Scott D. Whiting
“La paz os dejo, mi paz os doy” (Juan 14:27).

Cuando tenía aproximadamente siete años, mi presidenta de la Primaria quería ayudar para que los niños fueran más reverentes en nuestra Primaria. Confeccionó un cartel de anuncios con forma de cordero, y cuando un niño era reverente, colocaba una etiqueta adhesiva en forma de cordero en el cartel, al lado de su nombre. Yo realmente quería una de esas etiquetas, de modo que un día, en la Primaria, permanecí sentado reverentemente con los brazos cruzados, y fijé la vista en la presidenta de la Primaria para que notara que estaba siendo reverente. Un niño que era más alto que yo estaba sentado delante de mí, de modo que me deslicé hacia un costado del asiento para que ella pudiera verme.

Entonces, mientras estaba sentado allí de forma reverente, la pianista comenzó a tocar una dulce y suave canción de la Primaria. Al escuchar, me inundó un sentimiento de paz, y las lágrimas me empezaron a rodar por las mejillas. Yo no sabía por qué me sentía tan feliz y tranquilo por dentro.

Después de la Primaria le comenté a mi mamá lo que sentí, y me dijo que era el Espíritu. Ese día aprendí cómo se siente el Espíritu. Cuando tengo que tomar decisiones importantes y necesito la ayuda del Espíritu, recuerdo la paz que sentí ese día, y puedo reconocer cómo me habla el Espíritu.