Una vez, había un rey bueno llamado el rey Benjamín. Él enseñó a su pueblo a seguir a Dios para que pudieran tener paz.

El rey Benjamín estaba envejeciendo, de modo que dio a su hijo Mosíah las Escrituras y la brújula llamada Liahona. Quería que cuidara bien de esas cosas importantes.

El rey Benjamín quiso hablar con el pueblo antes de morir. Les pidió que fueran al templo

y llegó gente de todas partes de la tierra. Armaron sus tiendas con su familia. ¿Qué les diría el rey?

La gente miró hacia arriba y vieron al rey subido en una torre. Entonces el rey comenzó a hablar.

El rey Benjamín le dijo al pueblo lo que el Padre Celestial quería que supieran. Les habló de Jesucristo; les dijo que cumplieran con los mandamientos y que ayudaran a otras personas. Entonces se los llamaría los seguidores de Cristo y podrían volver a vivir con el Padre Celestial.

Hoy en día, nuestro profeta nos enseña lo que el Padre Celestial quiere que hagamos para poder vivir de nuevo con Él.