Una perla de verdad

La autora vive en Utah, EE. UU.

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Jetta quería tocar el piano, pero, ¿podría dejar a su familia?

“Por medio de cosas pequeñas y sencillas se realizan grandes cosas” (Alma 37:6).

Jetta Pearl Stewart se quitó el sombrero y se sentó en el porche junto a su padre. “¿Qué es una perla?”, le preguntó.

Jetta, que tenía ocho años, sabía lo que era una perla, pero le encantaba oír la respuesta de su padre. Como siempre, el padre explicó que las perlas crecen en las ostras, una capa tras otra, hasta que se convierten en una joya reluciente y brillante.

“Las perlas brillan como tú, mi pequeña Jetta Pearl”, dijo sonriendo [Pearl significa perla en inglés]. Jetta le devolvió la sonrisa. Le gustaba ser su perla.

Esa noche, durante la cena, el padre le dijo a Jetta que le quería hacer una pregunta importante.

“Desde que eras pequeña, has tenido un talento especial para la música”, le dijo sonriendo. “¿Te gustaría aprender a tocar el piano?”.

Jetta abrió los ojos. “¡Sí!”.

“Eso significa que tendrías que viajar lejos y quedarte con tu maestra un tiempo”, dijo la madre. “No hay nadie aquí en Milburn que te pueda enseñar”.

La sonrisa de Jetta se desvaneció; nunca había estado lejos de su familia durante más de un día; y estar tan lejos…

“Pero es importante que desarrollemos nuestros talentos, aun cuando es difícil”, dijo el padre.

La madre asintió. “Debes trabajar arduamente”, le dijo.

A Jetta le encantaba la música y siempre había querido tocar el piano. Lentamente, le comenzó a aparecer una sonrisa en la cara. “¡Voy a tocar el piano!”.

Pero la siguiente mañana, mientras Jetta veía a su padre alistar los caballos en el carromato, no se sentía entusiasmada para nada. Hoy solo estaba asustada; no había esperado irse de casa tan pronto.

Lentamente, Jetta se subió al carromato junto a su padre.

“¿Estás lista, Jetta Pearl?”, le dijo.

No se sentía lista, pero Jetta asintió. El carromato se puso en marcha.

Después de un tiempo, el padre la miró. “¿Sabes lo orgullosos que estamos tu madre y yo de ti?”.

Jetta asintió. “Pero, ¿qué ocurrirá si necesitan mi ayuda en casa?”.

El padre sonrió. “Seguro que te extrañaremos, pero esta es una manera en la cual solamente tú puedes ayudar. Estarás sirviendo al Padre Celestial y desarrollando los dones que te ha dado”.

No lo había pensado de esa manera. ¿Podía su talento musical ser un don del Padre Celestial?

El padre continuó. “Tomará tiempo, pero poco a poco tocarás mejor el piano, y entonces podrás servir a muchas personas”.

Jetta sintió que el miedo se desvanecía. Iba a aprender a tocar el piano y servir al Padre Celestial. Sería intimidante, pero sabía que Él la ayudaría.

El padre le guiñó el ojo. “Una capa tras otra, mi pequeña perla se está volviendo reluciente y brillante”.

Tal como dijo su padre, poco a poco Jetta aprendió a tocar el piano; incluso aprendió a tocar el órgano.

Después de unos pocos meses, Jetta regresó a casa. Ese domingo, ¡ella fue la primera organista de Milburn! El corazón le palpitaba al sentarse frente al enorme órgano que la comunidad había trabajado para comprar para que ella pudiera tocar. Era tan hermoso que Jetta casi tenía miedo de tocarlo. Tuvo que sentarse sobre un libro para alcanzar las teclas.

Respiró hondo y comenzó a tocar. Las notas volaron por toda la habitación, profundas y hermosas.

Jetta echó un vistazo a la congregación. Las personas sonreían mientras cantaban, y Jetta también sonreía. No tocaba perfectamente, pero estaba usando sus talentos para servir.

Recordó las palabras de su padre: “Las perlas brillan como tú, Jetta Pearl”.

Poco a poco, capa a capa, el Padre Celestial la estaba convirtiendo en una perla de verdad.