Mensaje de las maestras visitantes

La misión divina de Jesucristo: Ministrar


Con espíritu de oración, estudie este material y procure saber lo que debe compartir. ¿De qué manera el entender la vida y la misión del Salvador aumentará su fe en Él y bendecirá a las personas que están bajo su cuidado en el programa de maestras visitantes? Si desea más información, visite reliefsociety.lds.org.

Este artículo es parte de una serie de mensajes de las maestras visitantes que presentan aspectos de la misión del Salvador.

Al ministrar a los demás, llegamos a ser verdaderos discípulos de Jesucristo, quien estableció el ejemplo para nosotros. El presidente Thomas S. Monson dijo: “…estamos rodeados de personas que necesitan nuestra atención… Nosotros somos las manos del Señor aquí sobre la tierra, con el mandato de prestar servicio y edificar a Sus hijos”1.

Linda K. Burton, Presidenta General de la Sociedad de Socorro, enseñó: “…con práctica, todos podemos llegar a parecernos más al Salvador a medida que servimos a los hijos de Dios. Para ayudarnos a [ministrarnos] mejor unos a otros, sugiero que recordemos cuatro palabras: ‘Primero observa; luego sirve’… Al hacerlo, guardamos los convenios, y nuestro servicio, como el del presidente Monson, será evidencia de nuestro discipulado”2.

Podemos orar todas las mañanas para reconocer las oportunidades de servir a los demás. “El Padre Celestial los guiará y enviará ángeles para que los ayuden”, dijo David L. Beck, Presidente General de los Hombres Jóvenes. “Se les dará poder para bendecir vidas y rescatar almas”3.

De nuestra historia

En la Conferencia General de octubre de 1856, el presidente Brigham Young (1801–1877) anunció que los pioneros de carros de mano aún estaban cruzando las planicies y pidió que todos ayudaran inmediatamente a reunir suministros para ellos. Lucy Meserve Smith escribió que las mujeres “se despojaron de sus combinaciones [enaguas largas], sus calcetines y de todo lo que podían prescindir, allí mismo en el tabernáculo, y [los] apilaron en los carromatos”.

A medida que los pioneros que habían sido rescatados llegaban a Salt Lake City, Lucy escribió: “Jamás había sentido mayor satisfacción y placer… en ninguna labor que haya realizado en mi vida; tal era el sentimiento de unanimidad que prevalecía. Sólo se debía ir a una tienda y dar a conocer lo que se necesitaba; y si se trataba de tela, se medía y se cortaba sin cobrar”4.

El presidente George Albert Smith (1870–1951) dijo acerca de ministrar a los demás: “Nuestra felicidad eterna será en proporción a la forma en que nos dediquemos a ayudar a otras personas”5.

Considere esto:

  1. 1.

    ¿Cómo nos lleva la oración a ser instrumentos en las manos del Señor?

  2. 2.

    ¿De qué manera el ministrar a otras personas nos ayuda a cumplir con nuestros convenios?

Mostrar las referencias

    Notas

  1.   1.

    Véase de Thomas S. Monson, “¿Qué he hecho hoy por alguien?”, Liahona, noviembre de 2009, pág. 86.

  2.   2.

    Linda K. Burton, “Primero observa; luego sirve”, Liahona, noviembre de 2012, págs. 78 y 80.

  3.   3.

    David L. Beck, “Tu sagrado deber de ministrar”, Liahona, mayo de 2013, pág. 56.

  4.   4.

    Lucy Meserve Smith, en Hijas en Mi reino: La historia y la obra de la Sociedad de Socorro , 2011, págs. 41–42.

  5.   5.

    George Albert Smith, en Hijas en Mi reino, pág. 87.