Hablen, escuchen y amen


¿Se comunica usted eficazmente con su cónyuge? El comprender estos tres tipos de conversaciones puede serle útil para fortalecer su relación.

En calidad de consejero matrimonial y familiar, con frecuencia converso con matrimonios a fin de ayudarlos a reparar o a fortalecer su relación. En un caso particular, me reuní con una mujer que había estado casada con su esposo tan sólo unos meses, y me dijo que estaban teniendo serios problemas de comunicación. Después de hablar con el esposo, me di cuenta de que en realidad era muy hábil para comunicarse, pero no con su esposa.

A lo largo de los años he aprendido que una sana comunicación afecta tanto el corazón como la mente. Si logramos comunicarnos mejor, o sea, de manera más clara y concisa, entonces podremos forjar lazos emocionales más intensos, resolver conflictos y fortalecer los vínculos de nuestra relación matrimonial. A continuación aparecen algunas maneras por medio de las cuales cada uno de nosotros puede mejorar la calidad de la comunicación en nuestras relaciones.

Participar en conversaciones significativas

El doctor Douglas E. Brinley, miembro de la Iglesia, y especialista matrimonial y en la crianza de los hijos, escribió en cuanto a tres niveles de comunicación en las relaciones: el superficial, el personal y el de validación. A fin de establecer un fuerte vínculo entre el esposo y la esposa, es necesario que haya un equilibrio entre los tres niveles1.

Superficial

La comunicación que corresponde al nivel superficial es informativa y libre de polémica, e implica un bajo nivel de riesgo. Todo matrimonio pasa tiempo en este nivel cuando coordina horarios, habla del clima o conversa sobre los precios de la gasolina. Aunque este tipo de comunicación es necesaria, las personas no pueden llegar a estar estrechamente conectadas ni unidas si la mayor parte de la comunicación es así.

La comunicación superficial puede suplantar las conversaciones serias y significativas. Si los matrimonios andan con rodeos para esquivar los asuntos más importantes que se deben tratar, nunca aprenderán a resolver los conflictos ni establecerán una conexión entre ambos. Los matrimonios crean vínculos al hablar sobre cosas de importancia, y no sobre aquellas que no lo son. En mi práctica, he visto muchos matrimonios que han tratado de preservar su relación manteniendo su comunicación en un nivel superficial. Al evitar “lo más importante” (Mateo 23:23), lo que en realidad han hecho es destruir su matrimonio.

Personal

Durante la comunicación personal, la persona comparte sus intereses, sus sueños, sus pasiones, sus creencias y sus metas; además, está más dispuesta a compartir sus temores e ineptitudes. El comunicar todos estos asuntos de una manera semejante a la de Cristo es una forma en que los matrimonios se integran y fortalecen la relación. El élder Marvin J. Ashton (1915–1994), del Quórum de los Doce Apóstoles, enseñó: “…la comunicación es algo más que simplemente compartir palabras. Se trata de compartir en forma sabia las emociones, sentimientos y preocupaciones; de dar totalmente de uno mismo”2.

Ustedes tal vez usaron este nivel de comunicación cuando salían con personas del sexo opuesto; éste es el nivel en el que los hombres y las mujeres se enamoran. A medida que sigan compartiendo lo que es importante, usted y su cónyuge sentirán que se les aprecia, se les quiere, se les valora y se les necesita mutuamente. Al aprender a aceptar lo que su cónyuge comparta, demostrando que lo que él o ella diga es importante para ustedes, progresarán al siguiente nivel de comunicación.

Validación

Tanto el esposo como la esposa tienen la solemne responsabilidad de brindarse cuidado y consuelo el uno al otro3. Las expertas matrimoniales Sandra Blakeslee y Judith S. Wallerstein han escrito: “El matrimonio carente de sustento y de consuelo revitalizador puede morir de desnutrición emocional”4. La comunicación que brinda validación es edificante, curativa, nutritiva y halagadora. En este nivel de comunicación, expresamos elogio y felicitaciones a las personas a quienes apreciamos. Casi toda relación prosperará si cuenta con una sana dosis de validación.

La validación se inicia cuando se presta atención a lo que dice el cónyuge, e incluye el expresar ideas y pensamientos que sean edificantes y curativos. Busquen lo bueno en su cónyuge y háganselo saber. Si el cónyuge ha tenido un día difícil, podrían validarlo o validarla al escuchar y brindar consuelo. Podrían decir: “Lamento que hayas tenido un mal día; cuéntame qué es lo que sucedió” o “¿Qué puedo hacer para mejorar el resto de tu día?”. Tal vez podrían decir: “Ahora veo por qué tuviste un día tan difícil, pero confío en tu inteligencia y ética de trabajo; sé que podrás resolver ese problema”. Esta clase de declaraciones demuestra que reconocen la angustia de su cónyuge y que se preocupan por él o ella. Al reconocer verbalmente las emociones del cónyuge, sus temores, ideas o preocupaciones, están comunicando la validación y transmitiendo aprecio, amor y respeto5.

Practicar el arte de escuchar

La mejor aptitud en cuanto a la comunicación es el ser un buen oyente. Una de las demostraciones más caritativas en el matrimonio es realmente prestar atención al cónyuge y escucharlo, realmente escucharlo, sin importar lo que nosotros queramos decir. El que a uno lo escuchen es semejante a que lo amen; de hecho, el que se nos escuche es una de las formas más sublimes de respeto y validación. Al escuchar, comunicamos a nuestro cónyuge: “Me importas, te amo, y lo que tienes que decir es importante”.

En el matrimonio, la meta de escuchar no debe ser con el fin de adquirir información, sino para entender. El comprender verdaderamente al cónyuge es ver un asunto de la forma en que el cónyuge lo ve. El élder Russell M. Nelson, del Quórum de los Doce Apóstoles, enseñó que los esposos y las esposas “deben aprender a escuchar, y a escuchar para aprender el uno del otro”6. El escuchar de manera eficaz nos sirve para despojarnos de nuestra propia voluntad y orgullo y conectarnos, alma a alma, con nuestro cónyuge.

El élder Joe J. Christensen, ex miembro de los Setenta, aconsejó: “Dediquen tiempo para escuchar al cónyuge; incluso, aparten un tiempo para hacerlo en forma regular. Conversen y evalúen qué clase de compañeros son en el matrimonio”7. El apartar tiempo para hablar en un lugar donde no haya distracciones servirá para resolver problemas. Asegúrense de ser positivos, de tratarse de forma semejante a la de Cristo, y de evitar interrumpir a su cónyuge cuando él o ella les hable.

Indicios no verbales

Otro aspecto de la comunicación que a veces se pasa por alto es la comunicación no verbal. Lo que se dice y la forma en que se dice es importante, pero también lo es el lenguaje corporal. ¿Mantienen contacto visual con su cónyuge cuando les habla? ¿Miran para arriba exasperadas cuando él les dice que tuvo un día difícil en el trabajo? ¿Muestra su expresión facial interés y sinceridad, o simplemente aburrimiento e irritación? ¿Demuestran su amor con afecto físico? A veces un abrazo o una sonrisa pueden transmitir el amor que sienten más que las palabras. Sin importar el tipo de conversación, ya sea que trate sobre un artículo de las últimas noticias o sobre sus aspiraciones en la vida, el lenguaje corporal positivo puede reafirmar la validación y fortalecer su relación.

Imitar la manera de comunicarse del Salvador

Al participar con su cónyuge en conversaciones significativas, guíen sus acciones y sus palabras siguiendo el ejemplo de Jesucristo. La forma en que Él se comunicaba con los demás irradiaba amor, interés y preocupación; habló con ternura y amó de manera pura; demostró compasión y concedió el perdón; escuchó con atención y demostró caridad. Del mismo modo, si deseamos que mejoren nuestras relaciones, debemos aprender a hablar de una manera positiva que edifique y fortalezca a las personas que nos rodean.

Al reunirme con los matrimonios, muchas veces les pido que analicen sus modelos de comunicación y que los mejoren. Cuando en sus relaciones han aplicado los principios de las conversaciones significativas, he visto cambios que mejoran su matrimonio. El comprender al cónyuge, el crear un ambiente que fomente la franca comunicación y expresión, y el demostrar cariño y admiración son las claves para tener una relación más estable y un matrimonio más feliz.

El autor vive en Utah, EE. UU.

Cómo mejorar nuestra relación con nuestro Padre Celestial

Al incorporar en su matrimonio estos principios relacionados con la comunicación, quizás también deseen aplicarlos a la relación que tienen con su Padre Celestial. Muchas personas se comunican con Dios a un nivel superficial. Si oran sólo para cumplir su deber o utilizan frases habituales, tal vez se les haga difícil conectarse con el Padre Celestial y les parecerá que Él está distante. El comunicarse con Dios es diferente a simplemente hablar con Él. El presidente Joseph F. Smith (1838–1918), enseñó: “No tenemos que clamar a Él con muchas palabras; no tenemos que fastidiarlo con largas oraciones… hagamos que la oración salga del corazón, no con palabras que vayan dejando huellas en el camino trillado del uso común, sin reflexión ni sentimiento en el empleo de las palabras”8. ¿Comparte usted con su Padre Celestial sus creencias, sentimientos y deseos más recónditos? ¿Ha compartido con Él las aspiraciones secretas de su corazón? ¿Puede orarle con toda sinceridad? ¿Y practica el escuchar para recibir Sus respuestas?

Las palabras sinceras emitidas en humilde oración le permitirán establecer una relación más estrecha con el Padre Celestial. El escuchar Su consejo y llevarlo a la práctica enriquecerá y fortalecerá la relación. Al expresar gratitud por bendiciones específicas, al vivir el Evangelio y al llegar a ser más como Jesucristo, usted demostrará su amor por el Padre Celestial.

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    Notas

  1.   1.

    Véase de Douglas E. Brinley y Mark D. Ogletree, First Comes Love, 2002, págs. 123–126.

  2.   2.

    Véase de Marvin J. Ashton, “La comunicación familiar”, Liahona, agosto de 1976, pág. 46.

  3.   3.

    Véase “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, Liahona, noviembre de 2010, pág. 129.

  4.   4.

    Sandra Blakeslee y Judith S. Wallerstein, The Good Marriage: How and Why Love Lasts, 1995, pág. 240.

  5.   5.

    Douglas E. Brinley, Strengthening Your Marriage and Family, 1994, págs. 153–154.

  6.   6.

    Véase de Russell M. Nelson, “Escuchad para aprender”, Liahona, julio de 1991, pág. 24.

  7.   7.

    Véase Joe J. Christensen, “El matrimonio y el gran plan de felicidad”, Liahona, julio de 1995, pág. 72.

  8.   8.

    Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Joseph F. Smith, 1998, pág. 25.