caso a las advertencias en cuanto a mi seguridad física; ¿con cuánta frecuencia había dejado de lado los susurros sobre mi seguridad espiritual?

Al meditar en cuanto a cómo prestar más atención al Espíritu, me di cuenta de que mi Padre Celestial probablemente me manda muchos mensajes a lo largo del día. Me pregunté cuántas veces no había recibido Sus mensajes porque no estaba prestando atención a los susurros del Espíritu. Me comprometí a mejorar.

Miré el tráfico, cambié de carril, y tomé la siguiente salida. Al usar las calles locales para llegar al trabajo, pude evitar todos los obstáculos y peligros que habría tenido si me quedaba en la autopista mientras limpiaban el lugar del accidente.

Sé que el Señor me ama lo suficiente para mandarme Sus mensajes; yo tan sólo necesito estar a tono con las impresiones espirituales que me envía.

El autor vive en Arizona, EE. UU.