Las verdades que más vale la pena conocer

De un discurso pronunciado en un devocional de la Universidad Brigham Young el 6 de noviembre de 2011. Para el texto completo en inglés vaya a speeches.byu.edu


Boyd K. Packer
Si han tropezado o se han extraviado por algún tiempo, pueden avanzar con fe y dejar de ir de aquí para allá en el mundo.

El coleccionar o ver pornografía es como llevar una serpiente de cascabel en la mochila.

Ilustración fotográfica por PeteSherrard/iStock/Thinkstock y Brenda A. Carson/iStock/Thinkstock.

Algunos jóvenes tienen dudas y están buscando guía; otros se preguntan cómo se alejaron del sendero del Evangelio y cómo pueden regresar. Aunque hablo a todos, me dirijo más intensamente a quienes están en la búsqueda.

Su cuenta espiritual

Todos tenemos una deuda espiritual que se sigue incrementando de una u otra forma. Si la saldan sobre la marcha, tienen poco de qué preocuparse; pronto comienzan a adquirir disciplina y saben que vendrá el día del ajuste de cuentas. Aprendan a pagar su cuenta espiritual a intervalos regulares, en vez de dejar que crezcan los intereses y las multas.

Debido a que esta vida es una prueba, se supone que cometerán errores. Imagino que habrán hecho cosas en la vida de las que se lamentan, de las que no pueden excusarse y menos aún, enmendar; por tanto, llevan una carga. Quizás se sientan inferiores en cuerpo y mente, y estén turbados o apesadumbrados por el peso de una cuenta espiritual que está “vencida”. Cuando se enfrentan a ustedes mismos en los momentos de tranquila meditación (que muchos de nosotros tratamos de evitar), ¿hay cuentas sin saldar que les preocupan?, ¿tienen algún remordimiento?, ¿continúan, de una forma u otra, siendo culpables de algo pequeño o grande?

Con demasiada frecuencia, recibimos cartas de personas que han cometido errores trágicos o llevan sobre sí cargas. Ellas se preguntan: “¿Podré ser perdonado? ¿Podré cambiar alguna vez?”. La respuesta es: ¡Sí! (véase 1 Corintios 10:13).

El arrepentimiento trae alivio

El Evangelio nos enseña que por medio del arrepentimiento nos podemos librar del tormento y del sentimiento de culpa. Salvo aquellos pocos —muy pocos— que después de haber conocido la plenitud optan por la perdición, no existe hábito ni adicción, no hay rebelión, transgresión ni ofensa, grande o pequeña, que esté excluida de la promesa del perdón total. Sea lo que sea que haya pasado en su vida, el Señor ha preparado una forma para que regresen, si escuchan las impresiones del Santo Espíritu.

Algunos sienten un apremio incontenible, una tentación recurrente, que quizás se convierta en hábito y luego en adicción. Tenemos la tendencia a cometer ciertas transgresiones y pecados, y también a justificarnos de que no somos culpables porque hemos nacido así. Quedamos atrapados, y de ahí provienen el dolor y el tormento que sólo el Salvador puede sanar. Ustedes tienen el poder para dejar esos hábitos y ser redimidos.

Una serpiente llamada pornografía

El presidente Marion G. Romney (1897–1988), que fue Primer Consejero de la Primera Presidencia, me dijo una vez: “No les hables sólo para que entiendan, háblales para que no malentiendan”.

Así que, ¡escuchen atentamente! Hablaré claramente, como alguien que ha sido llamado a hacerlo y tiene el deber de hacerlo.

Ustedes viven en una época en que el azote de la pornografía se está extendiendo por el mundo; es difícil eludirlo. La pornografía se enfoca en esa parte de la naturaleza de ustedes que les da el poder de procrear.

Ceder ante la pornografía conduce a problemas, al divorcio, a enfermedades y a dificultades de todo tipo. No hay parte de ella que sea inofensiva. El coleccionar, ver o distribuir pornografía de cualquier forma, es como llevar una serpiente de cascabel en la mochila. Los expone inevitablemente al equivalente espiritual de la mordedura de la serpiente que les inyecta el veneno mortal. En las condiciones del mundo, uno puede comprender con facilidad que ustedes puedan verse expuestos a ella casi inocentemente, verla o leerla sin darse cuenta de las terribles consecuencias de ello. Si ése es el caso, los amonesto a que dejen de hacerlo. ¡Deténganse ya!

El Libro de Mormón enseña que todos “los hombres son suficientemente instruidos para discernir el bien del mal” (2 Nefi 2:5). Eso los incluye a ustedes. Ustedes saben lo que es bueno y lo que es malo; tengan mucho cuidado de no cruzar esa línea.

Si bien la mayoría de las faltas pueden confesarse al Señor en privado, algunas transgresiones requieren más que eso para obtener el perdón. Si sus faltas han sido graves, acudan al obispo. En los demás casos, será suficiente la confesión cotidiana, silenciosa y personal. Pero recuerden que la gran mañana del perdón puede que no venga inmediatamente; si al principio tropiezan, no desistan. El superar el desánimo forma parte de la prueba; no se den por vencidos y, como he aconsejado anteriormente, una vez que hayan confesado y abandonado sus pecados, no miren hacia atrás.

El Señor siempre está allí. Él está dispuesto a sufrir y a pagar la deuda si ustedes están dispuestos a aceptarlo como su Redentor.

El sufrimiento del Salvador por nuestros pecados

Como mortales, quizás no entendamos —y de hecho no podemos entender— completamente cómo Jesucristo llevó a cabo Su sacrificio expiatorio; pero por ahora el cómo no es tan importante como el porqué de Su sufrimiento. ¿Por qué lo hizo por ustedes, por mí y por toda la humanidad? Lo hizo por amor a Dios, el Padre, y a toda la humanidad. “Nadie tiene mayor amor que éste, que uno ponga su vida por sus amigos” (Juan 15:13).

En Getsemaní, Cristo se apartó de Sus apóstoles para orar. ¡Lo que allí ocurrió supera nuestra capacidad de comprensión! Pero sabemos que llevó a cabo la Expiación. Estuvo dispuesto a tomar sobre Sí las faltas, los pecados y la culpa, las dudas y los temores de todo el mundo. Sufrió por nosotros para que no tengamos que sufrir.

El perdón total es posible

Si han tropezado o se han extraviado por algún tiempo, si sienten que el adversario los tiene cautivos, pueden avanzar con fe y dejar de ir de aquí para allá en el mundo. Hay quienes están prestos para guiarlos de regreso a la paz y a la seguridad. La gracia de Dios, tal como se promete en las Escrituras, viene “después de hacer cuanto podamos” (2 Nefi 25:23). La posibilidad de que eso suceda es, para mí, una de las verdades que más vale la pena conocer.

Les prometo que esa radiante mañana del perdón vendrá; entonces “la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento” (Filipenses 4:7) volverá nuevamente a su vida, como un amanecer, y ustedes y Él, “no se acordarán más de sus pecados” (Jeremías 31:34). ¿Cómo sabrán que han sido perdonados? ¡Les aseguro que lo sabrán! (véase Mosíah 4:1–3).

Esto es lo que he venido a enseñar a quienes estén en dificultades. Él intervendrá y resolverá el problema que ustedes no puedan resolver, pero ustedes deben pagar el precio; si no lo hacen, no sucederá. Él es un líder sumamente bondadoso, en el sentido de que siempre pagará el precio necesario; pero desea que ustedes hagan lo que deben hacer, aunque sea doloroso.

Amo al Señor, y amo al Padre que lo envió. Podemos poner ante Él nuestras cargas de la desilusión, el pecado y la culpa, y bajo Sus generosas condiciones, cada monto de la cuenta se puede marcar como “pagado completamente” (véase Isaías 1:18–19).

Vivan con fidelidad y permanezcan dignos

Les prometo que esa radiante mañana del perdón vendrá.

El pasaje “aprende sabiduría en tu juventud; sí, aprende en tu juventud a guardar los mandamientos de Dios” (Alma 37:35) es una invitación acompañada de la promesa de paz y protección contra el adversario. (Véase también 1 Timoteo 4:12.)

No esperen que todo transcurra sin obstáculos en la vida. Aun para los que viven como deben, a veces será todo lo contrario. Enfrenten cada dificultad de la vida con optimismo y confianza, y tendrán la paz y la fe que los sostendrá ahora y en el futuro.

A aquellos que aún no tienen todas las bendiciones que piensan que quieren y que necesitan, creo firmemente que a ustedes, los que vivan fielmente, no se les negará ninguna experiencia ni oportunidad que sea esencial para la redención y la salvación. Permanezcan dignos; tengan esperanza, sean pacientes y persistan en la oración. Las cosas de alguna manera se solucionan. El don del Espíritu Santo los guiará y dirigirá sus acciones.

Los conozco, jóvenes de la Iglesia, y entiendo que no son perfectos, pero están avanzando por ese sendero. Tengan valor; sepan que toda persona que tiene un cuerpo tiene poder sobre los que no lo tienen1. A Satanás se le ha negado tener un cuerpo; así que, cuando afronten tentaciones, sepan que pueden superar todas esas tentaciones si ejercen el albedrío que se le dio a Adán y a Eva en el jardín, y que se ha transmitido hasta esta generación.

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    Nota

  1.   1.

    Véase Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, 2007, pág. 222.