Ilustración por Allen Garns.

Mientras prestaba servicio como Presidente de la Misión Guatemala Ciudad de Guatemala, recibimos a varios misioneros de tiempo completo nuevos. Al presentarme a esos misioneros, les conté la historia de mi conversión y mi bautismo.

Les relaté que el élder David Tree y el élder Wayne Matthews me habían enseñado el Evangelio cuando tenía nueve años y vivía en Glendive, Montana, EE. UU. Los dos misioneros y un miembro de la Rama Glendive me llevaron a Williston, Dakota del Norte, EE. UU., un frío día de invierno en 1957 a fin de que me bautizaran en la pila de una de las capillas de ese lugar.

Después de contarles mi historia y al estar entrevistando a los nuevos misioneros, uno de ellos, el élder Benjamin Pixton, me dijo que David Tree era su abuelo. ¡Qué sorpresa tan maravillosa! El élder Tree había bautizado a un niño de nueve años en Glendive, Montana, y casi cincuenta años después, ese niño fue llamado como presidente de misión de su nieto.

Cuando los padres y los abuelos del élder Pixton fueron a recogerlo al final de su misión, tuve el privilegio de volver a ver a David Tree. Durante nuestra visita, le mostré el Libro de Mormón en el que él había escrito un mensaje y una promesa, y que me había obsequiado el día de mi bautismo.

La madre del élder Pixton le dijo a su hijo que su padre no había hablado mucho acerca de su misión; pensaba que no había tenido mucho éxito porque solo había bautizado a dos personas: a una mujer soltera y a un niño de nueve años.

Con gratitud le dije que a causa de sus esfuerzos, con el tiempo, el resto de mi familia se había unido a la Iglesia y que mi hermano y yo, junto con nuestros nueve hijos, habíamos servido en misiones de tiempo completo. Le dije que a causa de su servicio misional, se había enseñado el Evangelio a infinidad de personas que se habían unido a la Iglesia.

Muchos buenos y dedicados poseedores del sacerdocio cuidaron de mí durante los años de mi niñez y adolescencia, y los primeros de ellos fueron el élder Tree y su compañero, el élder Matthews. Siempre estaré agradecido de que me hayan enseñado el evangelio de Jesucristo y de que me llevaran al Reino del Señor, donde Él me ha dado bendiciones inconmensurables.