Hasta la próxima

El poder del cuándo


Sabíamos que debíamos prestar atención a la mano del Señor en nuestra vida, dado que no era cuestión de si Su influencia se manifestaría, sino de cuándo.

La enfermedad de mi esposo llegó repentinamente. Una mañana estaba cortando el césped y, de repente, se sintió enfermo. Al día siguiente estaban haciéndole reanimación cardiopulmonar. Al ir del salón de emergencias a la sala de operaciones, uno de los doctores comentó que no sabía si podrían salvarlo.

Debido a que la enfermedad que había contraído era poco común, tenía poca posibilidad de sobrevivir. Yo no podía creer el dramático giro de la situación; me sentí abrumada por la desesperación.

Afortunadamente, Pierre sobrevivió la primera operación y lo pusieron en la unidad de cuidados intensivos (UCI). Habría un largo camino por delante, pero las posibilidades mejoraban cada hora. La primera de muchas enfermeras me habló la mañana después de la primera operación. Habló de lo que pasaría cuando Pierre pasara al siguiente paso del tratamiento. Me detuve ante el impacto de esa palabra. Había una esperanza mucho mayor en el cuando que en el si; comunicaba confianza, esperanza. Le agradecí que hubiese usado esas palabras, y ella sonrió, comprendiendo.

Pierre recibió muchas bendiciones del sacerdocio que nos dieron mucho ánimo. Sabíamos que debíamos prestar atención a la mano del Señor en nuestra vida, dado que no era cuestión de si Su influencia se manifestaría, sino de cuándo. Cada vez que la salud de Pierre se tornaba peligrosamente frágil, le recordaba las bendiciones que había recibido y que debíamos demostrar nuestra fe en el Señor. Ésa fue una época sagrada; cada día era un regalo.

La esperanza del cuando nos mantenía con una actitud positiva. Sin embargo, después de 18 días en ese recorrido, las cosas se pusieron terriblemente mal. Durante la séptima operación, los doctores concluyeron que la enfermedad estaba demasiado extendida. El equipo médico expresó su pesar entre lágrimas, y me dijeron que Pierre no sobreviviría la noche.

Pude estar con mi compañero eterno cuando cruzó el velo. Tuvimos la bendición de que su único hijo vivo de un matrimonio anterior estuviera en el teléfono para expresar el amor que sentía por su padre. Pierre falleció en paz.

Semanas después, junto a su tumba, llegaron palabras de consuelo de Mosíah 2:41: “…quisiera que consideraseis el bendito y feliz estado de aquellos que guardan los mandamientos de Dios. Porque he aquí… si continúan fieles hasta el fin, son recibidos en el cielo, para que así moren con Dios en un estado de interminable felicidad” (cursiva agregada).

Pierre y yo siempre habíamos pensado que el si de esa Escritura sería un cuando para nosotros. Sabíamos que al mantenernos fieles a nuestros convenios, nos volveríamos a reunir; sólo era cuestión de cuándo. Confiamos en el plan del Señor que incluye familias eternas y la vida eterna. Es el poder del cuándo lo que nos impulsa a seguir adelante.