Orar con verdadera intención

Carlos Rene Romero

Carlos René Romero, El Salvador

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En 1960 conocí, en una fiesta, a un joven que me dijo que Jesucristo había visitado las Américas después de Su resurrección. La idea me pareció fascinante y deseaba saber más, de modo que empecé a investigar en bibliotecas y averiguar en varias denominaciones religiosas de mi localidad de San Miguel, El Salvador.

Investigué durante casi tres años, pero no encontré nada. Cuando les mencionaba a líderes religiosos que había oído que Cristo había venido al continente americano, me dijeron que me habían engañado. Debido a que con la búsqueda no había logrado ninguna información, finalmente llegué a creer que tenían razón.

Un día, dos misioneros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días fueron a mi casa y dijeron que tenían un mensaje importante para mi familia. De inmediato les pregunté: “¿Saben si Jesucristo vino a las Américas?”.

Uno de ellos dijo: “Damos testimonio de ello”.

En ese momento sentí una enorme emoción en la mente y en el corazón, y pregunté: “¿Cómo lo sabe?”.

Sacó un libro de su mochila y dijo: “Sabemos que Cristo vino a causa de este libro, el Libro de Mormón”.

Lo que los misioneros me enseñaron durante la primera lección me inquietó, y dudé del relato de la visión del Profeta José sobre el Padre y el Hijo.

Sin embargo, el Libro de Mormón me intrigaba, y los misioneros continuaron enseñándome. Una tarde, me preguntaron: “¿Ha orado para saber si lo que estamos enseñándole es verdadero?”.

Les dije que lo había hecho, pero que no había obtenido ninguna respuesta.

“Debe orar con verdadera intención”, dijeron.

Había estado leyendo el Libro de Mormón durante varias noches; había leído sobre la aparición de Cristo a los nefitas, y lo creía; pero aún no podía aceptar la visión de José Smith. Mi lucha interior era terrible.

Una noche me arrodillé y abrí mi corazón al Señor. Le dije que necesitaba saber si en realidad Él se había manifestado a José Smith, y si así era, le prometí que me bautizaría en la Iglesia y le serviría toda mi vida.

Al levantarme a la mañana siguiente, recibí la respuesta mediante el Espíritu Santo. La mente se me despejó y sentí paz en el corazón. A partir de ese momento, no he tenido ninguna duda de que José Smith fue en verdad un profeta de Dios, que el Libro de Mormón es otro testamento de Jesucristo, y que Jesucristo es nuestro Salvador y Redentor. Sé que Cristo vino a las Américas después de Su resurrección. Mi alma se deleita en ese maravilloso conocimiento que se me enseñó mediante el poder del Espíritu Santo.