El tesoro del testimonio

El autor vive en Amazonas, Brasil.

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¿Qué tipo de tesoro crece cuando lo compartes?

“Y ahora sé por mí mismo… porque el Señor Dios me las ha manifestado por su Santo Espíritu” (Alma 5:46).

Sabrina observó a su mamá caminar a la puerta con sus vecinos. “Gracias por el libro”, dijo el padre, quien sostenía en las manos un Libro de Mormón.

“Mami, ¿por qué le hablas de la Iglesia a todo el mundo?”, preguntó Sabrina más tarde mientras lavaban juntas los platos.

“Es porque mi testimonio de la Iglesia es como un tesoro”, dijo la mamá. “Me hace feliz, y quiero compartirlo con otras personas para que también las haga felices”.

Sabrina se imaginó el collar brillante de su mamá dentro del joyero. “¿Qué quieres decir con que es como un tesoro?”.

“Bueno, un testimonio es muy valioso”, dijo la mamá. “Es un regalo del Padre Celestial que nos ayuda a saber lo que es verdad”.

“¿Cómo lo obtuviste?”. Sabrina quería saber.

La mamá le pasó a Sabrina un plato limpio y brillante para que lo secara. “Lo obtuve poco a poco. Cuando oro o leo las Escrituras, siento paz y calidez en mi interior. Es como añadir a mi tesoro del testimonio”.

Sabrina asintió lentamente. ¿Podría ella obtener un testimonio?

El domingo, la maestra de la Primaria de Sabrina contó un relato acerca de Jesucristo. Sabrina escuchó atentamente. La hermana López dijo que Jesús invitó a todos los niños a venir a Él; los bendijo y les enseñó. Cuando Sabrina pensó en Jesús, comenzó a sentir calidez en el corazón.

Sabrina se dio prisa para encontrar a su mamá después de la Primaria. “Mamá, ¿sabes qué?” Le contó a su mamá sobre el sentimiento de calidez.

“Qué hermoso”, dijo la mamá. “Tenemos ese sentimiento cuando el Espíritu Santo nos toca el corazón y nos hace saber que el Evangelio es verdadero”.

Sabrina le sonrió a la mamá. “¡Eso es lo que sucedió! Me hizo sentir feliz por dentro”. El Espíritu Santo había sido tan silencioso que Sabrina sabía que no lo habría notado si no hubiera sido reverente.

La mamá la abrazó fuerte. “Ahora estás obteniendo tu propio tesoro del testimonio”. Sabrina le devolvió el abrazo a la mamá. Ella quería compartir su tesoro con todo el mundo, ¡igual que su mamá! ¿Pero cómo podía hacerlo?

Esa noche, Sabrina encontró una tarjeta de obsequio con una imagen de Jesucristo en el frente, y la colocó en su mochila.

Al día siguiente, cuando era la hora del recreo, Sabrina recordó la tarjeta; la sacó y fue a encontrar a su amiga Carla. “Toma, Carla, esto es para ti”, dijo Sabrina.

Carla sujetó la tarjeta. “¡Gracias! Me encantan las imágenes de Jesús”.

Sabrina le mostró a Carla la dirección del sitio web en la parte de atrás. “Puedes aprender más en cuanto a la Iglesia de Jesús aquí”.

“¿Qué Iglesia es esa?”, preguntó Carla.

“La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días”, dijo Sabrina. “Ir a la Iglesia y aprender acerca de Jesús me hace feliz”.

Carla se puso la tarjeta en el bolsillo. “Le voy a mostrar esta tarjeta a mi mamá”.

Unas semanas después, Carla se acercó corriendo a Sabrina antes de clase. “¡Te tengo que contar una cosa!”, le dijo. Tenía una gran sonrisa en la cara.

Sabrina estaba entusiasmada. ¿Qué podía ser? Carla sonrió. “¡Mi familia fue a tu Iglesia! Y fue como tú dijiste, me sentí feliz allí”.

“¡Sabía que sentirías el Espíritu Santo!”, dijo Sabrina.

“Y creo que nos vamos a bautizar pronto”.

Sabrina se puso de pie de un salto y abrazó a Carla. ¡Ahora podían compartir juntas su tesoro del testimonio!

Élder Craig C. Christensen

“Ahora es el momento y hoy es el día para aprender… que el Evangelio es verdadero”.

Élder Craig C. Christensen, de la Presidencia de los Setenta, “Sé estas cosas por mí mismo”, Liahona, noviembre de 2014, pág. 52.