Por qué compartimos el Evangelio

De un discurso pronunciado en el seminario para nuevos presidentes de misión en el Centro de Capacitación Misional de Provo, el 22 de junio de 2008.


D. Todd Christofferson
Como Santos de los Últimos Días, cada uno de nosotros tiene un objetivo misional: el de invitar a otras personas a venir a Cristo.

En el primer capítulo de Predicad Mi Evangelio se hace una pregunta que se aplica a todo miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días: “¿Cuál es mi objetivo como misionero?”.

La respuesta, que se resume en una sola oración, aparece allí de la siguiente manera: “Invitar a las personas a venir a Cristo al ayudarlas a que reciban el Evangelio restaurado mediante la fe en Jesucristo y Su expiación, el arrepentimiento, el bautismo, la recepción del don del Espíritu Santo y el perseverar hasta el fin”1.

Los miembros como misioneros

A todos se nos pide que seamos misioneros; y a fin de ser eficientes en compartir el evangelio de Jesucristo, debemos tener presente ese objetivo, sentirlo en el corazón, aceptarlo en el alma y actuar de acuerdo con él. Cuando lo hacemos, nos inspira y al mismo tiempo nos guía para compartir el Evangelio. Debemos mantener clara la distinción entre el propósito de compartir el Evangelio, por un lado, y los medios para lograr dicho propósito, por el otro.

Nuestro objetivo no es simplemente participar en conversaciones sobre el Evangelio ni hablar con alguien o con todos los que podamos sobre la Iglesia, ni simplemente establecer metas y hacer planes; esas cosas son importantes, pero son medios para lograr un fin, y ese fin es el llevar a las personas a Cristo.

Estar preparados para compartir

“…sus vidas ejemplares atraerán el interés de sus amigos y vecinos. Estén preparados para responder a quienes les pregunten por qué viven como lo hacen. Estén preparados para explicar la razón de la esperanza que ven en ustedes [véase 1 Pedro 3:15]. Cuando les hagan esas preguntas quizás podrían responder diciendo: ‘¡Vamos a preguntarles a los misioneros, ellos pueden ayudarnos!’”.

Élder Russell M. Nelson, del Quórum de los Doce Apóstoles, “Súbanse a la ola”, Liahona, mayo de 2013, pág. 45.

Centrados en el objetivo misional

Consideren algunos ejemplos de lo que sucede cuando nuestros esfuerzos por compartir el Evangelio se centran en el objetivo misional:

  1. 1.

    Enseñaremos a las personas de forma que las ayude a comprender verdaderamente el Evangelio y el por qué y cómo se deben arrepentir. Escucharemos lo que esté en la mente y en el corazón del investigador y actuaremos de acuerdo con ello.

  2. 2.

    Procuraremos tener el Espíritu Santo y escucharemos con atención para discernir quién está sintiendo el Espíritu a medida que hablamos.

  3. 3.

    El planificar —como familias, en consejos de barrio y con los misioneros de tiempo completo— se convertirá en una herramienta a fin de asegurar que lo que debe ocurrir para llevar a cabo la conversión y el bautismo de cada investigador en verdad se determine, se recuerde y se le dé seguimiento.

  4. 4.

    Nos regocijaremos en la oportunidad de deleitarnos en la palabra de Dios, ya que nuestro estudio tendrá un objetivo. Estaremos buscando respuestas a los interrogantes que llevan en el alma nuestros investigadores, así como a los nuestros.

  5. 5.

    Invitaremos a las personas a asistir a las reuniones de la Iglesia, no simplemente porque creamos que eso es lo que se supone que debemos hacer, sino también porque comprendemos que el participar en las actividades de la Iglesia es esencial a fin de que al investigador le nazca el deseo más firme de bautizarse y de establecer un fundamento para perseverar hasta el fin en el convenio del Evangelio. Con ese propósito sublime en mente, la invitación de asistir a la Iglesia cobrará mayor urgencia, la explicación que demos de la importancia de la adoración en el día de reposo y de qué esperar en un servicio Santo de los Últimos Días será diferente, y el espíritu que acompañe a nuestras palabras tendrá un poder convincente que de otro modo no estaría presente.

Asimilar y comprender

Por favor no dejen de considerar el capítulo 1 de Predicad Mi Evangelio y su interrogante: “¿Cuál es mi objetivo como misionero?”. Asimilen el objetivo de llevar a las personas a Cristo mediante los principios y las ordenanzas del Evangelio restaurado, y entenderán que compartir el Evangelio no es un programa, es una causa: la causa del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Asimilen el objetivo de invitar a las personas a venir a Cristo y entenderán que el mundo no tiene acceso a la gracia expiatoria y a la salvación excepto mediante La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Entenderán lo que significa compartir el Evangelio, y se mantendrán ocupados en los asuntos del Padre. Sabrán que los misioneros de tiempo completo, tal como lo hicieron los hijos de Mosíah, enseñan “con poder y autoridad de Dios” (Alma 17:3), y ustedes los invitarán a que enseñen el Evangelio a aquellos a quienes ya les han extendido la invitación de “venir y ver” (véase Juan 1:39).

Nuestra invitación: Venid a Cristo

Para mí, el objetivo misional capta la majestuosidad de la obra y la gloria de Dios (véase Moisés 1:39). ¿Qué otro empeño es más sublime que el de llevar a los hijos de Dios a la salvación final mediante la gracia de su Redentor, el Señor Jesucristo? Tengan presente que nuestro objetivo misional no sólo es advertir a los demás, sino también salvarlos; no sólo enseñarles, sino también bautizarlos; no sólo llevar a las personas a Cristo, sino también hacer que se aferren a Cristo hasta el fin.

Nuestra invitación al mundo es que vengan a Cristo. Venir a Cristo es una abreviación, un modo de describir en tres palabras el Plan de Salvación. Significa obtener los frutos de Su expiación y Su resurrección; en última instancia, la vida eterna. La vida eterna depende del uso de nuestro albedrío moral, pero únicamente es posible mediante la gracia de Jesucristo. Venir a Él significa hacer lo necesario para obtener los beneficios de esa gracia: el poder absolutorio, santificador, transformador y redentor de Su sacrificio infinito y expiatorio.

En el Libro de Mormón, Jesús mismo expresó mejor lo que son estas buenas nuevas, el Evangelio:

“He aquí, os he dado mi evangelio, y éste es el evangelio que os he dado: que vine al mundo a cumplir la voluntad de mi Padre, porque mi Padre me envió.

“Y mi Padre me envió para que fuese levantado sobre la cruz; y que después de ser levantado sobre la cruz, pudiese atraer a mí mismo a todos los hombres, para que así como he sido levantado por los hombres, así también los hombres sean levantados por el Padre, para comparecer ante mí, para ser juzgados por sus obras, ya fueren buenas o malas;

“y por esta razón he sido levantado; por consiguiente, de acuerdo con el poder del Padre, atraeré a mí mismo a todos los hombres, para que sean juzgados según sus obras” (3 Nefi 27:13–15).

Buenas nuevas y buenas noticias

Por tanto, el fundamento del Evangelio, o las buenas nuevas, es que tenemos un Padre Celestial que, debido a Su amor por nosotros, envió a Su Hijo Unigénito a redimirnos del pecado y de la muerte. El Hijo, en obediencia perfecta al Padre, a quien Él da la gloria, ofreció Su vida para ese fin; Él nos compró con Su sangre, y a Él le debemos nuestra vida (véase 1 Corintios 6:19–20). Él es ahora nuestro Juez; Él personifica la justicia.

El mensaje de las buenas nuevas del Evangelio declara, además, que debido a Su sacrificio expiatorio, Jesús personifica la misericordia. Su misericordia, méritos y gracia son suficientes para perdonarnos y purificarnos a fin de que en el día del juicio comparezcamos santos y sin mancha ante Él. (Véase 2 Nefi 2:8; Moroni 10:32–33.)

El objetivo misional en Predicad Mi Evangelio explica lo que se debe hacer para que esto suceda. Como allí se expone, el ser perdonados y purificados requiere “fe en Jesucristo y Su expiación, el arrepentimiento, el bautismo, la recepción del don del Espíritu Santo y el perseverar hasta el fin”2.

Además, en 3 Nefi 27, el Salvador concluye Su declaración sobre lo que constituye Su evangelio:

“Y sucederá que cualquiera que se arrepienta y se bautice en mi nombre, será lleno; y si persevera hasta el fin, he aquí, yo lo tendré por inocente ante mi Padre el día en que me presente para juzgar al mundo…

“Y nada impuro puede entrar en su reino; por tanto, nada entra en su reposo, sino aquellos que han lavado sus vestidos en mi sangre, mediante su fe, y el arrepentimiento de todos sus pecados y su fidelidad hasta el fin.

“Y éste es el mandamiento: Arrepentíos, todos vosotros, extremos de la tierra, y venid a mí y sed bautizados en mi nombre, para que seáis santificados por la recepción del Espíritu Santo, a fin de que en el postrer día os presentéis ante mí sin mancha.

“En verdad, en verdad os digo que éste es mi evangelio” (3 Nefi 27:16, 19–21).

Fe y compromiso

Al compartir nuestro testimonio del Evangelio mediante el Espíritu, aquellos que estén dispuestos a oír recibirán suficiente atestación para empezar a tener fe en Jesucristo y en Su expiación. Esa fe les dará la fuerza de voluntad para arrepentirse; y, una vez más, por medio del Espíritu, los miembros y los misioneros de tiempo completo pueden enseñarles qué cambios necesitan llevar a cabo, invitarlos a actuar y comprometerlos a hacerlo. El compromiso máximo que invitamos al investigador a que acepte y que lleve a cabo es el bautismo por agua. A ese bautismo lo sigue, o mejor dicho, lo finaliza la recepción del Espíritu Santo, lo que trae la remisión de los pecados así como la santificación (véase 2 Nefi 31:17).

Esa condición de comparecer justificados y sin mancha ante el Señor se puede preservar durante toda la vida si uno continúa viviendo por la fe, arrepintiéndose según sea necesario y revitalizando las promesas bautismales; a eso llamamos perseverar hasta el fin. Aquellos que perseveren hasta el fin no tendrán miedo de ser juzgados según sus obras, ya que habrán sido las obras de fe, arrepentimiento y bautismo de agua y del Espíritu.

Los primeros principios en primer lugar

Las palabras de Hyrum Smith que se encuentran en Predicad Mi Evangelio son profundas: “Prediquen los primeros principios del Evangelio; predíquenlos una y otra vez: encontrarán que día tras día se les revelarán nuevos conceptos y luz adicional. Ustedes podrán estudiarlos más a fondo a fin de comprenderlos claramente, y entonces podrán impartirlos de tal manera que sean más claros para las personas a las que [ustedes] enseñen”3.

En esta declaración, Hyrum Smith, el patriarca, está explicando que esos primeros principios, el núcleo del Evangelio, no se comprenden en su totalidad con un solo repaso. Con el tiempo, y en diversas experiencias reveladoras, se recibirán luz adicional y conocimiento más profundo.

A medida que los miembros expresen su testimonio y pidan a los misioneros de tiempo completo que los ayuden y enseñen el Evangelio, recuerden que una mayor comprensión del Evangelio no sólo proviene del estudio, sino también de compartirlo. Si estudiamos, nos preparamos y compartimos los principios del Evangelio mediante el Espíritu, haremos “que sean más claros”, y el Espíritu instruirá y testificará a todos los que participen: miembros, misioneros e investigadores por igual.

Participar en la obra de salvación

Descubra cómo puede ayudar personalmente con los esfuerzos de conversión, retención y activación en hasteningthework.lds.org.

Encuentre información adicional sobre el gozo de compartir el Evangelio en lds.org/topics/missionary-work/change, y aprenda a compartir el Evangelio en línea en lds.org/church/share.

El porqué, el qué y el cómo

El porqué, el qué y el cómo de la obra misional se proclaman de manera más convincente en el Libro de Mormón que en cualquier otro lugar; está repleto de ejemplos de aquellos que comprendieron el objetivo misional y se esforzaron por llevarlo a cabo; contiene representaciones más claras de las doctrinas fundamentales que debemos enseñar que cualquier otro libro de Escritura; conlleva un espíritu que convierte y un testimonio de la veracidad de esas mismas doctrinas; convertirá a todo el que lo lea y ore en cuanto a él con un corazón sincero y con verdadera intención (véase Moroni 10:3–5).

El Libro de Mormón representa a Jesucristo en Su verdadero carácter como Hijo de Dios y el Santo Mesías; inspira fe en Él y lleva a las personas a Cristo. Estamos eternamente agradecidos a sus autores y al profeta José Smith por traducirlo mediante el don y el poder de Dios.

Testifico que, así como el Señor vive, el Libro de Mormón es verdadero; su testimonio de Jesucristo es verdadero; su traductor, José Smith, es el gran Profeta de la Restauración. Aprendan del Libro de Mormón, estúdienlo, utilícenlo para enseñar, ámenlo y actúen de acuerdo con sus enseñanzas y llegarán a saber la razón por la cual compartimos el Evangelio, y que es nuestro privilegio y nuestro deber invitar a las demás personas a venir a Cristo.

Trabajar como si fuésemos uno

Los miembros y los misioneros pueden verse a sí mismos en la obra a medida que viven el Evangelio con gozo e invitan a otras personas a participar en actividades, servicios religiosos de la Iglesia y otros eventos.

El élder Neil L. Andersen, del Quórum de los Doce Apóstoles, ha dicho: “Todos estamos juntos en esto. Con los demás miembros y misioneros del barrio, planeamos, oramos y nos ayudamos unos a otros. Por favor, siempre piensen y oren por los misioneros de tiempo completo. Confíenles a sus familiares y amigos. El Señor confía en ellos y los ha llamado a enseñar y a bendecir a los que lo busquen a Él” (“Es un milagro”, Liahona, mayo de 2013, pág. 79).

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    Notas

  1.   1.

    Predicad Mi Evangelio: Una guía para el servicio misional, 2004, pág. 1.

  2.   2.

    Predicad Mi Evangelio, pág. 1.

  3.   3.

    Predicad Mi Evangelio, pág. 6.