Las normas y las amistades

Desde que asisto a la escuela, he tenido amigos que no han entendido las normas morales de nuestra religión. Al principio era difícil, pero, con el tiempo, se han acostumbrado a la idea de que yo me mantendré moralmente limpia. En la vida, establecí la meta de ser limpia y pura, y todo ha resultado bien, tanto para mí como para aquellos que solían criticarme. Con el paso del tiempo, hemos logrado tener respeto, paz y felicidad en nuestro afectuoso grupo de amigos.

Vitória M., Brasil

Perdonar a mis amigos

Puesto que soy el único miembro de la Iglesia entre mis compañeros, ha habido ocasiones en las que mis amigos me han ofendido. A veces juzgan y critican mi religión y me siento muy solo; sin embargo, estoy agradecido por conocer las normas de la Iglesia.

Si mis amigos me ofenden, trato de ser humilde y evitar la contención, pues sé que la contención es mala. Cuando comienzan a discutir sobre asuntos de la Iglesia, simplemente testifico de mi convicción en el Evangelio.

Siempre perdono a mis amigos, ya sea que se disculpen o no. El perdonar no es simplemente decir que aceptamos la disculpa o que todo está bien, ya que el perdón tiene un significado profundo: Jesucristo expió nuestros pecados para que el Padre Celestial nos pueda perdonar.

Aun cuando mis amigos no comprenden mi religión por el momento, sé que puedo ser un instrumento de Dios para enseñarles el Evangelio; los estoy ayudando a ellos, y al mismo tiempo me estoy ayudando a mí mismo a crecer espiritualmente y a prepararme para servir en una misión.

Joshua V., Filipinas

UNO de mis pasajes de Escritura preferidos

Nuestro Padre Celestial se vale de “cosas pequeñas y sencillas” (Alma 37:6) para adelantar Su obra. José Smith no era una persona importante ante los ojos del mundo, pero Dios lo utilizó para restaurar la Iglesia; y fue una cosa sencilla la que condujo a la Restauración: una oración. ¿Piensas que eres demasiado insignificante para trabajar en la viña del Señor? Ser un buen ejemplo puede ayudar a tu vecino a llegar a ser miembro de la Iglesia. Dios no necesita personalidades importantes, sólo necesita personas que sean fieles y obedientes.

Ronick R., Haití