Una bendición para mi hermano


Ilustración por David Habben.

Aprendí sobre el poder y las bendiciones del sacerdocio en un momento desafortunado. Hace algunos años, cuando mi hermano menor tenía 14 años, tuvo un accidente en su motocicleta y se fracturó la pierna. Mi papá me llamó y me dijo que lo estaban llevando al hospital. Mientras me dirigía de prisa al hospital, tuve una sensación terrible. Cuando llegué, vi a uno de mis tíos, quien me contó la gravedad del accidente.

Con temor a lo que vería, abrí la puerta y entré a la habitación donde estaba mi hermano. Di un paso, cerré los ojos y de inmediato sentí paz. Así como nunca olvidaré la terrible sensación que tuve, tampoco olvidaré el sentimiento de paz y consuelo que me embargó. Reconocí el sentimiento: era el Espíritu.

Luego escuché la voz de papá; él y mi tío le estaban dando una bendición del sacerdocio a mi hermano. Con humildad, mi papá bendijo a su hijo en el nombre de Jesucristo para que estuviera bien, que sanara y que pudiera utilizar la pierna de nuevo sin problemas.

Después de la bendición, todos se quedaron callados por un rato. En ese momento supe que tenía que llevar una vida digna a fin de recibir el Sacerdocio de Melquisedec para poder darles bendiciones a mis futuros hijos.

Cuando nos reunimos en el pasillo que estaba afuera de la habitación de mi hermano, mis padres empezaron a conversar sobre lo que debían hacer. Se debatían entre irse de México y llevar a mi hermano a un doctor en los Estados Unidos o que lo operaran en México. Cualquiera que fuera la opción que consideraran mejor para mi hermano, sabía que él ya había recibido la mejor atención posible, pues había recibido una bendición de dos hombres que poseían el sacerdocio; de modo que, sin importar lo que mis padres decidieran, mi hermano estaría bien.

Decidieron quedarse en México para la operación. Los doctores pusieron una placa y 10 tornillos en la pierna de mi hermano. La fractura sanó bien y unos meses después mi hermano se unió a un equipo de fútbol americano. La bendición se cumplió tal y como la dijo papá.

Sé que el sacerdocio es el poder y la autoridad de Dios que se le han dado al hombre. Qué gran don nos ha dado Dios.

Élder L. Tom Perry

“Cuando recibimos el sacerdocio, recibimos la autoridad de actuar en el nombre de Dios y de dirigir por las vías de la verdad y la justicia. Esta autoridad es una fuente vital de poder e influencia justos para el beneficio de los hijos de Dios sobre la tierra y que durará más allá del velo”.

Véase del élder L. Tom Perry, del Quórum de los Doce Apóstoles, “Las doctrinas y los principios que se encuentran en los Artículos de Fe”, Liahona, noviembre de 2013, pág. 47.