Ilustración por Allen Garns.

Al contestar el teléfono, oí la voz emocionada de uno de los misioneros locales de tiempo completo que me decía acerca de un bautismo que se llevaría a cabo en unos días. Naturalmente, los bautismos son siempre razón para que los misioneros sientan emoción, pero el nombre de la hermana que se iba a bautizar no me era conocido. Sin embargo, el élder insistió en que asistiera al bautismo porque me esperaba una sorpresa, y no quiso decirme nada más.

El día del bautismo llegué temprano a la capilla para averiguar de qué se trataba la sorpresa, pero no conocía a Alice, la hermana joven que se iba a bautizar, y ella no dio ninguna indicación de que me reconociera.

Después del dulce bautismo en el que se sintió el Espíritu, Alice sostuvo en la mano un Libro de Mormón mientras daba testimonio de su veracidad y expresaba gratitud por sus enseñanzas, en especial el que testificara del Salvador. En el testimonio que expresó, relató la manera en que el libro había llegado a sus manos. Había estado trabajando en un negocio ubicado en un centro comercial. Un día, una mujer pasó por allí y le obsequió el libro a su jefe. Él no estaba interesado en el libro, así que lo dejo en un estante.

Un tiempo después, cuando el negocio iba a cerrar, el jefe le dijo a Alice que tirara el libro a la basura. Alice sintió curiosidad, miró brevemente el libro y preguntó si podía quedarse con él.

Alice se llevó el Libro de Mormón a su casa, lo leyó en unas semanas y se convenció de su veracidad; pero no sabía qué hacer. Unos meses después encontró otro empleo, en el que trabajó con un Santo de los Últimos Días. Ella le preguntó sobre el Libro de Mormón y la Iglesia, y él y su esposa la invitaron a reunirse con los misioneros.

Entonces la joven hermana dijo que le gustaría leer el testimonio que estaba escrito en el frente de su Libro de Mormón. El testimonio era mío; lo había puesto allí antes de obsequiárselo al jefe de Alice.

Los élderes desplegaron sonrisas de alegría. ¡Esa fue la sorpresa más hermosa de mi vida hasta entonces! Después del servicio bautismal, mi nueva hermana en el Evangelio se apresuró a darme un abrazo.

Me encantó presenciar el bautismo de Alice y oír su humilde testimonio, el cual obtuvo al leer el Libro de Mormón y orar tal como lo aconseja Moroni: “… y si pedís con un corazón sincero, con verdadera intención, teniendo fe en Cristo, él os manifestará la verdad de ellas” (Moroni 10:4).

Me embarga una profunda gratitud de que se me permitiera tomar una pequeña parte en ayudar a una de las hijas de Dios a recibir las bendiciones del evangelio de Jesucristo.