No debería ser difícil sentarse quieto, y pensar en Jesús, en la cruz sobre el monte.

Y en todo lo que sufrió y lo que hizo por mí; no debería ser difícil sentarme callado.

Pienso en los kilómetros que anduvo en el polvo,

y a los niños a quienes ayudó a amar y tener confianza;

no debería ser difícil sentarme derecho, escuchar educado y dejar los pies quietos.

Aunque pequeño soy, no debería ser difícil pensar en Jesús; nada difícil.