Muchas veces les preguntaba a mis padres lo que significa “sentir el Espíritu Santo”. Los había oído hablar de eso, pero no estaba segura de qué era ese sentimiento. Mi mamá me dijo que era un sentimiento muy bueno, pero aún no estaba segura de lo que significaba.

Una mañana, mi hermano de un año estaba correteando y accidentalmente se golpeó la cabeza con el calentador; se hizo un gran corte en la frente, y estaba llorando y sangrando. Yo estaba muy asustada y preocupada. Mi mamá le curó la herida y le puso un vendaje. Entonces me llevó a la escuela.

En la escuela, yo seguía asustada y preocupada por mi hermano. Entonces recordé que podía orar. Fui al baño y oré sinceramente al Padre Celestial; le pedí que bendijera a mi hermano. Después de la oración, ya no tuve miedo; sentí mucha paz, y regresé al salón de clases.

De camino a casa ese día, le dije a mi mamá lo que había sucedido. Con alegría me dijo que ese sentimiento cálido y de paz era el Espíritu Santo que me daba consuelo. Me dijo que, normalmente, el Espíritu Santo no nos habla como nos hablan otras personas, sino que nos da un sentimiento de paz.

Después de eso, noté otras veces en las que sentí el Espíritu Santo. Cuando mi papá le dio una bendición a mi mamá, cerré los ojos y traté de ser muy reverente. Entonces tuve ese sentimiento cálido otra vez. Sé que para sentir el Espíritu Santo más fácilmente, tenemos que ser reverentes.